El impacto Chicxulub y la extinción de los dinosaurios

El impacto Chicxulub y la extinción de los dinosaurios
Por Luz Olivia Badillo en la Academia Mexicana de Ciencias

La teoría del impacto de un cuerpo extraterrestre sobre la Tierra que hace 66 millones causó una de las extinciones masivas de organismos, entre ellos los dinosaurios, se planteó en 1980 en un artículo publicado en la revistaScience por el físico Luis Álvarez junto con sus colegas de la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos.

En el estudio, Álvarez y sus colegas analizaron una delgada capa de arcilla que marca la frontera entre las eras Mesozoica y Cenozoica y que coincide en temporalidad con esa extinción masiva. Al tratar de estimar cuánto tiempo representaba la capa y la duración de la frontera, los científicos encontraron que contenía cantidades anómalas de iridio, un elemento raro en la corteza terrestre, pero abundante en los asteroides y núcleos cometarios. Esto hizo pensar que la gran extinción fue provocada por el impacto de un gran meteorito.

Esta hipótesis se reforzó luego de que se reportara, a principios de la década de los noventa, que en lo que hoy es la península de Yucatán se encuentra un cráter de unos 200 kilómetros de diámetro. El cráter había sido descubierto varios años antes por Glen Penfield y Antonio Camargo, a partir de las exploraciones de Petróleos Mexicanos en el sureste. La edad de la estructura sin embargo, no permitía una asociación clara con la frontera. Desde entonces, el cráter Chicxulub ha sido objeto de estudios geoquímicos, análisis de núcleos, microscopía electrónica y estratigrafía, entre otros, que han modificado en algunos aspectos la hipótesis inicial sobre cómo ocurrió el impacto y cuáles fueron sus efectos.

Se ha propuesto que, como resultado del choque, una parte del material fragmentado fue expulsado a velocidad de escape fuera de la atmósfera terrestre. El reingreso de parte del material a la atmosfera ocasionó, debido a la fricción con ésta, un pulso térmico que en superficie alcanzó entre los 500°C y 700°C (a este evento se le conoce como “Bola de fuego”) que tuvo efectos globales en el ambiente y en el clima, que llevaron a la extinción masiva, explicó Jaime Urrutia Fucugauchi, presidente de la Academia Mexicana de Ciencias, en su plática “Extinciones masivas de organismos e impacto Chicxulub”.

Una de las evidencias que se presentan para respaldar esta hipótesis proviene de caracterizar las zonas próxima, intermedia y distal del sitio de impacto, que presentan diferentes características. El registro estratigráfico difiere en el grosor de la capa y en su composición. A nivel global, la base está formada por gotitas de material fundido, llamadas esferulitas -que corresponde al material eyectado que se enfrió en el aire- y en la parte superior por una capa de arcilla -que corresponde al polvo que se dispersó en la atmósfera y que después se sedimentó.

“En los sitios próximos, en la zona del golfo de México y del mar Caribe, se puede encontrar en la parte media varias capas de areniscas con indicaciones de depósitos de alta energía y una capa con marcadores de alta temperatura. Estas capas se asocian a los depósitos de los tsunamis que causó el impacto y a la bola de fuego del pulso térmico”, dijo Urrutia en la charla que dio en el Segundo Encuentro Ciencia y Humanismo Centro, realizado por la AMC, en Morelia, Michoacán, en octubre pasado.

Las investigaciones también han dado pie a otras teorías. Una de éstas propone que las extinciones fueron provocadas por los efectos de las erupciones volcánicas de los Deccan Traps en la India. Otra propuesta plantea que no todos los organismos se extinguieron al mismo tiempo y que incluso algunos grupos de dinosaurios ya se habían extinguido cuando chocó el meteorito. Otra más que los organismos se extinguieron a lo largo de dos o tres millones de años y que lo que uno marca como una extinción masiva es solo un efecto acumulado de diferentes causas.

Evaluar estas teorías ha sido difícil ya que se requiere tener una resolución temporal alta en el registro geológico. La incertidumbre en la datación de estos eventos, explicó el geofísico, antes estaba del orden del 1% y ahora, con nuevos métodos de argón- argón, se encuentra menos de 0.5%, lo cual, para un evento ocurrido hace 66 millones de años sigue siendo mucho tiempo. El 1% de incertidumbre representa más o menos 660 mil años y un 0.5% de incertidumbre se tiene más-menos 330 mil años. En esos lapsos de incertidumbre podrían haber ocurrido una gran cantidad de eventos no correlacionados, aseguró.

“El límite de resolución temporal impone restricciones en la parte de las correlaciones de los eventos geológicos”. El también miembro de El Colegio Nacional –que tiene como una de sus líneas de investigación los estudios de la evolución paleogeográfica, tectónica y paleoclimática de México, con énfasis en procesos fundamentales y conexiones en un contexto global-, comentó que una forma de mejorar la resolución temporal es afinando la cronología de los eventos empleando varios métodos.

Para las extinciones masivas de los dinosaurios y su relación con el impacto, se ha propuesto que Chicxulub chocó 300 mil años antes de las extinciones y, por tanto, no hay relación entre estos dos sucesos. Otras propuestas involucran varios impactos múltiples a lo largo de la frontera entre el Mesozoico y Cenozoico y que el efecto acumulativo de los impactos es lo que provoca la extinción masiva.

“A lo largo del tiempo un buen número de grupos han intentado demostrar que no es un cráter o que no tiene relación con las extinciones. Sin embargo, la teoría del impacto Chicxulub ha sobrevivido por 30 años con evidencia cada vez más fuerte en correlacionar el impacto con las extinciones. Además, la dinámica del impacto y los efectos en los sistemas de soporte de vida en el planeta cada vez se conocen con mayor detalle”, comentó el presidente de la AMC.

Finalmente, mencionó que además de estas investigaciones, otros temas de interés científico han surgido respecto sobre las diferencias y similitudes de la extinción masiva del Mesozoico-Cenozoico con las otras extinciones (en la historia de la Tierra se han documentado otras cuatro extinciones masivas, además de la que llevó a la desaparición de los dinosaurios). “Las preguntas se vuelven más interesantes si uno considera que con la extinción de los dinosaurios viene la diversificación de los mamíferos”, concluyó.

Los niños y las niñas son científicos por naturaleza

Los niños y las niñas son científicos por naturaleza
Por Luz Olivia Badillo en la Academia Mexicana de Ciencias

La doctora Susana Alaniz Álvarez es investigadora del Centro de Geociencias de la Universidad Nacional Autónoma de México. Desde 2007 coordina la serie de libros de divulgación científica “Experimentos simples para entender una Tierra complicada”. Esta serie busca que alumnos del sistema de educación básica puedan llevar a cabo los “Diez experimentos más bellos de la historia” que eligió la revista Physics World en 2002. A raíz de esta experiencia, la investigadora se embarcó en otra aventura: analizar quiénes se desempeñan mejor en las ciencias experimentales, si las niñas o los niños.

Entre las razones que explican el sesgo de las mujeres en la ciencia está el que ellas dedican años a la maternidad, o los referidos a prejuicios añejos, que el rol de la mujer es estar en el hogar; además de aspectos atribuidos a la personalidad, como que las mujeres prefieren trabajar con personas mientras los hombres con cosas. Otro elemento es que las mujeres prefieren colaborar que competir o que los hombres toman más riesgos. Sin embargo, ningún estudio ha sido contundente en demostrar algunos de los puntos anteriores.

“Se aborda el aspecto de las niñas o los niños porque la mayoría de los investigadores en ciencias exactas y ciencias sociales son hombres. Nosotros queríamos investigar quién se desempeñaba mejor. Es un tema que importa en todo el mundo. Así que con motivo del Año Internacional del Planeta Tierra, en 2008, emprendimos muchas actividades de difusión. Yo pedí hacer libros de ciencia para niños donde se explicaran fenómenos como el vacío y la gravedad”, sostuvo la investigadora durante su exposición en el Segundo Encuentro Ciencia y Humanismo Centro, realizado por la Academia Mexicana de Ciencias en Morelia, Michoacán, en octubre pasado.

Dichos folletos se obsequiaban a quienes los solicitaran, las principales personas e instituciones fueron maestros desde preescolar hasta bachillerato, el Museo de los Metales de Peñoles, la Dirección de Primarias del estado de Querétaro y la Secretaría de Educación de Guanajuato. “Los subimos a una página web para que quien los pidieran sólo pagara el envío. Además impartimos talleres de ciencia a dos mil 800 maestros de educación básica de Querétaro, Guanajuato y Coahuila para que ellos reprodujeran los experimentos en el aula”, explicó la investigadora.

La académica dijo que en el año 2010 para los talleres de cada libro se envió un cuestionario para que lo respondieran los maestros y sus alumnos. Las respuestas les darían indicios de qué conceptos causaban mayor confusión. Se incluyeron preguntas como: ¿Es lo mismo peso que densidad?, ¿qué material es más denso el agua, el aceite o la miel?, ¿qué procesos están involucrados en una vela prendida?, ¿si en una balanza tienes un kilo de fierro y uno de madera y la sumerges en agua hacia dónde se inclina la balanza? Se tenían que responder antes y después de los experimentos.

Para el estudio de quiénes aprenden mejor la ciencia los niños o las niñas, la muestra incluyó a 70 niños de Guanajuato y 477 de Querétaro de 4º, 5º y 6º de primaria de escuelas públicas completas y multigrado, la mayoría fueron de escuelas rurales y algunas de ciudad, en total 270 niñas y 277 niños. Se cuantificó bajo el esquema estadístico Odd ratio, que es la relación entre el número de resultados favorables contra los resultados desfavorables, entre niños y niñas.

Con base en las respuestas de los cuestionarios se concluyó que hay pocas diferencias significativas entre niños y niñas. En 4° las niñas destacan, en 5° los niños y en 6º algunos aventajaban en unos experimentos y otros en otros. La doctora Alaniz concluyó: “Podemos decir que las niñas aventajan a los niños en ciencias en 4º pero en 5º y 6º no. Nuestra explicación es que las niñas bajan su rendimiento cuando entran a la pubertad en general a los 10 años (en 5° grado), y los niños hasta dos años después que las niñas, pero para poner a prueba esta hipótesis hace falta hacer un seguimiento de desempeño escolar a los niños y niñas de secundaria”.

En la actualidad, la investigadora asegura que cerca de 30 mil niños han tomado estos talleres de ciencia. Se considera que los niños y las niñas son científicos innatos por su curiosidad, arman sus marcos teóricos, ponen a prueba sus hipótesis y suelen preguntar a sus padres y personas del entorno por qué ocurren ciertos fenómenos, sin embargo, los adultos suelen dar respuestas erróneas. De ahí que la serie de libros “Experimentos simples para entender una Tierra complicada” se puedan descargar de forma gratuita desde la página:www.geociencias.unam.mx/geociencias/experimentos/libros.html.

Buscan rescatar la Chinampería

Buscan rescatar la Chinampería
Por Luz Olivia Badillo en la Academia Mexicana de Ciencias

Xochimilco y su sistema de canales son prácticamente el único lugar en la Ciudad de México que da una idea de cómo era Tenochtitlán antes de la llegada de los españoles. Su vegetación y fauna nativas han sobrevivido a la creciente urbanización del Distrito Federal; también ha sobrevivido la técnica de cultivo prehispánico conocida como chinampería, la cual fue una de las razones por las que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró a Xochimilco Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad en 1987.

En el capítulo “Pueblos indígenas de México y agua: Xochimilcas”, publicado en el Atlas de culturas del agua en América Latina y el Caribe de la Unesco del cual son coautoras Ana Cecilia Espinosa García y Marisa Mazari, ésta última integrante de la Academia Mexicana de Ciencias e investigadora del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se aborda el tema de la chinampa como una tecnología sustentable y altamente productiva:

“La chinampa es una parcela cuyos bordes son definidos por ahuejotes y por cañas entretejidas. Se construye utilizando como elementos básicos lodo y plantas acuáticas, para formar una parcela particularmente rica en materia orgánica y rodeada de agua. Este sistema permitía una producción simultánea de diversos cultivos, sin depender de las lluvias (…) Por lo anterior, las chinampas son altamente productivas y representan una tecnología altamente sustentable a partir del aprovechamiento racional del ecosistema”, de acuerdo con el documento.

El humanista novohispano Francisco Javier Clavijero relató que cuando los mexicas llegaron a la Cuenca de México se refugiaron en un grupo de islotes, alimentándose de raíces de plantas acuáticas, insectos y un “reptil” llamado axólotl. En ese medio adverso, debido a que estaban rodeados de los lagos de Zumpango, Xaltocan, Chalco, Xochimilco y Texcoco, la civilización lacustre aprendió la técnica de la chinampa que tuvo su mayor auge entre los siglos XIV y XV y llegó a abastecer de alimentos a 250 mil habitantes.

Al respecto, la maestra en ciencias Elsa Valiente, directora de la asociación civil Restauración Ecológica y Desarrollo A.C., estimó que hay entre 50 y 200 productores que conservan la tradición chinampera. Por su parte, el investigador Carlos González Esquivel, del Centro de Investigaciones en Ecosistemas de la UNAM, analizó imágenes satelitales de Xochimilco de 1989 a 2006 en las que se observa que el área chinampera se ha reducido a una tasa anual de 31 hectáreas por año.

Elsa Valiente desde el año 2002 junto con investigadores y estudiantes de la UNAM trabaja con pobladores de Xochimilco para recuperar ese conocimiento tradicional. “Nos interesamos en la conservación de las especies nativas, es especial del axolote cuya densidad poblacional es muy baja; así que incluimos a los chinamperos para hacer trabajos de conservación porque la vocación tradicional de Xochimilco es la chinampería”, dijo.

La chinampería usa todos los insumos locales como la materia vegetal para hacer abono, al sacar el sedimento hay un flujo de agua que permite la oxigenación en beneficio de especies acuáticas nativas. Antes había una buena cadena alimenticia con muchos eslabones y la transferencia de energía era muy eficiente y eso se ha perdido pues hay agricultores que han optado por los invernaderos, otros vendieron sus terrenos o han construido sus casas a las orillas de los canales.

Aunado a ello, en años anteriores se tomaron decisiones como la introducción de especies exóticas como la carpa y la tilapia que afectaron a especies locales como los caracoles, almejas y crustáceos como los acociles, unos pececitos llamados goodeidos, el zooplancton y otros animales que formaban parte de la cadena trófica y de los cuales se alimentaba el axolote, el depredador tope de dicha cadena alimenticia.

La asociación civil REDES trabaja en la Zona Núcleo del Área Natural Protegida de Xochimilco con siete productores con los que han puesto en marcha la rehabilitación de terrenos para el cultivo chinampero, el cual incluye la construcción de zanjas o canales secundarios donde se introducen plantas acuáticas, larvas de insectos y demás especies originarias con la finalidad de que ahí vivan los axolotes.

Elsa Valiente relató “la densidad óptima de axolotes es de uno por metro cuadrado. Llegan a la etapa adulta en año y medio, en la mitad de tiempo que cuando están en cautiverio. Requieren de una columna de agua de por lo menos 80 centímetros, sus movimientos son más verticales que horizontales. La disponibilidad de alimento es muy importante porque cuando miden cinco centímetros y tienen formadas sus cuatro extremidades si no tienen suficiente alimento se comen entre ellos. En sus primeras etapas se alimentan de zooplancton y en edad adulta se alimentan de pequeños peces y crustáceos”.

La meta de esta asociación en cuatro años es extender la red a 20 productores con el modelo de zanjas o canales para axolotes. El objetivo no sólo es recuperar de alguna forma el antiguo hábitat de la salamandra y por ende de otras especies, sino que los chinamperos vendan directamente al consumidor sus lechugas, colinabos, betabeles, cilantro, acelgas y demás productos libres de fertilizantes y pesticidas.

Pero la labor no ha sido fácil: “Hemos visto que gran parte de los chinamperos son personas mayores y hay una brecha generacional porque son muy pocos los hijos de chinamperos interesados en la actividad, más bien son los nietos los que ahora se están interesando en retomar la tradición”, dijo Valiente. Reconoció que hay una creciente demanda de productos sutentables en la Ciudad de México, “hay más demanda que oferta. La gente está reconsiderando su forma de alimentarse”.

Un México sin “Quimifobia”

Un México sin “Quimifobia”
Por Luz Olivia Badillo en la Academia Mexicana de Ciencias

Se suele dar por hecho que lo natural es mucho mejor que los productos químicos. Esta idea suele estar mal entendida, de acuerdo con Jesús Valdés Martínez, investigador del Instituto de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México, pues toda la materia, por el sólo hecho de serlo, entraña a la química en sus propiedades, estructura y composición. De ahí que más bien sea necesario diferenciar entre lo natural y lo procesado sin que necesariamente lo primero sea mejor que lo segundo.

Valdés Martínez, integrante de la Academia Mexicana de Ciencias, consideró que es necesario revalorar el papel que ha jugado la química para mejorar la calidad de vida de las personas en todas las áreas: industria, medicina, transporte y accesorios de uso cotidiano. Por ejemplo, sin los derivados del petróleo no habría autos, bolsas de plástico, tubos de PVC ni teflón; no habría ropa sintética, cosméticos, videojuegos, computadoras ni celulares, no habría condones ni anticonceptivos.

“La contaminación del planeta se debe más bien a un mal uso de la química. Estoy convencido de que la química es nuestra vida y nuestro futuro; los grandes problemas de la humanidad no se pueden resolver sin ella y estamos aprendiendo a hacer un uso de la química más prudente”, afirmó el doctor en Química durante la charla ¿Cómo se divierten los químicos?, realizada en la segunda edición de la Fiesta de las Ciencias y las Humanidades, llevada a cabo en el Museo de las Ciencias Universum.

Los problemas donde aparentemente la química tiene la culpa de todo, han llevado al investigador a afirmar que la población padece “quimifobia”, un rechazo irracional a la química. “Es un temor de algunas personas de que al entrar en contacto con productos químicos se van a enfermar o les van a hacer daño. Esos miedos no están bien fundados. Sí estamos contaminando, y estamos dañando al planeta pero por un uso excesivo de combustibles fósiles. Tenemos que hacer un uso racional de la química”.

La química ha entrado en una nueva era donde la consigna es ahorrar y ser sustentable, sobre esto el científico puso como ejemplo al viagra: “Antes para producir un kilo de este fármaco se necesitaban mil 300 litros de disolvente, ahora se necesitan solo cuatro litros”. También existe la recomendación de cambiar hábitos de consumo; por ejemplo, dijo Jesús Valdés “en Estados Unidos el promedio de vida de un objeto como unsmartphone es de medio año, países como China, están siguiendo ese modelo”.

El investigador y divulgador de la ciencia consideró que la labor para quitar los prejuicios y fobias en torno a la química las debe hacer el maestro al estudiante en todos los niveles educativos: “Tiene que mostrar que la química está presente en la vida cotidiana. Tiene que poner ejemplos que contradigan a los temores falsos porque si no hubieran medicamentos, la esperanza de vida sería mucho menor a la actual”.

Destacó que la enseñanza de la química en el país es esencial pues México cuenta con una riqueza química enorme. Se requieren mejores programas de estudio y estrategias de enseñanza, “no debemos crear químicos desde la secundaria, yo creo que es un grave error, mejor hay que enseñar al estudiante reacciones químicas que se puedan ver y oler, y observar cambios de energía que suceden todos los días; estos fenómenos despiertan la curiosidad. Al final del bachillerato se podría enseñar algo más formal”, expuso.

La biología: Una disciplina histórica: Antonio Lazcano

La biología, una disciplina histórica: Antonio Lazcano
Por Luz Olivia Badillo en la Academia Mexicana de Ciencias

En el corazón del Centro Histórico de la ciudad de México, se encuentra la sede de El Colegio Nacional, un edificio con más de tres siglos de historia. En 1757 fue el Convento de la Enseñanza La Antigua, una de las primeras escuelas para mujeres en la época de la Colonia que en sus muros lleva impresiones de la arquitectura barroca. El recinto sigue conservando esa vocación por el conocimiento ya que en una velada rodeada de amigos, exalumnos y colegas, el doctor Antonio Lazcano Araujo ingresó a esta institución cuyo lema es “Libertad por el saber”. Su ingreso es un reconocimiento a sus importantes estudios sobre biología evolutiva y el origen de la vida.

En la ceremonia de ingreso, el doctor Jaime Urrutia Fucugauchi, presidente en turno de El Colegio Nacional, y al mismo tiempo, presidente de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), destacó las aportaciones científica de Lazcano: “en 1986 junto con Walter Gilbert, Premio Nobel de Química, y con Bruce Michael Alberts, entonces el presidente de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, propusieron que el ácido ribonucleico (ARN) precede al ácido desoxirribonucleico (ADN) y a buena parte de las proteínas” en el origen de los primeros organismos unicelulares.

La lección inaugural que impartió el doctor Antonio Lazcano tuvo un tono nostálgico, al mencionar al centro de la ciudad de México y las calles que recorrió desde que era estudiante en la Escuela Nacional Preparatoria que se encontraba en el Antiguo Colegio de San Ildefonso: “creo que fue en estas calles donde comencé a comprender lo que significa ser mexicano”, dijo. En su discurso hizo un recorrido histórico de las ideas de Charles Darwin y de su obra: El origen de las especies, publicada en 1859. “Su obra no representa el punto de partida del pensamiento evolutivo, sino la culminación decimonónica de una visión dinámica de la realidad”, explicó.

Se suele pensar que las ideas de Darwin llegaron tarde a México, cosa que desmintió el profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), haciendo mención especial al científico mexicano Alfonso L. Herrera, quien enseñó biología en la Universidad Nacional desde 1870 y trabajó día y noche en un laboratorio instalado en su casa para tratar de sintetizar protoplasma fotosintético, algo que nunca logró. En su recorrido, mencionó a las personas que lo han inspirado y con quienes convivió como Alexander Ivanovich Oparin, Stanley L. Miller y Lynn Margulis.

El científico mexicano con el mayor número de publicaciones en las revistas de alto impacto Science yNature añadió: “Desde joven tuve el privilegio de compartir el pan y la sal con ellos y con otras figuras míticas de la ciencia contemporánea. Aunque nunca sabremos con precisión cómo surgió la vida, gracias a todos ellos creo comprender cómo ocurrió. Como dice Octavio Paz en uno de sus poemas más bellos y más perturbadores: “(…) sin entender comprendo”.

Definió a la biología como una disciplina histórica, “y el pasado es la clave para entender el presente. Somos como el ave goofus que describió Jorge Luis Borges en suManual de la zoología fantástica que construye su nido al revés y vuela hacia atrás porque no le importa a dónde va sino de dónde viene”.

En la respuesta al discurso de Lazcano, el doctor José Sarukhán, ex rector de la UNAM y coordinador de la Comisión Nacional para el Uso y Conocimiento de la Biodiversidad (Conabio), destacó las aportaciones de doctor Antonio Lazcano en la evolución temprana de la vida: “La evidencia fósil de la que disponemos en el presente, sugiere que la vida en el planeta pudo haberse generado hace 3 mil 700 millones de años. Todas las formas de vida comparten mecanismos moleculares fundamentales. Las moléculas del ARN en etapas muy tempranas de la vida almacenaban información genética y actuaban como catalizadores de las reacciones químicas”.

Sarukhán, ex presidente de la AMC, agregó que la labor de Antonio Lazcano ha sido deducir cuidadosamente la hipótesis sobre el papel del ARN en esas épocas: “Aunque hay diferencias en la opinión de los estudiosos en el origen temprano de la vida, parece posible que los nucleótidos del ARN pudieron haberse encontrado en abundancia en las condiciones de una Tierra joven. La hipótesis global del ARN sugiere que en el caldo primordial de moléculas orgánicas existían nucleótidos libres que podían acoplarse entre ellos; produciendo cadenas que probablemente fueron las primeras formas de vida y dieron origen al ADN”.

Con su ingreso a El Colegio Nacional, Antonio Lazcano Araujo continuará con su trabajo de divulgación de la ciencia y periodismo con el fin de que exista una sociedad mexicana cada vez mejor informada sobre las teorías evolucionistas que dan indicios sobre cómo surgió la vida en la Tierra.

Las galaxias, su papel en la estructura del universo

Las galaxias, su papel en la estructura del universo
Por Luz Olivia Badillo en la Academia Mexicana de Ciencias

El Universo es el conjunto de todas las cosas creadas. Es ahí donde existe el planeta Tierra, habitado por seres humanos que tienen la curiosidad de preguntarse por su propia existencia. También es ahí donde existen asteroides, nebulosas y un sinfín de objetos y fenómenos fascinantes; uno de estos objetos de estudio son las galaxias que contienen, entre otros componentes, estrellas, polvo y gas cósmico en su interior. Vladimir Ávila Reese, investigador del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México, estudia sus características pues las considera las unidades que dan estructura al Universo.

“Todo el drama cósmico ocurre en las galaxias. Son sistemas con su propia gravedad donde las estrellas nacen, mueren y hasta se reproducen, como los sistemas binarios que pueden dar origen a nuevas estrellas. En la Vía Láctea, por ejemplo, hay 2 mil millones de soles, gas, polvo, campos magnéticos, radiación y materia oscura. Ésta última es la más abundante pues es 30 veces la masa de la materia que sí se puede observar”, destacó.

El Universo empezó a expandirse hace 13 mil 700 millones años y “las galaxias son unidades estructurales que provienen de eras muy tempranas, cuando el Universo era muy homogéneo pues era una especie de sopa de partículas uniformes. En ese tiempo había regiones que eran un poco más densas, más frías o más calientes que el promedio; con el paso del tiempo, las rugosidades por su propia gravedad se fueron haciendo más densas. En un momento fueron tan densas que se colapsaron y formaron un sistema autogravitante, es decir, una galaxia”, explicó el integrante de la Academia Mexicana de Ciencias.

¿Qué era lo que ocasionaba esas inhomogeneidades? Cuando el Universo tenía apenas uns fracciones de segundo (10 a la menos 34 segundos) no existían los átomos, bullían partículas que aparecían y desaparecían, se encontraban en estado cuántico. El cosmólogo comentó que si existiera solo la materia ordinaria no se hubieran formado los grumos porque todo estaba muy caliente y la radiación los borraba. De ahí que se considere que la materia oscura, al no interactuar con la radiación, permitió que las pequeñas rugosidades se siguieran formando en esferoides y atraparan hidrógeno y helio, los ingredientes esenciales en la formación de galaxias.

La prueba de los pequeños grumos que se formaron es la radiación cósmica de fondo. Hoy es muy fría, se encuentra a -270 ºC pero en su momento fue muy caliente pues estuvo a millones de grados. El investigador dijo que entender la evolución de las galaxias es una pieza clave en la historia del Universo. “Es necesario hacer inferencias de qué galaxias eran más y menos densas y cómo era su distribución estadística. Eso ha quedado de alguna manera impreso en las galaxias que se observan hoy”.

En 1929 Edwin Huble observó que nebulosas extragalácticas se alejaban de la Tierra, lo que lo llevó a concluir que no sólo éstas sino las galaxias mismas se alejaban unas de otras, un signo inequívoco de que el Universo se estaba expandiendo. Aunado a ese éxito, Hubble se dio cuenta que había todo tipo de galaxias: elipsoidales, lenticulares, espirales e irregulares y las empezó a clasificar. Estas observaciones constituyen los estudios taxonómicos. También se estudia su anatomía para saber si están compuestas por estrellas jóvenes o viejas, si tienen mucho o poco gas, si tienen demasiada materia oscura o poca.

El investigador, quien forma parte del proyecto Sloan Digital Sky Survey en la fase IV, el cual está dedicado al mapeo de millones de galaxias, indicó que no sólo se hacen estudios taxonómicos y anatómicos, sino también ecológicos para analizar cómo están distribuidas las galaxias. “A escalas enormes las galaxias no están distribuidas de una manera uniforme, tejen, por contrario, una estructura semejante a una esponja, se van uniendo y parecen filamentos. Cuando los filamentos se intersectan dan lugar a estructuras a las que se les denomina cúmulos de galaxias, esto es, grupos de galaxias. Si una galaxia está aislada o si está en un vecindario de galaxias tiene que ver con sus propiedades. Las galaxias que están en los cúmulos generalmente son más viejas, tienen forma elíptica o esférica, mientras que las que están en los huecos son más jóvenes, tienen mucho gas y están formando estrellas recientes”, indicó.

El Conacyt no debe dirigir la divulgación de la ciencia sino apoyarla: Fernando del Río

El Conacyt no debe dirigir la divulgación de la ciencia sino apoyarla: Fernando del Río
Por Luz Olivia Badillo en la Academia Mexicana de Ciencias

Cuando Fernando del Río Haza regresó a México en 1969 después de realizar su doctorado en física en la Universidad de California en Berkeley, en paralelo a su carrera como científico, se integró como jefe de redacción y subdirector de la revista Naturaleza.

La difusión de la ciencia al público fue una actividad que se empezó a desarrollar intensivamente en nuestro país a partir de la segunda mitad del siglo pasado con la creación de la revista Físicaen 1968, que después cambió su nombre a Naturaleza(1970-1984), convirtiéndose en una de las primeras revistas de divulgación científica de México, en ese entonces bajo la dirección del doctor Luis Estrada Martínez, quien es considerado pionero en este campo.

En entrevista, Fernando del Río, profesor emérito de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa (UAM-I) y ex presidente de la Academia Mexicana de Ciencias, señaló que uno de los objetivos de la revista era romper mitos en torno a la ciencia, como por ejemplo “que los conocimientos científicos o los dictados de la ciencia son inamovibles”, ese pensamiento es tan nocivo como descalificarla en automático, dijo y agregó que en temas de ciencia “es sano mantenerse escéptico, al mismo tiempo uno tiene que combinarlo con un sano respeto por las cosas que dentro de la ciencia y dentro de ese escepticismo están bien hechas”.

Sobre los motivos que tuvo para iniciarse en la divulgación de la ciencia y continuar en esa labor, dijo: “A mí lo que más me mueve al hacer divulgación, es que la ciencia es una fabulosa creación humana que llevó mucho tiempo a la humanidad realizarla. Entre esas complicaciones está que si la gente no tiene un mínimo entrenamiento científico no la puede disfrutar, ni percatarse de su belleza y su valor, independientemente de sus aplicaciones, de su valor per se”.

La nueva legislación

A raíz de la adición de un segundo párrafo a la fracción XI del artículo 2 de la Ley Orgánica del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) en materia de divulgación de la ciencia y la tecnología, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 19 de marzo, el doctor Fernando del Río consideró que “el Conacyt no debe dirigir la divulgación de la ciencia, sino apoyarla”.

El segundo párrafo adicionado establece: “Apoyar la generación, difusión y aplicación de conocimientos científicos y tecnológicos. Para ello, el Conacyt deberá emprender acciones que fomenten y fortalezcan las actividades de divulgación científica entre los investigadores del país y las organizaciones de la sociedad civil. De igual forma, deberá incentivar la vinculación entre estos actores y las instituciones del sistema educativo nacional a fin de fortalecer la capacitación de los educadores en materia de cultura científica y tecnológica”.

El investigador adscrito al Departamento de Física de la UAM-I añadió al respecto que no cree que el Conacyt deba dirigir la ciencia ni su divulgación, sino que “la debe encausar y establecer cuál es la política del gobierno en el tema. Además, debe quedar claro saber cuál es la ciencia y la divulgación científica que le interesa al gobierno y, para establecer dichos criterios, es prioritario que tome en cuenta a la comunidad de científicos y a otros sectores de la sociedad”.

Es la primera vez que queda establecido un lineamiento oficial relacionado con la divulgación de la ciencia en México.

La ciencia, una fabulosa creación humana

Si una persona puede apreciar una obra de arte también puede apreciar a la ciencia sea un científico o no. El especialista en mecánica estadística y termodinámica, consideró como un efecto positivo que observa a más de 40 años de distancia, que la actividad de divulgación abarque prácticamente todos los medios: radio, televisión, periódicos, revistas, exposiciones, etcétera, y que se ha profesionalizado y formalizado; sin embargo, en su opinión se ha dejado de lado a la ciencia.

“Hay muy buenos soldados pero faltan generales de la divulgación de la ciencia y a estas alturas ya deberíamos tener varios. Me gustaría que surgieran algunos campeones de la divulgación científica con trabajos muy relevantes. Yo no me preocuparía porque creciera más la comunidad de divulgadores sino por la calidad de lo que hacen”, comentó.

El doctor Fernando del Río Haza es autor del libro En pocas palabras, el cual aborda los errores de redacción más comunes al momento de elaborar textos científicos y técnicos. Este libro fue el resultado de su experiencia enNaturaleza; asimismo, es coautor del libro Cosas de la ciencia de la colección “La Ciencia para Todos”, que edita el Fondo de Cultura Económica.

En busca de vida en la vía láctea

En busca de vida en la vía láctea
Por Luz Olivia Badillo en la Academia Mexicana de Ciencias

Un tema recurrente en la astronomía es analizar la probabilidad de existencia de vida en la Vía Láctea, una galaxia que alberga estrellas, gas, polvo, y entre esa inmensidad, al Sistema Solar donde se encuentra nuestro planeta, la Tierra, el único lugar conocido hasta ahora con seres vivos. La Vía Láctea tiene un diámetro de 100 mil años luz y posee aproximadamente 200 mil millones de estrellas, de ahí, que se tome muy en serio la posibilidad de que exista algún planeta con las condiciones apropiadas para la vida.

La doctora Leticia Carigi, integrante de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) y especialista en astrobiología, disciplina que estudia la posibilidad de vida en otros planetas, expuso que los elementos de la tabla periódica esenciales para la vida son el calcio, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, azufre, fósforo, magnesio y hierro, que son el referente al momento de buscar vida fuera del Sistema Solar.

“Son los elementos biogénicos que compartimos con cualquier ser vivo del planeta, desde una bacteria hasta el ser humano con mayor o menor cantidad de uno u otro elemento. Los humanos somos 62% oxígeno, 20% carbono, 9% hidrógeno, 5% nitrógeno y 4% sales. En la Tierra abundan el hierro 33%, silicio 15%, oxígeno 30% y magnesio 13%, señaló la investigadora del Instituto de Astronomía. Son los elementos geoquímicos que en la tierra, mar y atmósfera han propiciado el ambiente para que la vida se desarrolle.

Hasta el 28 de febrero de 2014 se han encontrado mil 81 exoplanetas, los candidatos ideales para hospedar vida. El nombre que se les asigna es para diferenciarlos de los planetas que sí forman parte del Sistema Solar. Suelen girar alrededor de una estrella, pueden estar formados por materiales sólidos como rocas y metales, o bien, por cúmulos de gases que no emiten luz propia. Un exoplaneta debe tener suficiente masa para que su gravedad supere las fuerzas del cuerpo rígido, de manera que asuma una forma esférica.

De acuerdo con la doctora Carigi, “la masa de estos cuerpos va desde un tercio de la masa de nuestro planeta, hasta 50 veces la masa de Júpiter. Como somos extremadamente creativos los llamamos sub-tierras y súper-Júpiter. Para que la vida se desarrolle, los exoplanetas tienen que estar lejos de eventos súper energéticos como las supernovas, estrellas enanas y explosiones. Se han analizado 2 mil 100 estrellas y exoplanetas de los cuales sólo 50 son candidatos”.

La manera de conocer este fenómeno tiene dos partes: una de observación y otra teórica. Por medio de la espectroscopía –con la cual se analiza el espectro de la radiación electromagnética que proviene de las estrellas– se estudia la química del universo analizando los espectros de los objetos como las estrellas, regiones H2, o regiones ionizadas por otras estrellas. En los espectros, hay líneas muy específicas que corresponden a cada elemento químico. De esta manera es posible saber cuáles son los elementos químicos que se encuentran en cada zona del universo.

Se utilizan además modelos teóricos de evolución de las galaxias y de creación de los elementos químicos en los núcleos estelares. Al morir eyectan este material y se recicla de tal manera que se crea otra generación y de esta manera se puede seguir la pista de la evolución.

La investigación forma parte de una tesis de maestría que la doctora Carigi dirige en el Instituto Politécnico Nacional. Su charla “Química galáctica” formó parte del segundo Taller Jack F. Ealy de Periodismo Científico edición UNAM cuya sede fue el Instituto de Astronomía.

¿Cómo evaluar el trabajo de los científicos?

¿Cómo evaluar el trabajo de los científicos?
Por Luz Olivia Badillo en la Academia Mexicana de Ciencias

Los indicadores que usa actualmente la comunidad científica para calificar su trabajo son el número de artículos publicados en revistas arbitradas, el número de citas en artículos de otros investigadores y el promedio de citas por artículo, entre otros, pero en opinión del doctor José Antonio de la Peña, director del Centro de Investigación en Matemáticas (CIMAT), son parámetros con los que se pueden contar, pero lo que realmente se debe medir es la calidad del trabajo científico, un aspecto que se escapa porque es muy difícil de evaluar.

El ex presidente de la Academia Mexicana de Ciencias propuso que “en lugar de evaluar todos los artículos arbitrados, podrían evaluarse sólo algunos productos del trabajo científico, pero esta propuesta enfrenta la resistencia de las comisiones. La otra posibilidad sería evaluar con menor frecuencia, pero tampoco le gusta a la burocracia, y otra alternativa sería usar otros indicadores pero es más caro”.

Evaluación entre pares

Cuando Albert Einstein publicó sus trabajos en Annalen der Physik en 1905 nunca fueron arbitrados, ni la doble hélice de Watson, y ambos resultaron revolucionarios para el conocimiento, señaló De la Peña. La evaluación por pares data de los años 50 del siglo pasado cuando las fundaciones filantrópicas en Estados Unidos querían financiar una investigación, para ello propusieron que el trabajo de un científico fuera calificado por otro científico.

Actualmente existen bases de datos como Journal Citation Reports donde están registradas más de 16 mil revistas arbitradas por pares de cada área de investigación, Scopus, de Elsevier: SCImago y el Índice de Citas en el que se puede contar la cantidad de citas de un investigador. Sin embargo, gana la cantidad y no la calidad.

“Contar el número de artículos científicos que publica un investigador tiene grandes deficiencias porque hay gente que sólo publicó dos trabajos en su vida, que fueron trascendentes, pero se perdieron”, comentó el matemático.

El número de citas tampoco es un buen indicador. De la Peña citó una de las conclusiones a las que llegó la Unión Internacional de Matemáticas en ese sentido: “Destacó que se trataba de una ´cultura de los números´ donde los tomadores de decisiones reemplazan la calidad del trabajo por números cuantificables. Y no es que no tengan valor esas estadísticas pero deben tomarse con cautela porque son parte del proceso”.

Las comisiones evalúan el factor de impacto de las revistas arbitradas donde publican sus investigadores. De acuerdo con el director del Cimat, “hacen una suma y un promedio general de los artículos, lo cual resulta una tontería porque éstos no tienen el mismo número de citas por el hecho de ser publicados en Nature; se estima que el 90% de citas de Nature se las lleva el 25% de los artículos. El resto se queda con el 10% de las citas”. Es decir, un artículo no pasa a ser bueno en automático por haber sido publicado en una revista de prestigio.

El especialista en álgebra habló de otros factores como el índice que todavía no se entiende bien a bien cómo funciona y la medición de acuerdo con el orden alfabético del autor, es decir, se mide que es más importante el artículo de un autor cuyo apellido comienza con “A” que uno que empieza con “B”, otra medición que De la Peña consideró absurda.

El ex director del Instituto de Matemáticas de la UNAM explicó lo anterior durante la charla “¿Cómo evaluar el trabajo de un científico?” impartida en el 2° Taller sobre Indicadores de Ciencia, Tecnología e Innovación organizado por el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

La divulgación de la ciencia cumple una importante función social

La divulgación de la ciencia cumple una importante función social
Por Luz Olivia Badillo en la Academia Mexicana de Ciencias

“Entre los astrónomos la divulgación es muy importante y reconocida, quizá porque nuestro trabajo no tiene una aplicación inmediata en la vida diaria. Uno puede descubrir un planeta, una estrella o una galaxia, pero ese saber tal vez sea útil dentro de millones de años. Parte de la justificación social del astrónomo es la divulgación: llevar el conocimiento al público en general.”, señaló en entrevista el doctor Luis Felipe Rodríguez Jorge.

El destacado científico miembro de El Colegio Nacional es pionero de la radioastronomía en México cuando la introdujo al país en 1979 tras realizar su doctorado en la Universidad Harvard. Fue fundador, director y actualmente investigador emérito del Centro de Radioastronomía y Astrofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Unidad Morelia; pero además tiene una larga trayectoria en la divulgación de la ciencia.

Rodríguez Jorge, quien también es integrante de la Academia Mexicana de Ciencias, dijo que su experiencia en la divulgación data de sus años de estudiante en la licenciatura de física en la Facultad de Ciencias de la UNAM en 1973.

“Desde la carrera tenía claro; y además lo establece la legislación universitaria, que como académico debes cumplir con tres grandes funciones: la docencia, la investigación y la extensión de la cultura; las dos primeras estaban claramente definidas; lo último era un término muy vago pero tuve la fortuna de que fuera mi maestro el doctor Luis Estrada, quien combinaba la divulgación de la ciencia con las clases en la facultad”, comentó.

Su experiencia en divulgación comenzó con charlas, artículos en la revista Física que editaba el doctor Estrada e incluso fue asesor en una exposición sobre el Universo que se exhibió en el Museo del Chopo. El doctor Luis Felipe Rodríguez reconoce la importancia de la divulgación de la ciencia en la sociedad.

“La gente debe saber por qué quitamos a Plutón de la lista de planetas, qué son la materia y la energía oscuras, o si es cierto que ya hay planetas como la Tierra descubiertos fuera del Sistema Solar, entre otros temas donde la astronomía tiene respuestas muy interesantes”, dijo.

En la década de los 70, cuando aún era estudiante, el doctor Luis Felipe Rodríguez no imaginó que terminaría siendo un referente de la divulgación de la ciencia, su libro Un universo en expansión de la colección “Leamos la ciencia para todos” del Fondo de Cultura Económica es el más vendido de la serie con 97 mil ejemplares.

“Mi trabajo de investigación, a lo mucho, lo leen unos cientos de personas, en cambio con ese libro de divulgación muchísimos jóvenes han llegado a decirme: ‘me metí a estudiar ciencia porque leí su libro’. Y esa es una gran satisfacción”, declaró Rodríguez.

Rodríguez Jorge, autor de más de 400 artículos arbitrados, lamentó que la divulgación de la ciencia siga siendo una actividad secundaria en la evaluación de un investigador ante el Sistema Nacional de Investigadores, las universidades y las instituciones.

Es importante mencionar que el pasado 6 de febrero se propuso una adición al artículo 2 de la Ley Orgánica del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología en materia de divulgación de la ciencia y la tecnología que fue turnado al Ejecutivo Federal para su publicación en el Diario Oficial de la Federación.