Educación y Ciencia para el desarrollo del sur de México

Educación y Ciencia para el desarrollo del sur de México
Por Javier Flores en La Jornada


La respuesta del gobierno federal ante las protestas por los actos de barbarie ocurridos en el estado de Guerrero el pasado septiembre, en los que fueron asesinadas seis personas y desaparecieron 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, tiene en el mensaje presidencial del jueves pasado dos componentes: por un lado, un decálogo que incluye el anuncio de reformas de carácter judicial, policiaco y para el combate a la corrupción. Por otra parte, el reconocimiento de las raíces económicas y sociales que mantienen al sur de México en el rezago. Es conveniente detenerse en el examen de este segundo aspecto, pues, de llevarse a la práctica las reformas anunciadas para impulsar el desarrollo de los estados de Guerrero, Oaxaca y Chiapas, estaríamos ante uno de los cambios más importantes impulsados por un movimiento social en nuestro país en el presente siglo.

El presidente Enrique Peña Nieto señaló el jueves que detrás de la violencia y la debilidad institucional que se evidenciaron con los acontecimientos en Iguala hay una dimensión económica y social. Se refirió a dos Méxicos; uno de ellos, el del sur, con niveles de pobreza y rezagos ancestrales que no han sido resueltos. Mientras los estados de la frontera norte y el Bajío incrementaron su producto interno bruto per capitaen 40 por ciento en los pasados 20 años, en los estados de Guerrero, Oaxaca y Chiapas prácticamente no aumentó. Y estas disparidades incluso se están ampliando, dijo.

También reconoció que la mayoría de los conflictos sociales y políticos más graves del país tienen origen, precisamente, en la falta de desarrollo de los estados de Chiapas, Guerrero y Oaxaca, y anunció medidas a corto y mediano plazos para estimular la economía de la región. Entre ellas un programa emergente para la creación, de infraestructura, de estímulo al empleo con créditos a las pequeñas y medianas empresas y para la agricultura, así como la reactivación económica de Acapulco.

En el mensaje el titular del Poder Ejecutivo anunció medidas más ambiciosas que incluyen inversiones para la creación y modernización de hospitales y carreteras y la construcción de tres gasoductos. Adelantó la conformación de tres zonas económicas especiales con un marco regulatorio e incentivos particulares: una que conectará el Golfo de México con el Pacífico; otra en Puerto Chiapas, y la tercera en el puerto Lázaro Cárdenas. Para ello se enviará al Congreso de la Unión en febrero una iniciativa para hacer realidad este programa. Para el caso del campo, Peña Nieto informó que publicaría un decreto con el fin de otorgar un trato fiscal diferenciado a los productores agrícolas de Guerrero, Oaxaca y Chiapas, así como medidas para impulsar el desarrollo de empresas agroindustriales en las tres entidades.

La vinculación de estas medidas con la respuesta social ante lo acontecido en Iguala es abierta e inocultable: “La gravedad del momento –dijo– nos debe llevar a innovar y a proponer lo que nunca se ha intentado”.

Entre los aspectos sociales a los que se refirió el Presidente en su mensaje pueden destacarse sus referencias a la educación y la investigación científica, con lo que, a mi juicio, toca el centro de la problemática social en el sur del país. Para empezar, la situación de las normales rurales, cuna del actual conflicto social que vive México, siempre combatidas por los sectores oficialistas, sometidas a condiciones presupuestarias que parecieran buscar su desaparición.

El apoyo a estas escuelas es urgente y una respuesta correcta ante la crisis actual, como también lo es la puesta en marcha de un programa de becas para favorecer la formación de recursos humanos en todos los niveles educativos en los estados de Chiapas, Guerrero y Oaxaca. Si, es cierto, las escuelas rurales pueden ser sitios en las que surgen luchadores sociales, porque en esas escuelas, por su composición y por estar en estrecho contacto con los problemas de la población, se convierten en naturales reflejos de la realidad cruda de los sectores más pobres del país. Son los intelectuales del campo, los representantes de sus padres, hermanos e hijos… los primeros dispuestos a decir ¡basta!

En cuanto a la investigación científica, esta es la mejor estrategia para fortalecer la educación superior y formar los cuadros que se requieren para dar soporte a cualquier programa de desarrollo económico. Permitiría fortalecer a las universidades estatales o acompañar la creación de nuevas escuelas o unidades científicas de instituciones nacionales bien consolidadas. Esto puede alinearse además con los planes para el avance científico y tecnológico que encabeza el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, para avanzar hacia una sociedad y economía basadas en el conocimiento.

En mi opinión, el programa planteado por el presidente Enrique Peña Nieto para el desarrollo del sur del país requiere del debate constructivo de la sociedad. Es importante tener muy claro que no se trata de dádivas. Es la respuesta ante la protesta de la sociedad por los hechos ocurridos en Iguala. Por eso hay que discutirla y vigilar su cumplimiento. Son los primeros efectos transformadores de la movilización social.

Por qué son necesarios más recursos para la ciencia en 2015

Por qué son necesarios más recursos para la ciencia en 2015
Por Javier Flores en La Jornada

Crear nuevas herramientas terapéuticas para enfrentar y combatir el cáncer es el propósito de la doctora Ruth Ruiz Esparza Garrido. La búsqueda de nuevas rutas para acceder a las células malignas en los tumores de mama y del cerebro, con el fin de identificar los blancos contra una de las principales causas de muerte en México, es la motivación principal de esta joven investigadora.

Después de estar sin empleo por más de dos años, desde que concluyó su doctorado, y a punto de dejar nuestro país en busca de las oportunidades que aquí no se le brindaban, logró por fin obtener trabajo gracias a las recientemente creadas Cátedras Conacyt para jóvenes investigadores.

Tuve la oportunidad de platicar con Ruth durante un receso de una reunión realizada el jueves pasado en el auditorio de la Academia Mexicana de Ciencias, en la que el director general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), Enrique Cabrero, acompañado por todos los directores adjuntos de ese organismo, dio la bienvenida a los 574 jóvenes científicos seleccionados este año en este programa.

Ruth me comentó que al principio estuvo decepcionada, como muchos de sus compañeros, por no poder conseguir trabajo y con ello las condiciones para realizar su proyecto de investigación; pero ahora la invade una gran motivación: Todos (los jóvenes recientemente contratados) tenemos una gran expectativa, para nosotros es una gran alegría formar parte de este proyecto y poder mostrar todo nuestro potencial, me dijo.

Este programa es una novedad en la administración pública de la ciencia y la tecnología. Además de buscar el rejuvenecimiento de la planta de investigadores en el país, está alineado con otras metas, como la creación de centros de investigación y el fortalecimiento de los existentes, así como la descentralización y desarrollo regional, pues las nuevas plazas se distribuyen preferentemente –aunque no de manera exclusiva– entre las instituciones científicas de las entidades federativas de menor desarrollo en estas áreas.

La convocatoria para la primera edición de las Cátedras Conacyt arrojó información muy interesante, como la inscripción en el padrón de alrededor de 3 mil jóvenes, lo cual da una idea de la gran potencialidad que tiene nuestro país, que, lamentablemente, está siendo desaprovechada (o aprovechada por otras naciones).

Las plazas otorgadas este año representan aproximadamente la cuarta parte de las que se necesitarían para cubrir la demanda. Si a esto se agrega que cada año se gradúan en México unos 8 mil jóvenes en el nivel de doctorado, podemos darnos idea del trabajo que queda por hacer en nuestro país. Estas cátedras son en realidad un experimento que muestra un camino que, en mi opinión, debe seguirse.

La creación de las Cátedras Conacyt ha sido complicada. Los jóvenes investigadores no son contratados por las instituciones en las que van a trabajar, pues son personal del Conacyt. La primera dificultad fue convencer a algunos funcionarios y políticos de que no se trataba de personal para aumentar la burocracia en ese consejo, sino de científicos que van a realizar proyectos en beneficio del país. Otra dificultad han sido las instituciones, para las que puede resultar incómodo tener personal que no está bajo su mando (aunque los jóvenes tienen que ceñirse a todas las reglas institucionales). Esto ha llevado a realizar contratos individualizados.

Pero la razón de lo anterior es muy simple: se trata de proteger a los jóvenes para que puedan dedicarse íntegramente a sus proyectos pues, como ha señalado en diversas ocasiones el director general del Conacyt, hay una edad en la que los científicos deben tener la posibilidad de desplegar al máximo su potencial. Cada investigador recién contratado (y la institución) recibe además un apoyo por 500 mil pesos para poner en marcha sus proyectos.

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con el presupuesto de ciencia? El proyecto de presupuesto para ciencia, tecnología e innovación (CTI) para 2015, que analizará en breve la cámara de Diputados, es de 88 millones de pesos. Si bien hay un incremento de aproximadamente 4 por ciento en términos reales respecto del del año previo, se trata de un aumento moderado, el cual, como ya he señalado aquí (La Jornada, 9/9/14), pone en duda la meta planteada por el presidente Enrique Peña Nieto de alcanzar uno por ciento del producto interno bruto para estas actividades en 2018.

Ante los crecientes rumores de ajustes a la propuesta enviada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Púbico dada la reducción transitoria de los precios del petróleo, el presupuesto para CTI no sólo debe mantenerse, sino incrementarse en algunos rubros. Uno de ellos es precisamente el de las Cátedras Conacyt. La propuesta de Hacienda prevé la creación de tan sólo 225 nuevas plazas (contra 574 en 2014).

Los diputados pueden contribuir de manera decisiva a corregir estas deficiencias en la propuesta presupuestaria, y acortar la brecha respecto de las metas planteadas por el gobierno federal.

El gasto en el programa de ciencia y tecnología

El gasto en el programa de ciencia y tecnología
Por Javier Flores en La Jornada

El pasado 20 de mayo se reunió nuevamente el Consejo General de Investigación Científica, Desarrollo Tecnológico e Innovación. Esto es en sí mismo un acontecimiento relevante, pues dicho Consejo –el cual legalmente debe ser encabezado por el presidente de la República– se había convertido en algo inexistente a causa del desdén y menosprecio de las anteriores administraciones por la investigación científica y tecnológica. Se trata entonces de una noticia positiva, ya que el órgano máximo en este sector, de acuerdo con la Ley de Ciencia y Tecnología, no solamente está vivo, sino en plenas funciones.

El Consejo se reunió el martes pasado para aprobar un documento muy esperado: el Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación 2014-2018 (PECITI), al que en un acto posterior realizado ese mismo día en Los Pinos (en el que se anunciaron diversas reformas legales en esta materia), el presidente Enrique Peña Nieto se refirió como “(…) una hoja de ruta para que este sector pueda alinear los esfuerzos con las dependencias y entidades del gobierno de la República, con los gobiernos estatales, así como el de las empresas que realizan o apoyan la investigación científica o la innovación. A través de este programa, fomentaremos la vinculación con el sector productivo, el desarrollo regional y la formación de mayor capital humano de alto nivel”.

Se trata, ni más ni menos, que del programa para la ciencia en lo que resta del sexenio, el cual, una vez que sea publicado en el Diario Oficial, quedará a disposición de los especialistas e interesados para su análisis. Por lo pronto, el doctor Enrique Cabrero Mendoza, director general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), destacó algunos aspectos de este documento, uno de los cuales se refiere al gasto en ciencia:

“Se confirma –dijo– el compromiso de este Gobierno de llevar a México a un nivel de inversión en ciencia y tecnología del uno por ciento del producto interno bruto (PIB), y poner así a México en la ruta hacia una sociedad y economía basadas en el conocimiento”. Aunque se ha hablado mucho sobre este tema, reafirmar la citada promesa a la hora de anunciar el programa nacional de ciencia y tecnología del sexenio es a mi juicio algo muy importante.

En esa ceremonia también habló el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, quien actualizó algunos datos acerca del gasto en este sector. Señaló que la inversión en ciencia y tecnología pasó de 0.43 por ciento en 2012 a cerca de 0.5 por ciento del PIB en 2014. Sin intentar minimizar el esfuerzo realizado hasta ahora, lo anterior significa que si bien el gasto se encuentra en ascenso (con un aumento aproximado de siete centésimas) todavía estamos en una franja muy pobre y habrá que realizar esfuerzos extraordinarios para lograr la meta del uno por ciento. ¿Es factible alcanzar este objetivo?

El secretario de Hacienda aclaró, como lo han venido haciendo otros funcionarios, que la meta se refiere a la inversión conjunta de los sectores público y privado. Si suponemos que se mantiene la tendencia actual de crecimiento, para 2018 se alcanzaría alrededor de 0.8 por ciento del PIB. El gobierno puede comprometerse con sus propias acciones, pero no se puede comprometer a nombre del sector privado, el cual no sabemos cómo va a reaccionar en el futuro inmediato. Entonces el 0.2 por ciento faltante tendría que salir de algún lado. Significa que tiene que aumentarse el ritmo de crecimiento del gasto gubernamental, el del gasto privado, o ambos.

Pero lo que no puede suceder, es un estancamiento o una caída de la inversión, pues eso impediría alcanzar la meta a la que se ha comprometido el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

La primera ley sobre divulgación científica

La primera ley sobre divulgación científica
Por Javier Flores en Foro Consultivo Científico y Tecnológico

Una de las cosas que llama la atención de la primera ley sobre la divulgación científica enviada el pasado 6 de febrero al Poder Ejecutivo para su publicación en el Diario Oficial, es que en su largo recorrido legislativo contó con el respaldo de todos los partidos políticos. Desde la votación inicial en la sesión plenaria de la Cámara de Diputados del 26 de abril de 2011, obtuvo 409 votos a favor, sólo uno en contra y una abstención. Luego, al pasar a la Cámara de Senadores en la que se le hicieron algunas modificaciones, el pleno la aprobó por unanimidad con 88 votos. De regreso a San Lázaro en la que se le hicieron todavía algunos ajustes, la votación final tampoco registró sufragios negativos o abstenciones y fue aprobada por 300 votos surgidos de todos los grupos parlamentarios. Estamos así ante un ordenamiento legal producto del consenso entre grupos sociales (o sus representantes) con posturas políticas e ideologías distintas, que coinciden en la importancia que tiene el conocimiento científico y la necesidad de llevarlo a sectores amplios de la población.

Todo el proceso legislativo que llevó a la aprobación del decreto que modifica la Ley Orgánica del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) es muy interesante, pues nos muestra, además, qué es lo que entienden los diputados y los senadores por divulgación de la ciencia, y cuáles son los beneficios que esperan se produzcan en la sociedad a través de ella. También permite examinar cuáles son los alcances de la modificación legal y cuáles sus limitaciones.

El artículo segundo de la Ley Orgánica del Conacyt incluye ahora en uno de sus incisos lo siguiente:

“XI. Apoyar la generación, difusión y aplicación de conocimientos científicos y tecnológicos.

Para ello, el Conacyt deberá emprender acciones que fomenten y fortalezcan las actividades de divulgación científica entre los investigadores del país y las organizaciones de la sociedad civil.

De igual forma, deberá incentivar la vinculación entre estos actores y las instituciones del sistema educativo nacional a fin de fortalecer la capacitación de los educadores en materia de cultura científica y tecnológica”.

De acuerdo con lo anterior corresponde al Conacyt fomentar y crear incentivos para la divulgación científica. No podría haber un mejor momento para que esto ocurra, no sólo porque este Consejo ahora cuenta con los recursos para hacerlo, sino además porque en su cuerpo directivo se encuentran personas que conocen en detalle qué es la divulgación y la comunicación pública de la ciencia y comprenden su importancia, cito como ejemplos al propio director general, Enrique Cabrero, quien se ha propuesto llevar a México hacia una sociedad del conocimiento, y a la doctora en física Julia Tagüeña, actual directora adjunta de Desarrollo Científico, quien ha sido directora general de Divulgación de la Ciencia en la Universidad Nacional Autónoma de México y presidenta de la Sociedad Mexicana de esa especialidad.

De acuerdo con la nueva disposición, la responsabilidad del Conacyt tiene dos componentes: Por un lado fomentar entre los investigadores las tareas de divulgación. Significa que se deberán realizar acciones para que compartan con personas no especializadas los conocimientos que se producen en sus respectivos campos a escala mundial y los avances en sus propias investigaciones. Aunque no sé si se llegue hasta allá, en mi opinión, el fomento a la divulgación ameritaría ajustes en los criterios de evaluación del Sistema Nacional de Investigadores.

También esta labor del Conacyt deberá incluir a las organizaciones de la sociedad civil. ¿Quiénes son éstas? Si atendemos a las consideraciones en los distintos proyectos de decreto discutidas por los legisladores, los ejemplos serían organismos como la Academia Mexicana de Ciencias, el Foro Consultivo Científico y Tecnológico, o las diferentes sociedades científicas –que son asociaciones civiles–, aunque podría ampliarse a otras que surjan con ese propósito.

El segundo componente consiste en conectar a los investigadores y organizaciones civiles con el sistema educativo en todos sus niveles (originalmente se refería sólo a la educación básica, pero fue corregido por el Senado). Esta vinculación tiene en esta ley un objetivo: la capacitación de los maestros.

El nuevo ordenamiento representa un avance innegable en la difusión del conocimiento. Pero cada paso hacia adelante nos muestra también qué tan lejos queda el objetivo. La principal limitación de esta ley es, a mi juicio, que está diseñada sólo para el campo de la educación formal. No todos los mexicanos tienen el privilegio de asistir a una escuela. Una de las armas principales con las que cuenta la divulgación de la ciencia, y es parte de su propia esencia, es su capacidad para desenvolverse en el vasto territorio de la educación no formal, lo que permite llegar a todos… Al menos sabemos hacia dónde tenemos que ir ahora.

Investigación e innovación en las empresas

Investigación e innovación en las empresas
Por Javier Flores en La Jornada

Durante 2011, el número de empresas con 20 empleados o más que llevaron a cabo actividades de investigación y desarrollo tecnológico (IDT) fue de mil 789, lo que representa sólo 5 por ciento del total. Este dato ilustra con claridad la escasa contribución de este sector al desarrollo científico, tecnológico y a la innovación en México.

El anterior es uno de los resultados de la Encuesta sobre Investigación y Desarrollo Tecnológico, realizada conjuntamente por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) cuyos resultados principales se presentaron el pasado 14 de noviembre. Me voy a referir brevemente a cuatro aspectos: a) las capacidades de innovación de las empresas, b) los recursos que destinan a las tareas de IDT, c) el personal de investigación empleado en ellas y d) su distribución geográfica

1. Innovación en las empresas. La encuesta contiene información que abarca el bienio 2010 y 2011 y revela que cerca de 90 por ciento de las empresas asentadas en México no introducen productos nuevos. En ese periodo, de 35 mil 718 empresas encuestadas solamente 11.7 por ciento (4 mil 117) realizaron proyectos de innovación de al menos un tipo: a) producto (bienes o servicios), b) proceso (incluye métodos), c) organizacional o d) mercadotecnia. De las que realizaron innovación en producto solamente 503 tuvieron alcance a nivel mundial.

Lo anterior muestra que las empresas que realizan innovación no sólo son escasas también en muy pocos casos sus productos tienen impacto en los mercados internacionales.

Las empresas que son innovadoras obtienen 61.4 por ciento de sus ingresos de los nuevos productos y de productos calificados como significativamente mejorados.

Lo anterior confirma algo que se sabe en todo el mundo: Las innovaciones son base importante de los ingresos de las empresas… Aunque la existencia de una gran mayoría de establecimientos que no realizan actividades de IDT ni hacen innovaciones en México, lleva a pensar que éstas se ven recompensadas de modo satisfactorio sin ellas, de otra forma no se podría explicar su existencia.

2. El gasto en IDT. Hay un dato que resulta paradójico: Si bien son pocas las empresas que realizan actividades de IDT, su gasto en esta actividad es muy significativo, pues en 2011 fue de 24 mil 122 millones. Esta cantidad no es poca cosa. Con fines comparativos puede decirse que fue equivalente a 41 por ciento del gasto del gobierno federal en ciencia y tecnología, y superior al presupuesto total del Conacyt en ese mismo año.

Tenemos así muy pocas empresas que realizan actividades de IDT, pero que destinan recursos que para los estándares locales son elevados (no sucede lo mismo al realizar comparaciones a nivel internacional, pues una sola empresa multinacional destina más dinero a IDT que varios países latinoamericanos juntos, incluido México).

3. El personal de investigación. En 2011, el número de personas dedicadas a actividades de IDT fue de 35 mil 019, de las cuales 13 mil 692 son investigadores y tecnólogos (39.1 por ciento del total), el resto se distribuye entre personal técnico o equivalente y de apoyo administrativo.

El número de especialistas en las empresas no es despreciable tampoco, si consideramos que ese mismo año el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) contaba 17 mil 637 miembros. Surgen preguntas sobre cuántos de los que laboran en empresas pertenecen al SNI, sospecho que muy pocos.

4. Distribución geográfica. El gasto empresarial se concentra principalmente en tres entidades que en conjunto representan cerca de 70 por ciento del total: Distrito Federal (52 por ciento), Nuevo León (10.2) y estado de México (8.3). Algo semejante se observa en la ubicación geográfica del personal de investigación el cual se concentra principalmente en el Distrito Federal (42 por ciento del total), Nuevo León (10.4), Chihuahua (8.0), estado de México (6.6) y Jalisco (5.0).

Lo anterior muestra una importante centralización de los recursos para IDT a nivel empresarial, pues la mitad del gasto y de personal de investigación en las empresas se concentra en el Distrito Federal y el resto tiende a concentrarse en muy pocas entidades federativas.

Todo lo anterior es una especie de fotografía reciente que muestra algunos de los rasgos principales de las empresas en las actividades de ciencia, tecnología e innovación en México, que será de gran utilidad en la elaboración de políticas públicas que involucren a este sector.

El triunfo de la objetividad científica

El triunfo de la objetividad científica
Nota publicada por Javier Flores en La Jornada (3 Septiembre 2013)

El pasado 26 de julio concluyó en Londres, Inglaterra, el juicio contra Gary Bolton, quien encabeza la empresa Global Technical LTD fabricante de un dispositivo singular llamado GT200, capaz de detectar –de acuerdo con sus creadores y comercializadores–, diferentes tipos de drogas y sustancias ilícitas, así como armas y explosivos. Contar con un dispositivo con esas cualidades sería, desde luego, el sueño de cualquier autoridad que busca perseguir a los delincuentes y hacer que se cumplan las leyes. Pero Bolton, acusado de fraude, fue condenado, al demostrarse sin lugar a dudas la inutilidad de ese instrumento.

Lo interesante de este caso es que desde 2005 y hasta mayo de 2013, se habían adquirido en nuestro país más de 940 de estos dispositivos. Los aparatos fueron comprados entre otras dependencias por la secretarías de la Defensa Naciona (aproximadamente 742 unidades) y de Marina (102) así como por Petróleos Mexicanos (54). También fue adquirido y empleado por algunos gobiernos estatales.

El GT200 es un aparato muy simple que tiene una manija de plástico con una antena adosada, como la de los radios comunes, la cual gira a partir de un eje. El operador camina con el aparato en la mano y la antena gira hacia la derecha o la izquierda apuntando hacia donde están ocultas las armas o las drogas. El aparato tiene en su interior una tarjeta formada por una fotocopia carbonizada de la sustancia que se desea encontrar, por ejemplo, mariguana o cocaína. Sí, leyó usted bien ¡fotocopia cabonizada!, o bien estar completamente hueco, como lo han demostrado pruebas con rayos X. No tiene en su interior ningún dispositivo electrónico o químico que permitieran detectar sustancia alguna. El precio del artefacto oscila entre 280 mil y 580 mil pesos por cada uno.

Pero lo que yo quiero resaltar aquí, es que ante este monumental y vergonzoso fraude se alzaron las voces de dos científicos mexicanos: Luis Mochán Backal, del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México, y Alejandro Ramírez Solís de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Morelos, quienes se dieron cuenta de inmediato del posible engaño y comenzaron a estudiar la información técnica en la que los fabricantes sustentaban la utilidad del GT200. Luego, en 2011, realizaron en las instalaciones de la Academia Mexicana de Ciencias, la única prueba científica controlada realizada en México para evaluar la eficacia del dispositivo cuyos resultados fueron publicados (puede consultarse el artículo completo en: www. arxiv.org/pdf/1301.3971v1.pdf). Las conclusiones a las que llegan los autores son las siguientes:

La prueba que se describe en este artículo nos permite concluir que el GT200 resultó completamente ineficaz como instrumento para detectar las sustancias y municiones utilizadas como muestra cuando el operador desconoce de antemano dónde se ha ocultado la sustancia. Es importante señalar que el fabricante y sus usuarios han afirmado que el GT200 detecta e identifica nanogramos e incluso picogramos de cientos de sustancias, tales como múltiples drogas y explosivos, desde distancias tan lejanas como cientos o incluso miles de metros, mientras están ocultas en lugares presumiblemente desconocidos. En esta prueba se utilizó más de un kilogramo de pastillas que contienen aproximadamente 50 g. de la Clorobenzorex, droga estimulante, así como cuatro balas. Se sabía que se ocultaban en una de ocho cajas, y los operadores podían explorarlas con libertad desde distancias no mayores de 100 metros y podían acercarse a las cajas a la distancia que desearan. También es importante destacar que la muestra empleada en esta prueba, supuestamente se había detectado previamente en el exterior de una casa y forma parte de la evidencia actualmente empleada en contra de su morador, acusado de tráfico de drogas ilegales. Durante esta prueba, el GT200 acertó sistemáticamente la ubicación correcta de la muestra sólo cuando sus operadores sabían de antemano donde estaba escondida, y cuando no lo sabían, el GT200 falló absolutamente y arrojó resultados plenamente consistentes con una selección al azar. Por tanto, el GT200 necesariamente es manipulado por el usuario al apuntar hacia la ubicación en la que espera que la muestra esté oculta, a pesar de que puede no ser consciente de esta manipulación. El GT200 en sí no proporciona información sobre la ubicación de la muestra, incluso cuando es utilizado por operadores capacitados y certificados. Por tanto, llegamos a la conclusión de que el GT200 no tiene valor como un detector de esas sustancias.

Las lecciones que nos deja esta historia son múltiples, pero me interesa resaltar sólo algunas de ellas. La primera es que todavía existen en el mundo fraudes que se comenten aprovechando la ignorancia científica. La segunda es que México cuenta con investigadores de alto nivel y con las instituciones que permiten detectarlos. En consecuencia las autoridades, antes de embarcarse en proyectos que requieren de conocimientos o habilidades técnicas, o que pueden lastimar a personas (hubo detenciones y encarcelamientos injustificados basados en el GT200), deben pedir asesoría y recurrir a los expertos mexicanos.

Ciencia, tecnología y reforma energética

Ciencia, tecnología y reforma energética
Nota publicada por Javier Flores en La Jornada (27 Agosto 2013)

Entre los argumentos presentes en el proyecto para la reforma de los artículos 27 y 28 de la Constitución, aparece con frecuencia la debilidad tecnológica en la que se encuentra nuestro país para aprovechar sus recursos energéticos, por lo cual se hace necesaria –se afirma– la participación privada que pueda aportar, entre otras cosas, los conocimientos y tecnologías que actualmente no tenemos. El texto enviado por el titular del Poder Ejecutivo al Senado determina que: “… el petróleo de fácil acceso se está agotando y cada vez son mayores los desafíos que se enfrentan para su explotación, entre ellos altos riesgos, grandes inversiones, alta capacidad operativa y la necesidad de recursos tecnológicos cada vez más desarrollados”.

Es cierto que en la explotación petrolera –como en cualquier otro campo del conocimiento o de la producción–, una sola nación no lo tiene todo, por lo que en ocasiones debe recurrir a los convenios de colaboración o acuerdos con otras naciones. Pero también es cierto que debe ponerse en ellos un especial cuidado, con el fin de evitar caer en una mayor dependencia científica y tecnológica respecto a los países que cuentan con mayores recursos económicos y/o técnicos.

La aceptación abierta de la falta de capacidad tecnológica de nuestro país para aprovechar uno de los recursos más importantes para su desarrollo, es algo que desde hace varios años se observa como algo natural, como una verdad incuestionable que no debe sorprender a nadie. Pero es muy importante admitir que el atraso tecnológico en el que nos encontramos es el resultado de la falta de visión que ha llevado a un desarrollo muy limitado de la ciencia y la tecnología en nuestro país en general y en particular en el sector energético. En otras palabras, durante décadas cometimos el error de no invertir lo suficiente en ciencia y tecnología en estas áreas y ahora debemos pagar el elevado precio de la ignorancia.

Políticas equivocadas (o deliberadas) impulsadas en el pasado han llevado a que nuestros institutos de investigaciones en el sector energético vivan en la penuria, o realicen sus actividades en una franja muy estrecha que no corresponde en absoluto con la magnitud de las empresas a las que están asociadas como Petróleos Mexicanos o la Comisión Federal de Electricidad.

Todo el gasto nacional en ciencia y tecnología en México (70 mil millones de pesos este año) es comparativamente menor al de una sola empresa trasnacional o el de algunas universidades en el mundo desarrollado. El sector energético representa apenas 9.5 por ciento de la cantidad señalada. Los presupuestos de las instituciones de investigación de este sector son sumamente bajos: El Instituto Mexicano del Petróleo (5 mil millones), el Instituto Nacional de Investigaciones Eléctricas (912 millones) y el Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares (725 millones). Debo señalar aquí que a pesar de los bajos presupuestos con los que operan estos institutos, cuentan con investigadores con calidad comparable a los de cualquier parte del mundo, algo de lo que podemos sentirnos muy orgullosos.

Cualquier esquema de colaboración o contratos que involucren a la tecnología deben contar con una contraparte que entienda la importancia de la transferencia de saberes. Se debe buscar en todo momento las condiciones más ventajosas y el beneficio del país. Como parte de la reforma energética, ahora se habla de contratos de riesgo compartido, pero en la discusión pública no se aborda el tema de la transferencia de tecnología en este tipo de contratos, cuando en mi opinión se trata de un aspecto central en el que está en juego nuestro futuro como nación independiente.

Por otra parte, el proyecto de reforma energética propuesto por el presidente Enrique Peña Nieto no parece transitar por un camino terso. La reforma de los artículos 27 y 28 de la Constitución es muy explosiva, porque entre las justificaciones que aparecen en el texto enviado al Senado se incluye una interpretación particular de las ideas del general Lázaro Cárdenas del Río, el líder que nacionalizó el petróleo. Esto ya ha dado lugar a un debate muy intenso con quienes sostienen que las ideas del visionario general están siendo tergiversadas (la versión del actual gobierno ha sido rechazada entre otros por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas), lo que no augura nada bueno, pues la propuesta de reforma constitucional se inicia así con una confrontación en la que aún no hay nada decidido.

La “doble vida” del cromosoma X

La “doble vida” del cromosoma X
Nota publicada por Javier Flores en La Jornada (23 Julio 2013)

El pasado domingo se publicó un artículo excepcional en la revista Nature Genetics que revela aspectos hasta ese momento desconocidos del cromosoma X. Lo que hace especial a este trabajo, es que aparentemente se dirige a responder a una pregunta muy específica, pero en el trayecto se encuentra con datos, cuya importancia es tal, que obligan a replantearse la importancia biológica y médica de este cromosoma.

El objetivo original del estudio realizado por el grupo del profesor David C. Page, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, cuyo primer autor es Jacob L. Mueller, consistía aparentemente en comparar el cromosoma X de humanos y ratones para probar la Ley de Ohno (una idea propuesta por el biólogo japonés Susumu Ohno en 1967), según la cual el contenido genético de este cromosoma se conserva a lo largo de la evolución en todos los mamíferos placentarios.

Además de responder negativamente a esta pregunta, pues los resultados muestran que en nuestra especie el cromosoma X no se ajusta del todo a esa ley, los datos obtenidos revelan que amplias porciones de este cromosoma, considerado tradicionalmente como la contraparte femenina del cromosoma masculino Y, han evolucionado por una ruta independiente a la de otros mamíferos ¡para desempeñar un papel especializado en la producción de esperma! Y esta es, en mi opinión, la gran sorpresa. Dicho en otras palabras, este trabajo encuentra regiones del ácido desoxirribonucleico (ADN) –que no se conocían en el cromosoma X– relacionadas con la función testicular.

En este trabajo la metodología empleada desempeña un papel central, pues para mostrar lo anterior, Mueller y sus colaboradores desentrañaron aspectos ocultos en la estructura del (ADN) en el cromosoma X. Me voy a detener un poco en este aspecto: Lo que hicieron estos investigadores fue emplear un método especial de secuenciación que examina en gran detalle las regiones conocidas como amplicónicas.

Estas regiones son secuencias altamente repetitivas que contienen segmentos de nucleótidos (unidades básicas de la cadena de ADN) que son virtualmente idénticos, lo que en ocasiones impide el reconocimiento de diferencias pequeñas que pueden ser muy importantes. En estas zonas son abundantes los fragmentos, que son imágenes en espejo unos de otros, a los que se conoce como secuencias palindrómicas, de gran importancia en la función de los genes. Esta técnica fue desarrollada y empleada una década atrás en el laboratorio de Page, lo que le dio en ese momento gran fama, pues permitió el conocimiento completo de la estructura del cromosoma Y.

Ahora Page y su grupo utilizaron esta técnica para indagar la estructura del cromosoma X. La nueva secuencia llena los vacíos presentes en la antigua secuencia de referencia (empleada en la mayoría de los trabajos de investigación anteriores), corrige regiones con ensamblajes perdidos e identifica por primera vez nuevas regiones amplicónicas, por lo que se convierte ahora en la secuencia de referencia del cromosoma X, a disposición de la comunidad científica. En mi opinión, ésta es también una de las mayores contribuciones del trabajo que se comenta.

Pero volviendo al punto inicial, al comparar los cromosomas X entre ratones y humanos, se encontró que si bien un alto porcentaje de la estructura genética se comparte en las dos especies, aproximadamente 340 genes no lo hacen, y estos se encuentran principalmente en las regiones amplicónicas ya citadas. De acuerdo con los autores, estos genes se expresan en las células germinales del testículo probablemente para la producción de espermatozoides. Se abre así una importante línea de investigación para averiguar con precisión cuáles son las funciones de estos genes en la reproducción humana.

En una nota de prensa difundida por el Instituto Whitehead para la Investigación Biomédica de Cambridge, Massachusetts, David C. Page al referirse al cromosoma tradicionalmente considerado femenino señaló: “Vemos esto como la doble vida del cromosoma X… Es el cromosoma más famoso y el más intensamente estudiado en la genética humana. Su historia ha sido la de las enfermedades recesivas como el daltonismo, la hemofilia y la distrofia muscular de Duchenne”. Pero hay otra cara del X, dijo Page, que está evolucionando rápidamente y parece estar en sintonía con las necesidades reproductivas de los hombres.

Chuayffet: las relaciones entre ciencia y educación

Chuayffet: las relaciones entre ciencia y educación
Nota publicada por Javier Flores en La Jornada (25 Junio 2013)

El jueves pasado el secretario de Educación, Emilio Chuayffet, estableció un primer contacto con la comunidad científica del país, al participar en la ceremonia de inicio del 54 año académico de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC). Dijo que no podía estar ausente en esa ceremonia, debido a que el Presidente de la República había sido muy enfático en considerar a la ciencia y a la tecnología como las llaves para abrir las puertas de la productividad y lo que permitirá a México consolidarse como una potencia emergente en los próximos años. Hay cosas muy relevantes en lo dicho en esa ocasión por el titular de la Secretaria de Educación Pública (SEP), por lo que resulta interesante examinar algunos aspectos de su mensaje.

De acuerdo con la ley, la cabeza del sector de ciencia y tecnología es formalmente el Presidente de la República, no obstante, en el sexenio de Enrique Peña Nieto esas actividades han quedado implícitamente bajo el cobijo de la SEP. Así lo indica, por ejemplo, la estructura del programa de gobierno. En el Plan Nacional de Desarrollo, ciencia, tecnología e innovación forman parte del capítulo titulado: México con Educación de Calidad, cuya elaboración fue coordinada por el licenciado Chuayfeet Chemor.

Hoy el gobierno vuelve a acercarse a los científicos porque cree en ellos y cree en la ciencia como palanca de desarrollo, dijo el secretario de Educación Pública, en un mensaje en el que se dio tiempo para citar a Issac Asimov, resaltando la importancia de la curiosidad científica; a Esquilo, reviviendo el mito del fuego sagrado de Prometeo, y el manifiesto Russell-Einstein, recordando la responsabilidad social que tienen la ciencia y los científicos. La actitud del titular de la SEP fue en todo momento muy cordial, abierta y propositiva, una postura que buscaba quizás enfatizar la diferencia con el enorme desdén que tuvieron las administraciones panistas hacia la ciencia y los científicos.

Chuayffet recordó las metas determinadas por el presidente Enrique Peña Nieto para su administración: Llegar al 1 por ciento del producto interno bruto en inversión en ciencia y tecnología; fortalecer la infraestructura científica y tecnológica para que el país cuente con espacios adecuados y dignos para cultivar el conocimiento, e impulsar el desarrollo de las vocaciones y las capacidades científicas, tecnológicas y de innovación locales, para fortalecer el desarrollo regional. A pesar de que pudiera parecer reiterativo, insistir en estos puntos es muy importante, pues significa recordar y reafirmar los compromisos que ha establecido el gobierno de la República con la ciencia y la tecnología.

Pero además el secretario de Educación incluyó entre esas metas las relacionadas más estrechamente con la educación: Trabajar en favor de la transferencia y el aprovechamiento del conocimiento, vinculando a las instituciones de educación superior y los centros de investigación con los sectores público, social y privado; contribuir a la formación y fortalecimiento de capital humano de alto nivel para que más mexicanos tengan la posibilidad de dedicarse a la ciencia, y desarrollar programas educativos desde el nivel básico con núcleos curriculares que contengan el aprendizaje del conocimiento científico.

Es importante detenerse en el último punto. Chuayffet habló de la necesidad de que México transite hacia una economía basada en la información y el conocimiento y por eso, dijo, debemos incrementar nuestra capacidad de hacer, pero también de enseñar ciencia.

Aumentar las capacidades del país para enseñar ciencia. Creo que este fue el punto central de su mensaje y el único en torno al cual realizó una propuesta de colaboración explícita con la comunidad científica. A juicio del secretario, de la enseñanza de la ciencia depende que los jóvenes obtengan las habilidades que se requieren para aprender y seguir aprendiendo, y la capacidad para tomar decisiones que les permitan resolver los problemas de la vida.

Emilio Chuayffet invitó a la comunidad científica, a realizar un ejercicio conjunto que permita determinar cuál es la ciencia que se necesita enseñar y cuáles son las mejores alternativas para acercarla a la población. Lo necesita México, enfatizó.

Lo anterior es de la mayor importancia, pues abre la posibilidad de concretar iniciativas para mejorar la enseñanza de las matemáticas y las ciencias. Algunas de estas iniciativas ya han sido desarrolladas en el medio científico, particularmente en la AMC, y ensayadas con resultados satisfactorios, aunque a pequeña escala. Para llevar la ciencia a la población, se requiere además del impulso a la difusión y divulgación de la ciencia, áreas en las cuales también la comunidad científica cuenta con gran experiencia, de tal manera que este acercamiento del secretario de Educación, podría rendir importantes frutos en beneficio del país.

Ciencia: Avances en la equidad de género

Ciencia: Avances en la equidad de género
Nota publicada por Javier Flores en La Jornada (11 Junio 2013)

Aunque sea difícil creerlo, en nuestro país no todas son malas noticias. El pasado viernes se publicaron en el Diario Oficial de la Federación reformas a la Ley de Ciencia y Tecnología con las que se busca lograr la equidad y mejores condiciones para la participación de las mujeres en estas actividades.

La citada ley es el ordenamiento principal que rige las actividades científicas, tecnológicas y de innovación en México. Los senadores, y en particular las comisiones de Ciencia y Tecnología, que preside Alejandro Tello Cristerna, y de Estudios Legislativos, que encabeza Raúl Gracia Guzmán, tomaron con seriedad una iniciativa de reforma que había sido enviada desde octubre de 2011 por la Cámara de Diputados, la analizaron y la sometieron al pleno.

En la iniciativa de los diputados (que fue aprobada en la Cámara Baja con 303 votos a favor) se señala la necesidad de establecer condiciones de igualdad de trato y oportunidades entre hombres y mujeres en las actividades científicas, tecnológicas y de innovación.

En el documento, los diputados afirman además que en la actualidad las mujeres enfrentan situaciones que no les permiten participar plenamente en la sociedad, a causa de una discriminación deliberada e inconsciente, justificada en la tradición y las costumbres, por lo cual es necesario adoptar medidas que detecten y corrijan los persistentes y sutiles factores que ponen a las mujeres en desventaja frente a los hombres con la finalidad de prevenir la pérdida de talentos.

Por su parte, las comisiones del Senado reconocieron en sus análisis que frente a las grandes aportaciones de las mujeres al conocimiento, uno de los desafíos del Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación es incentivar y promover su participación y desarrollo en estos campos.

Como ejemplo de la escasa participación de las mujeres en estas actividades, los senadores recurrieron a las cifras de la presencia femenina en el Sistema Nacional de Investigadores, en el cual representan 33 por ciento del total; y en la Academia Mexicana de Ciencias, en la que la proporción es apenas 23 por ciento.

Diputados y senadores coincidieron en que era imprescindible que desde las leyes se impulsaran políticas de estímulo que incluyan medidas de acción positiva para fomentar la participación equitativa de las mujeres en todas las áreas y niveles vinculados a estas actividades.

Con las reformas y adiciones a la Ley de Ciencia y Tecnología los artículos siguientes quedaron así:

Se añade al artículo 2 una nueva fracción VIII que dice: Promover la inclusión de la perspectiva de género con una visión transversal en la ciencia, la tecnología y la innovación, así como una participación equitativa de mujeres y hombres en todos los ámbitos del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.

Se reforma también la fracción V del artículo 12 que ahora determina: V. Las políticas instrumentos y criterios con los que el gobierno federal fomente y apoye la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación deberán buscar el mayor efecto benéfico, de estas actividades, en la enseñanza y el aprendizaje de la ciencia y la tecnología, en la calidad de la educación, particularmente de la educación superior, en la vinculación con el sector productivo y de servicios, así como incentivar la participación equilibrada y sin discriminación entre mujeres y hombres y el desarrollo de las nuevas generaciones de investigadores y tecnólogos.

Se agregó un tercer párrafo al artículo 14 que ahora señala: En la medida de lo posible el sistema deberá incluir información de manera diferenciada entre mujeres y hombres a fin de que se pueda medir el impacto y la incidencia de las políticas y programas en materia de desarrollo científico, tecnológico e innovación.

Se reformó además el primer párrafo del artículo 42, que ahora dice: El gobierno federal apoyará la investigación científica y tecnológica que contribuya significativamente a desarrollar un sistema de educación formación y consolidación de recursos humanos de alta calidad en igualdad de oportunidades y acceso entre mujeres y hombres.

En la sesión del pleno en el Senado la iniciativa fue aprobada con 88 votos en favor y ninguno en contra. La gran coincidencia en el voto mayoritario de diputados y senadores ante estos cambios, muestra que en el Poder Legislativo de México se ha generado ya una gran conciencia sobre la importancia de garantizar condiciones equitativas para las mujeres.

El decreto fue firmado por el Presidente de la República y publicado el 7 de junio en el Diario Oficial de la Federación, lo cual, en mi opinión, es resultado de la lucha realizada durante años, con enormes esfuerzos, por las mujeres de nuestro país. ¡Enhorabuena!