Sitios arqueológicos en Jalisco no están abiertos al público

Sitios arqueológicos en Jalisco no están abiertos al público
Por Martha Eva Loera en la Gaceta UdeG Nº 845

Entre los años 1990 y 2000 fueron descubiertos  más  de  130  sitios  arqueológicos ubicados en la cuenca de Sayula que no están abiertos al público. “Los sitios que puede conocer la gente, ubicados en Jalisco, no pasan de 10”, informó Luis Gómez Gastélum, investigador del Centro Universitario de Tonalá (CUTonalá).

Detalló que el Instituto Nacional de Antropología  e  Historia  (INAH)  en  su  página web reconoce tres sitios arqueológicos para

Jalisco. Dos de éstos son el Ixtépete y Guachimontones, y los cataloga como abiertos al público. Otro más, El Grillo, puede ser visitado con solicitud previa al INAH Jalisco.

Hay otros que no figuran en esa lista, pero pueden visitarse, como la zona arqueológica ubicada en Ixtapa, Puerto Vallarta. El  maestro  en  arqueología  y  doctor  en antropología explicó que en Jalisco hay sitios que no pueden abrirse al público por la falta de recursos económicos, métodos adecuados para su conservación y especialistas contratados para su mantenimiento, así como por la escasa conciencia del gobierno y sociedad civil en torno a la importancia cultural que éstos tienen.

Su  conservación  enfrenta  diversas  dificultades.  Muchos  de  los  vestigios  o  ruinas encontrados, como los que hay en el Ixtépete, son de adobe. El agua es uno de los factores  que  pueden  deteriorarlos  por  las  filtraciones. La conservación de dichos sitios implica  encapsularlos,  en  muchas  ocasiones, mientras se encuentra una fórmula que evite su desaparición o destrucción total.

Destacó que la conservación de sitios arqueológicos puede ser costosa: “Nos podríamos acabar tres o cuatro veces el presupuesto completo de cualquier nivel de gobierno buscando conservar un sitio arqueológico y no nos alcanzará”.

Una posibilidad podría ser la construcción de museos en las proximidades, con los adelantos tecnológicos a los que hay acceso, para dar a los visitantes un panorama de lo que pueden encontrar.

Agregó que en el Ixtépete no existe un museo, a pesar de la importancia científica que tienen los vestigios que ahí se encuentran, y además de que este sitio ha enfrentado la presión de la urbanización. “Ha sido rodeado de construcciones y parte del asentamiento humano está destruido”.

La contratación de especialistas

También resaltó la falta de especialistas, problema  que  enfrenta  todo  el  país.  “Cada semestre  hay  una  nueva  generación  de  arqueólogos.  México  tiene  la  capacidad  para generar especialistas, pero no para contratarlos una vez que estos profesionales se han formado”.

De acuerdo al conteo del académico universitario,  hay  en  el  país  de  ocho  a  10  universidades que ofrecen la licenciatura en arqueología y otras cinco que ofrecen los mismos estudios, pero a nivel posgrado.

Expresó que las élites de este país en conjunto con el gobierno federal han decidido que lo importante son las áreas tecnológicas e ingenierías y han dejado a un lado el ámbito social. “Con los gobiernos neoliberales ha ocurrido un desmantelamiento del aparato de estado y de la protección de los derechos sociales. El goce de la cultura es uno de ellos”.

Señaló que la apertura de un sitio arqueológico a la visita pública trae beneficios culturales y educativos, así como beneficios económicos, al recibir visitantes, que ocasionan una derrama económica.

Resaltó la importancia de llevar el conocimiento especializado, incluyendo el arqueológico e histórico, al público. Hace falta armonizar los esfuerzos de los especialistas con aquellos dedicados a la difusión científica para crear conciencia sobre la importancia del patrimonio arqueológico.

Jalisco y su arqueología

Especificó que en Jalisco, algunos de los hallazgos  más  antiguos  datan  de  hace  cinco mil  a  10  mil  años,  de  sociedades  nómadas.

Fueron descubiertos en abrigos rocosos que se encuentran en las sierras que rodean a la cuenca  de  Sayula.  En  cuanto  a  sociedades sedentarias hay hallazgos que datan de mil años antes de nuestra era, en el área de Citala, ubicada en el municipio de Teocuitatlán de Corona.

Las  sociedades  prehispánicas  más  recientes son las que existían en tiempos de la conquista. Muchos de esos sitios no han sido trabajados arqueológicamente, ya que localizarlos podría implicar la afectación de asentamientos coloniales.

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Fósiles de Ammonites son una pista para reconstruir la historia de la vida en la tierra

Fósiles de Ammonites son una pista para reconstruir la historia de la vida en la tierra
Por Noemí Rodríguez González en la Academia Mexicana de Ciencias

Los ammonites, cefalópodos marinos relacionados con los pulpos, los calamares, las sepias y los nautilos, tenían una cocha externa -formada por el mineral aragonita- que les permitió fosilizarse. La doctora Ana Bertha Villaseñor Martínez, del Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), estudia a los ammonites del Jurásico “ya que en ese período estos organismos tuvieron una gran distribución y diversidad, vivieron en diferentes ambientes marinos y tuvieron una evolución rápida, es decir, a lo largo de su historia cambiaron muchas veces, y esto permite saber la edad relativa de las rocas”.

Los ammonites existieron en los mares desde el Devónico, en el Paleozoico, hace unos 400 millones de años, hasta finales del Cretácico, en el Mesozoico, hace 65 millones de años. Estos organismos eran abundantes en los ambientes marinos de aguas someras a profundas, tal fue el caso de los mares que existían en Norteamérica durante el período Jurásico Superior y que pertenecían al antiguo mar de Tethys, que se extendió desde Europa, el norte de África y algunas regiones de Asia.

La paleontología tiene como principal objetivo saber qué organismos vivían en el pasado y en qué ambiente, para ello los investigadores estudian los fósiles de los organismos marinos y continentales, así como las pisadas o alguna otra evidencia de su existencia. En el caso de los ammonites, éstos experimentaron distintos cambios reconocibles a lo largo del tiempo, y por lo tanto son indicadores de la edad relativa de las rocas que se formaron en los hábitats marinos. Además, la comparación de los fósiles de ammonites encontrados en distintas capas de rocas y en diferentes regiones, les puede indicar a los paleontólogos la geografía antigua de los mares. “Los fósiles de los ammonites permiten establecer la edad de las rocas jurásicas con mayor precisión”, dijo la también integrante de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).

El grupo de los ammonites estuvo presente en el ambiente marino con formas diversas, pero en el Pérmico del Paleozoico hubo una gran extinción y en ese momento disminuyó la diversidad de sus poblaciones, pasada esta crisis los ammonites volvieron a diversificarse. En ese momento la constitución del ambiente era diferente de lo que conocemos ahora, pues cuando existió la Pangea, un súper continente que estaba rodeado de mar, los ammonites tenían muchos lugares en los que podían habitar, sin embargo, en el Mesozoico al fragmentarse la Pangea se formaron mares en donde antes no existían y estos organismos comenzaron a habitar en los “nuevos mares”.

Ammonites del Jurásico

Los ammonites del Jurásico eran muy diferentes en abundancia y diversidad a los del Cretácico, ambos de la era Mesozoica; antes de su extinción, los ammonites eran gigantes y la unión de las cámaras de sus conchas empezó a ser más simple, es decir, este grupo fue de lo simple a lo complejo y finalmente a lo simple. Además, las especies de ammonites estaban muy especializadas y vivían sólo en ciertos ambientes, con el impacto del meteorito Chicxulub, en el noroeste de la península de Yucatán, se modificaron todas las condiciones ambientales y los ammonites desaparecieron.

En México, la región de la Sierra Madre está constituida por rocas sedimentarias del Mesozoico y dentro de este período predominan las rocas del Jurásico. En este sentido, los trabajos de la doctora Ana Bertha Villaseñor se basan en los estudios bioestratrigráficos, que tienen como finalidad conocer la edad de las rocas a partir del análisis de los fósiles que contienen, y posteriormente comparar los fósiles de los ammonites con la información de otras partes del mundo, para ver si lo que los investigadores consideran una especie ya ha sido registrada en otros lugares y en qué período.

En cuanto a la conservación del fósil, ésta depende del ambiente en el que vivió y su proceso de fosilización, así, los especialistas utilizan la información de la roca en la que se encuentra y otras características del fósil para reconstruir el ambiente y la vida del pasado. De esta manera, también se puede determinar si una región, de lo que hoy es México, fue un mar en determinada época y cuáles eran sus características, así como saber en dónde existió determinada especie y qué ocurrió en el período en el que vivió. “Si el fósil está conservado en calcita indica que era un ambiente carbonatado, si está conservado en pirita nos habla de un ambiente sin oxígeno”, señaló la paleontóloga y editora del Boletín del Instituto de Geología de la UNAM.

A un fósil se le puede asignar una edad con base en la información de la evolución, en este caso, de las especies de ammonites, pero cuando lo que se quiere es saber algo acerca del ambiente en el que vivió un organismo, al fósil y/o a la roca que lo contiene se le pueden realizar diversos análisis, entre los que se encuentran el de difracción de rayos X para conocer la mineralogía de la roca o el fósil, y la catodoluminiscencia para reconocer si la concha está conservada sin cambios y qué condiciones del ambiente permitieron su conservación.

Los ammonites tenían características particulares de acuerdo con el lugar en el que habitaban, y se puede hablar de ammonites endémicos de México, como el ammonite Mazapilites mexicanum y el bivalvo Lucina potosina, registrados en Zacatecas y San Luis Potosí, respectivamente. Sin embargo, cuando se trata de una especie endémica, a la cual no se puede ubicar en otras regiones, determinar la edad de un fósil o de la roca que lo contiene es complicado.

Descubren en Puebla fósiles de langostas del Cretácico

Descubren en Puebla fósiles de langostas del Cretácico
Por Patricia López en la UNAM Núm. 4, 648

Semiárido y abundante en rocas carbonatadas,  el  pueblo de Santa Ana Texto,  en el  municipio de Tehuacán, Puebla, guarda vestigios de un pasado remoto;  en el  Cretácico temprano, hace unos 120 millones de años, esa región fue mar y sus habitantes moluscos, corales, equinodermos, peces y crustáceos.

En ésta y otras localidades del estado (Zapotitlán Salinas y Juan N. Méndez), científicos de México y España localizaron 102 fósiles de langostas de la especie extinta Meyeria magna, cuya forma asemeja a sus descendientes actuales, pero su tamaño es parecido a un camarón, reveló Oscar González León, alumno de la maestría en Ciencias de la Tierra en el Instituto de Geología y codescubridor del hallazgo.

Especializado en estratigrafía y paleontología, el biólogo dijo que la novedad es que, por primera vez, entre los indicios se incluyen individuos juveniles y no sólo adultos, como los descubiertos en otros países. “Esto nos permite profundizar en estudios sobre el crecimiento de esos organismos”.

Primer registro

En 1995 se reportó en esa área el primer registro de crustáceos, que entonces fue inédito. Dado el tamaño pequeño de las langostas, nombraron a esta especie, igualmente extinta, Meyeria pueblaensis, en honor a la entidad mexicana en que se ubican. Años más tarde, González León y el investigador Francisco Vega Vera, del mismo Instituto, encontraron ejemplares más grandes.

Ahora, en su trabajo de maestría con Josep Anton Moreno Bedmar, también de Geología, “realizamos una indagación más detallada y descubrimos que no se trataba de una especie inédita, sino que analizábamos individuos de una ya descrita. Al comparar los fósiles con otros de morfología semejante hallados en Inglaterra, España y Colombia, resultó que son de la misma especie, Meyeria magna, sólo que nosotros encontramos individuos juveniles, además de adultos”, relató.

Esa presencia permite a los expertos efectuar un análisis morfológico más completo y han caracterizado por primera vez las diferentes fases del crecimiento de las langostas fósiles.

Mientras algunos vestigios se observan como impresiones sobre la roca, con el cuerpo y las patas detalladas, en ciertos casos se percibe incluso el volumen del espécimen, algo que ayuda a tener una idea más clara de su forma y tamaño.

“Con las particularidades del material hicimos una reconstrucción hipotética. Así definimos tres fases de crecimiento, desde los más jóvenes hasta los adultos”.

De mar a tierra árida

Oscar González León explicó que las langostas descubiertas en Inglaterra y España generalmente están en sitios cercanos al mar, mientras que en Puebla los antiguos materiales depositados en el fondo de aquél durante el Cretácico temprano hoy en día están tierra adentro, a mil 840 metros sobre el nivel del mar (msnm), en una región semiárida.

Fue la tectónica terrestre la que generó ese cambio. “El surgimiento de montañas elevó los materiales marinos que contienen los fósiles que encontramos en la actualidad”.

El  sitio  de  la  localización pertenece  a  la  Formación San Juan Raya, tierra poblana abundante en rocas que alternan entre lutitas, areniscas calcáreas y calizas, que se distinguen por la presencia de múltiples fósiles de organismos marinos,  entre ellos, moluscos, corales, equinodermos, peces y crustáceos.

“En ese lugar aún hay mucho por estudiar, pues existen diversos fósiles. En nuestro caso, lo relevante es tener langostas extintas de varias etapas de desarrollo, lo que permite analizar más a fondo sobre su crecimiento y hábitos ecológicos”, finalizó.

Preguntas equivocadas lograron mover la antropología

Preguntas equivocadas lograron mover la antropología
Por Germán Méndez Lugo en el semanario de la UAM Vol. XXI, Núm. 11

La  antropología  y  las  ciencias  sociales lograron moverse en los últimos años no por haber encontrado respuestas nuevas  sino porque  las preguntas  estaban  equivocadas  o habían servido en otra época o podían  ser  formuladas  otras,  explicó el doctor Néstor García Canclini.

El  profesor  del  Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma  Metropolitana  (UAM) cuya obra intelectual constituye una  de  las  propuestas  científicas más  avanzadas  para  interpretar  la cultura latinoamericana en la era de la globalización recurrió al relato al dictar la conferencia magistral ¿Patrimonio o repertorio? Etnografías de la creatividad intercultural.

Al  reflexionar  sobre  las  dificultades de la etnografía mexicana, el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2014 situó la narración en 2030, cuando un arqueólogo chino recibe  una  beca  para  desarrollar  una investigación  posdoctoral  sobre antropología mexicana.

La intención del relato era aumentar  las  preguntas.  “Si  la  antropología  y  las  ciencias  sociales  han logrado moverse en los últimos años ha sido en buena medida no por encontrar  nuevas  respuestas  sino  por darse  cuenta  de  que  las  preguntas estaban equivocadas o habían servido en otra época y cómo es que podían empezar a formularse otras”.

El Profesor Distinguido de la UAM se valió de algunas imágenes para  hacer  verosímil  una  historia ficticia,  ya  que  el  juego  de  construir “lo que creemos real a través de ejercicios de ficción es algo no muy  distinto  a  lo  que  siempre  ha hecho la investigación científica”.

García Canclini habló como parte  del  programa  del Coloquio: La etnografía y los desafíos del México contemporáneo, que se  realizó del seis al diez de octubre en el Museo Nacional de Antropología.

Extraerá el Instituto Nacional de Antropología e Historia el esqueleto más antiguo de América de cenote en Yucatán

Extraerá el Instituto Nacional de Antropología e Historia el esqueleto más antiguo de América de cenote en Yucatán
En Foro Consultivo Científico y Tecnológico

Los científicos que participan de la investigación de Naia, el esqueleto humano más antiguo hasta ahora hallado en el continente americano, planean la delicada tarea de extraerlo del cenote mexicano en que se encuentra, y aseguraron este lunes que este descubrimiento dará trabajo a “muchas generaciones”.

“Vamos a extraer a Naia (a través de) el laboratorio del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH), porque vamos a hacer el proceso de conservación”, informó Pilar Luna, coordinadora del proyecto, durante un encuentro en ciudad de México con la prensa internacional.

La delicada tarea podría concretarse este mismo año y los restos podrían permanecer en un museo de Yucatán, un estado del este de México con costas en el Caribe, donde se realizó el hallazgo, precisó.

Hasta ahora, sólo se extrajo un fragmento de costilla, un molar, así como guano, semillas, fragmentos de espeleotemas y racimos de calcita, lo que permitió determinar que los restos tienen entre 13 mil y 12 mil años de antigüedad y que pertenecieron a una joven de entre 15 y 16 años de origen asiático (Beringio), quien formó parte de las migraciones que llegaron a América desde Siberia.

Esta joven, que vivió en el Pleistoceno Tardío, fue bautizada como Naia tras ser hallada en 2007 por un grupo de espeleobuzos en un cenote de Yucatán ahora llamado Hoyo Negro, ubicado dentro de una cueva que se inundó después de la última glaciación finalizada hace unos 10 mil años.

Tras someterla a diversos estudios durante más de tres años, entre ellos de ADN mitocondrial, Carbono 14 y Uranio/Torio, se determinó que “Naia” es el esqueleto más antiguo hallado en el continente americano y constituye el eslabón que faltaba para confirmar el vínculo entre los primeros pobladores de América y los grupos indígenas contemporáneos.

Tanto Hoyo Negro, una “cápsula de tiempo” que ha conservado la información sobre el clima y la vida humana, animal y vegetal que existían en la última era de hielo, como los secretos que Naia aún tiene por revelar podrían dar trabajo “a muchas generaciones”, estimó Luna.

Por su parte, la directora general del INAH, María Teresa Franco, aseguró que el grupo de investigación, hasta ahora conformado por 16 científicos, “ya no se reducirá”.

“Al revés, es posible que haya muchos más académicos que se integren, porque estos proyectos ya no se abandonan. Hay una inversión de interés científico tan grande que las instituciones ya no se desligan”, añadió, al precisar que muchos de los laboratorios y expertos involucrados, han trabajado “sin cobrar”.

Arqueología: Revelarnos a nosotros mismos

Arqueología: Revelarnos a nosotros mismos
Por Diego Eduardo Rhó, Armando de Jesús Martínez García y José Chessil Dohvehnain Martínez en la Gaceta UASLP Año 3 Núm. 3

A la arqueología comúnmente se le ve como la disciplina que descubre las viejas civilizaciones, y al arqueólogo como personaje de aventuras, de acción, dedicado a descifrar antiguos dialectos y buscar los tesoros más grandes de la historia, y es que ¿cómo olvidar al intrépido y comprometido Indiana Jones?, quien se pone en marcha para buscar los más grandes tesoros del pasado, mientras lucha contra el mal, ejércitos invencibles, franquea trampas y calabozos ineludibles, y combate asesinos, ladrones, saqueadores y viles nativos. Por supuesto, ésta es la imagen que ha proyectado nuestra bizarra cultura popular.

Empecemos mencionando que la arqueología surgió gracias a los anticuarios de los siglos pasados, quienes salían a la caza de artefactos estéticos y de alto valor económico. Así tenemos a los primeros exploradores, coleccionistas, comerciantes, viajeros e investigadores como Heinrich Schliemann o Howard Carter —este último es famoso por el hallazgo de la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes, Egipto—, entre muchos otros.

En la Nueva España del siglo XVI, algunos sacerdotes y evangelistas, como franciscanos y jesuitas, hicieron esfuerzos para resguardar los escritos antiguos de los pueblos prehispánicos en lugar de su destrucción, preservar las tradiciones y ritos, así como seguir con la cacería constante y en secreto por los tesoros del nuevo mundo. Con el  paso de las décadas, oleadas de exploradores y cazadores de tesoros llegaron a esta parte del mundo en busca del conocimiento o de la gloria. A la par, surgieron diversos enfoques antropológicos que se propusieron elucidar los misterios del hombre. Fue en ese momento cuando surgió la arqueología como una ciencia social, definida desde la academia como el estudio del ser humano, su cultura y su mente, a través los restos materiales; ciencia que hoy se  encuentra de frente con una ruptura entre las ideas abstractas y la aplicación de lo que sabemos de nuestro pasado en beneficio de la sociedad del presente.

En México, la enseñanza de esta ciencia comenzó a principios del siglo XX en la Escuela Internacional de Arqueología y Etnología Americana, de fama internacional. Pronto, con el nacimiento del Instituto Nacional de Antropología e Historia, en 1938, y de la aclamada Escuela Nacional de Antropología e Historia, al año siguiente, la enseñanza de las ciencias sociales, entre las cuales está la arqueología, se volvió más accesible al público. En las décadas siguientes, la apertura de esta profesión a manera de licenciatura se dio en otras partes de la nación. Así, en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, nació la Coordinación de Ciencias Sociales y Humanidades, en 2002, hoy Escuela de Ciencias Sociales y Humanidades, que pretende formar humanistas que contribuyan a la creación de una sociedad más justa y ambientalmente sustentable, con miras a ser un bastión en el norte de México, capaz de dilucidar las incógnitas aún latentes de los días antiguos de la región.

A la luz de la realidad, los arqueólogos no están exentos de algunas de las fabulosas características que resalta nuestra cultura actual. Uno bien puede dedicarse a viajar investigándolas o dedicarse a la enseñanza. Por otro lado, el arqueólogo se apoya en los escritos antiguos, en la interpretación de mitos y leyendas, en la evidencia iconográfica, en los testimonios etnográficos y etnohistóricos, así como en los métodos y teorías que se han  elaborado desde diversos enfoques antropológicos para franquear el abismo insondable entre el pasado y el hoy.

El otro atractivo sumamente verídico es el trabajo de campo, ya que cuando viajamos, en las búsquedas de restos culturales en recorridos por extensas áreas y durante las excavaciones, nos enfrentamos a muchos peligros, como las selvas profundas del área maya, los ambientes hostiles de las altas montañas o los abrumadores desiertos al norte del país, sin mencionar la flora y fauna de alto riesgo.

Soñar con la conquista de la chica más linda y buena, o del galán aventurero, a veces sirve de algo también. A pesar de todo esto, el reto más grande es interpretar los artefactos; la búsqueda del significado de los símbolos del ayer y, para ello, se requiere arduo trabajo de meditación, reflexión, análisis y comparación de todos los datos que obtenemos. Así, el arqueólogo ha de equilibrar la investigación en campo junto con el trabajo documental, aunado al empleo de la teoría y metodología adecuadas, para encontrar las interpretaciones que más se acerquen a la verdad sobre el pasado que nos ofrece el material.

Ésta es la parte más emocionante de la investigación arqueológica: la búsqueda del conocimiento de la forma de vivir y de pensar de las culturas del ayer.

Al final, el arqueólogo es responsable de divulgar y hacer público el conocimiento adquirido, así como los descubrimientos realizados en aras de concientizar a la población de su potencial como ser humano y de su lugar en el mundo. Como arqueólogos, tenemos la capacidad de proteger por todos los medios posibles el patrimonio cultural, interviniendo en contra de cualquier amenaza, ya que estos restos culturales son los testigos de nuestra historia y referentes de nuestra identidad, pertenecientes a todas las personas, etnias, comunidades y grupos sociales que habitan nuestro país —o al menos idealmente—. Tenemos la responsabilidad de enseñar y compartir lo que conocemos de nuestro pasado, impactando en la construcción de la historia de nuestra sociedad.

Tenemos el deber, incluso, de levantarnos en contra de aquellos que usan este saber para engañar a las personas sedientas de conocimiento, esperanza y cambio, con falsas doctrinas y terribles mentiras. No sólo somos científicos sociales dedicados a conocernos a nosotros mismos como individuos, también somos actores sociales en potencia, con la misión de compartir lo aprendido en beneficio de las personas.

Sólo así podremos tener las herramientas para reflexionar sobre nuestra condición, nuestro lugar en la historia, el mundo y el universo y encontrar nuevas vías de cambio humano, a través de la sabiduría que brinda el conocimiento del pasado en la búsqueda de un mundo diferente, posiblemente mejor.

Logran descifrar entrañas de la pirámide del sol

Logran descifrar entrañas de la pirámide del sol
Por Elizabeth Ruiz Jaimes en la Academia Mexicana de Ciencias

Después de 14 años, el proyecto “Radiografía de la Pirámide del Sol” dará a conocer a finales de este 2014 el análisis de 4.5 millones de datos que se almacenaron durante tres años para explorar las entrañas de este monumento, aseguró en entrevista Arturo Menchaca Rocha, ex presidente de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).

Por lo pronto, con la primera interpretación en la que se consideró el 60% de la información, se encontró algo que no se buscaba y que a juicio de Menchaca podría servir al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH): “Encontramos que la parte sur está más seca y que la parte norte está húmeda”.

Durante la charla titulada “Estudio Interdisciplinario del pasado de Teotihucan” el científico explicó que esto pone en riesgo de colapso a la pirámide. Menchaca se refirió a los trabajos al interior de esa edificación que se realizan con el uso de un detector de muones (partículas elementales masivas con carga eléctrica negativa).

Esto no significa que la pirámide se vaya a caer mañana, señaló el investigador, “es el mismo fenómeno que ocurre en el subsuelo de la ciudad de México: se va perdiendo la humedad y automáticamente se va hundiendo”.

El ex director del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), compartió esta charla con la doctora Linda Manzanilla, integrante de El Colegio Nacional y también de la AMC.

En su exposición, el físico explicó que este monumento tiene condiciones de resequedad: “La pirámide tiene un millón de metros cúbicos, y en este experimento vemos sobre la parte central un 30% del volumen total, y de ese porcentaje hay un 30% que presenta falta de humedad”, añadió el investigador.

Por ahora, el experimento está siendo desmantelado y ya se realizó una solicitud al INAH para llevar el equipo a otras pirámides donde se sospecha pudiera haber tumbas, informó.

Durante su participación, la arqueóloga Linda Manzanilla casi descartó la posibilidad de que los gobernantes de Teotihuacan pudieran estar enterrados en la pirámide del Sol, pero a partir de estos estudios se han generado otras hipótesis: la primera plantea que fueron sepultados debajo de las casas en las que vivían, y la segunda indica que los restos podrían estar debajo de los complejos palaciegos donde se congregaban los teotihuacanos para tomar decisiones.

El futuro

Luego de haber desarrollado el detector de muones, el grupo del doctor Menchaca Rocha demostró que el desarrollo de tecnología mexicana es posible y que la imagenología con muones se puede utilizar en otras áreas.

El especialista informó que ya se asoció con el doctor Jaime Urrutia Fucugauchi, especialista del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y vicepresidente de la AMC, para proporcionar más información que ayude a la prevención de una posible erupción del volcán Popocatépetl.

“Queremos hacer un detector de muones más grande para medir de lado el volcán, ya tenemos un estudio de factibilidad con simulaciones y estamos en la espera de que el Conacyt nos apruebe el proyecto”, comentó.

Sin dar muchos pormenores explicó que el objetivo de la propuesta de investigación es ajustar el modelo que determina el tamaño del ducto de lava, que hasta ahora tiene un error grande, pues este se estima a través de manifestaciones externas como el movimiento de la tierra.

Durante su conferencia, que dictó como parte de los festejos de los 75 años del Instituto de Física de la UNAM, Menchaca también informó que otro socio investigador será Gerardo Carrasco del Centro de Geociencias ubicado en Querétaro.

Sobre la Pirámide

La Pirámide del Sol es el primer monumento con el que se abrió al público el sitio arqueológico de Teotihuacan, junto con el Museo de Sitio el 13 de septiembre de 1910.

Esta edificación de 65 metros de altura, según cálculos hipotéticos, debió construirse a lo largo de 139 años con el trabajo de entre 12 mil y 14 mil personas, que pudieron estar agrupadas por especialidades, como acarreadores, aguadores, mamposteadores, canteros, albañiles, quienes habrían trabajado en jornadas de 10 horas, los siete días de la semana.