La equidad de género en la educación media superior y superior

La equidad de género en la educación media superior y superior
Nota publicada por Ruth Padilla Muñoz en la Gaceta UdeG Nº 756 (Agosto 2013)

El inicio de un nuevo ciclo escolar brinda un momento oportuno para reflexionar sobre lo que ocurre con la capacidad del sistema educativo para albergar a todos aquellos que quieren realizar estudios en el nivel medio superior y superior, tema que forma parte de la preocupación permanente de la sociedad en general y de la Universidad de Guadalajara en particular. Si bien la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece en su artículo tercero que todo individuo tiene derecho a recibir educación y que el Estado garantizará la calidad de la educación obligatoria (que actualmente abarca preescolar, primaria, secundaria y la media superior), lo cierto es que  falta camino por recorrer para cumplir con el precepto constitucional.

Como lo reporta la SEP, cubrir al cien por ciento la demanda de la educación básica es una meta prácticamente lograda, lo cual significa que ahora los esfuerzos, las estrategias y  los recursos deberán ser enfocados a incrementar los lugares disponibles en los siguientes niveles educativos, tanto para los jóvenes que buscan  una oportunidad para continuar su formación al egresar de la secundaria, como para aquellos que en su momento  no contaron con la posibilidad de cursar el bachillerato o los estudios universitarios y desean hacerlo.

De acuerdo con la estadística publicada por la SEP1, en la educación básica están inscritos 25 millones 782 mil alumnos, con una  matrícula prácticamente paritaria entre los géneros (50.8 por ciento hombres y 49.2 por ciento mujeres); con relación a las cifras del nivel medio superior se reportan cuatro millones 333 mil, de los cuales el 49.5 por ciento son hombres y el 50.5 por ciento,  mujeres. En cuanto al nivel superior, la matrícula total asciende a los 3.2 millones de alumnos, entre los cuales también se aprecia una estrecha cercanía en la  distribución, ya que el 50.4 por ciento son hombres mientras que el 49.6 por ciento, mujeres.

En el caso de Jalisco, la misma SEP reporta que alrededor de 265 mil estudiantes cursan alguna de las distintas modalidades existentes en el nivel medio superior. De éstos, el mayor porcentaje de la matrícula  corresponde a las mujeres con un 52 por ciento, mientras que los varones ocupan el 48 por ciento del registro total. En la educación superior las cifras se emparejan, ya que de los más de 200 mil estudiantes inscritos en este nivel, 50.3 por ciento son hombres y 49.7 ciento, mujeres.

Como puede observarse, existe equivalencia en las cifras existentes para los géneros masculino y femenino, lo que para nuestro país es una clara muestra de que al menos en la igualdad de oportunidades para tener acceso a la educación, sí ha existido una evolución positiva, en correspondencia con la tendencia internacional evidenciada en el Atlas mundial de la igualdad de género en la educación2, que reporta que en los últimos 40 años el número de mujeres matriculadas en centros de estudios superiores se ha incrementado casi al doble, en comparación con el de los varones. Si bien hay avances evidentes desde la perspectiva de género, no ocurre  lo mismo con la cobertura global para los niveles educativos superiores, ya que en cuanto al bachillerato, o sus equivalentes, sólo se ha incrementado para llegar al 69 por ciento, y a menos del 30 por ciento en el nivel superior en el ámbito nacional; en cambio, para el nivel básico (primaria y secundaria) dicha cobertura es prácticamente universal.

Es fácil observar que existe un cuello de botella que tendrá que ser modificado si queremos cumplir con el mandato constitucional de ofrecer educación del tipo medio superior para todos los jóvenes mexicanos.

En conclusión: es posible afirmar que nuestro país ha superado la barrera que impedía, hace algunas décadas, el libre y equitativo acceso de las mujeres a los estudios superiores, pero al mismo tiempo se pone en evidencia el largo camino que falta por recorrer para que el cien por ciento de los jóvenes puedan ver en la educación la vía de desarrollo y prosperidad que tanto se presume en el discurso político.

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