La política científica en México cambia de rumbo

La política científica en México cambia de rumbo
Por Verónica Garduño G. en Cinvestav: Avance y Perspectiva

Falta de becas, escasez de plazas, deterioro en el equipamiento, carencias en los laboratorios, deficiencias en la infraestructura y ausencia de nuevos centros de investigación han sido algunas de las carencias tradicionales que ha enfrentado la ciencia mexicana a lo largo del tiempo.

Incluso, hasta hace poco tiempo importantes científicos como Pablo Rudomín, Investigador Emérito del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), dudaban de la existencia de una política pública “yo sostenía la tesis de que si hay una política científica y la política científica es que no haya una política científica, suena un poco paradójico lo que estoy diciendo, pero la verdad es que se han dejado las cosas así al bamboleo, al momento y eso es una política en sí”.

Pese a la aparente inexistencia de esa política pública, las y los científicos mexicanos han destacado por su trabajo a nivel internacional, haciéndose acreedores a becas y reconocimientos por su esfuerzo.

A decir de José Franco, Coordinador General del Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCyT) los logros en la ciencia, al igual que en el deporte, son personales “hay áreas en que debido a un esfuerzo personal de los investigadores hemos visto logros, como en astrofísica, biotecnología, medicina e ingeniería, lamentablemente no son parte de una cultura de logros”.

René Asomoza, ex Director General del Cinvestav, coincide en la valía de las y los investigadores mexicanos: “en México hay muy buenos investigadores, muy destacados, que han hecho muy buenas contribuciones, el problema que yo veo es que son muy poquitos, el sistema científico mexicano es muy pequeño, se tienen muy buenos investigadores premiados en México y fuera, en este mismo centro de investigación tenemos personajes reconocidos en todas partes del mundo y llamados a dar conferencias, pero lo que nos ha faltado quizá es agrandar este sistema y hacer ver que lo que necesitamos en un sistema sólido científico tecnológico que se involucre mas en la solución de problemas”.

Los grandes pendientes de la ciencia mexicana son la innovación y la vinculación, no existe una relación real entre las instituciones de investigación y la industria. Prácticamente, no hay transferencia de tecnología de las universidades a las empresas.

Cambio real en la política publica de ciencia

Hoy, contra todo pronostico las cosas están cambiando, en opinión de José Franco, Coordinador General del FCCyT, hay un impulso real a la ciencia y tecnología del país pues “en estos dos años han pasado cosas que no han pasado en los últimos 30 años, la ciencia y la tecnología no solo están en el discurso oficial, sino que se les está dando apoyo, Conacyt está haciendo tiros de precisión, está haciendo esfuerzos con el presupuesto aumentado que han tenido”.

Enrique Cabrero, Director General del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) es muy claro al respecto: “el cambio real que ha habido en la política ha sido mucho más disponibilidad de recursos, anteriormente, esto oscilaba en torno al 0.4% del PIB, el objetivo es llegar al 1% y vamos arriba del 0.5% del PIB, eso pareciera que los cambios son muy pequeños pero estamos hablando de cantidades muy importantes en cuestiones de presupuesto para ciencia y tecnología, en estos tres años, contando ya el presupuesto de 2015 se ha incrementado en 50% la inversión del gobierno federal en ciencia y tecnología”.

Ese dinero se ha invertido en apoyos a posgrados, becas y financiamiento de proyectos. Además se abrieron tres nuevas convocatorias: Cátedras Conacyt para Jóvenes Investigadores; con la cual el Conacyt contrató a 574 investigadores adscritos a centros de investigación y universidades donde participan en distintos proyectos de investigación.

La segunda convocatoria es: Proyectos de Desarrollo Científico para Atender Problemas Nacionales; se trata de financiar investigación aplicada a temas específicos, con resultados a corto plazo.

La tercera convocatoria gestionará la apertura de nuevos centros de investigación –lo cual no sucede desde hace 15 años– los cuales se ocuparán de temas como energías renovables, cuestiones metropolitanas (agua, manejo de desechos, transporte, seguridad, gobernanza, etc.), zonas áridas, tecnología en aeronáutica y aeroespacial, así como políticas educativas, entre otros.

Ciencia, tecnología e innovación, pilares para el país según el Peciti

El Programa Especial de Ciencia Tecnología e Innovación (Peciti) presentado en junio por el Conacyt  “es un documento que ha sido construido alrededor de documentos previos que representan el consenso de todas las comunidades de ciencia, tecnología e innovación y al tomar en cuenta estos otros documentos que fueron generados por muchos grupos de la comunidad, pues eso ya le da mucho valor y una gran visión de consenso” considera José Franco del FCCyT.

Contribuir al crecimiento de la inversión nacional en ciencia, tecnología e innovación; formar capital humano altamente calificado; fortalecer el desarrollo regional; fomentar la vinculación con el sector productivo y fortalecer la infraestructura científica y tecnológica del país son los objetivos planteados en el Peciti.

La definición de temas prioritarios es una característica nunca vista antes en los planes de ciencia y tecnología mexicana, el Peciti señala siete áreas de interés: ambiente, conocimiento del Universo, desarrollo sustentable, desarrollo tecnológico, energía, salud y sociedad.

Cada una de las cuales contempla distintas prioridades como: gestión integral del agua, seguridad hídrica y derecho al agua; estudio de las geociencias y sus aplicaciones; alimentos y su producción; desarrollo de la biotecnología; desarrollo de nanomateriales y de nanotecnología; desarrollo y aprovechamiento de energías renovables y limpias; enfermedades emergentes y de importancia nacional; así como combate a la pobreza y seguridad alimentaria.

Con la intención de evitar desequilibrios regionales se ajustarán los Fondos Mixtos –instrumentos a través de los cuales el Conacyt y los gobiernos estatales financian proyectos de investigación y desarrollo tecnológico–, en los estados menos desarrollados el Conacyt destinará tres pesos por cada peso del estado.

Reformas a la Ley de Ciencia y Tecnología

Previo a la presentación del Peciti, en marzo de este año, tuvo lugar otro importante cambio en la política científica en nuestro país: el Senado de la República reformó distintas disposiciones y realizó adiciones a la Ley de Ciencia y Tecnología, las mismas que posteriormente fueron enviadas a la Cámara de Diputados para su aprobación. Su objetivo principal fue impulsar el acceso abierto a la información de carácter científico, educativo, tecnológico y de innovación.

Entre los puntos más importantes destacan el establecimiento, como principio legal, de la diseminación de los contenidos científicos, académicos de investigación e innovación mediante el uso de plataformas de acceso abierto. Se facultó al Conacyt para diseñar y ejecutar una estrategia que tenga como objetivo democratizar el acceso abierto.

Se crearán y establecerán las bases de operación de un repositorio nacional de acceso abierto en el cual los investigadores, tecnólogos y académicos, tendrán la posibilidad de colocar el fruto de sus investigaciones. Se otorgaron al Conacyt las atribuciones para promover y consolidar el acceso a la investigación científica, tecnológica y de innovación de calidad.

Si bien los grandes pendientes de la ciencia mexicana no se resolverán de la noche a la mañana, la toma de acciones concretas y especificas indican que la situación puede cambiar en el corto plazo.

Deficitario, presupuesto para ciencia en México: Drucker

Deficitario, presupuesto para ciencia en México: Drucker
Por Luis Manuel Mendoza en Cinvestav: Avance y Perspectiva

El gobierno mexicano hizo en este 2014 una inversión anual total (pública y privada) en proyectos científicos, tecnológicos y de innovación –dirigidos por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt)– cercana al 0.53% del Producto Interno Bruto (PIB) –calculado en el año de gestión–. Este porcentaje es similar o un poco mayor al destinado en los últimos 20 años.

Uno de los científicos que más ha cuestionado la asignación presupuestaria del gobierno federal es René Drucker Colín, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México.

“El asunto del presupuesto destinado a la ciencia por el gobierno federal a través del Conacyt pues ha sido muy deficitario, no ha variado mucho a lo largo de los años y pues esto refleja la ausencia de una política de estado al respecto de la ciencia”, aseguró Drucker Colín en entrevista con Avance y Perspectiva.

Una respuesta así no puede ser tachada de simplista, el psicólogo, fisiólogo y neuropatólogo molecular de la UNAM asegura que el presupuesto es deficitario, término que en la medicina se entiende como “un desarrollo orgánico deficiente” y es así como el científico define al desarrollo de la inversión al pasar de los años.

El también director de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación del Distrito Federal criticó la falta de planeación para crear un verdadero sistema científico mexicano.

“Somos en el Sistema Nacional de Investigadores alrededor de 20 mil miembros, pero yo le preguntaría ¿cuántos habitantes tenemos en el país? 110 millones o más”.

“Hay que ampliar el número de científicos, hay que tener más, hay que, posiblemente, dar más becas, formar más gente, etcétera. Pero ahí no para el asunto, no es nada más de que yo voy a contratar a un investigador, no. ¿Dónde está el recurso que requiere la persona para poder trabajar, dónde está el espacio físico que requiere la persona que se va a contratar? Esos no existen porque no se crean nuevos centros de trabajo para ellos”.

El Conacyt

El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, formula y financia programas de becas y en general de apoyo a la formación de capital humano científico y tecnológico desde la década de los setenta. Esta tarea, según Drucker Colín se ha realizado con éxito, sin embargo: “el problema es que una vez terminados los estudios de los jóvenes no tiene el país una estrategia para poder utilizarlos en su beneficio”.

Al ser cuestionado sobre su trabajo al frente de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación en la capital del país, aseguró que “es muy diferente, nosotros como secretaría decidimos que no somos un pequeño Conacyt. Esta oficina, esta secretaría está orientada a demostrar que la ciencia es una importantísima herramienta para resolver problemas de la ciudad y generar una mejor calidad de vida para los habitantes”.

México debe apostar por la sociedad del conocimiento: Cabrero

México debe apostar por la sociedad del conocimiento: Cabrero
Por Rubén Álvarez Mendiola en Cinvestav: Avance y Perspectiva

México se encuentra en una parte de la curva donde todavía no se ve claramente la utilidad de la inversión en ciencia y tecnología, pero si seguimos por unos años haciendo el intento vamos a pasar a otra situación en la que los beneficios se empezarán a ver mucho más rápido, como pasó con Corea del Sur, Irlanda o Finlandia, en un lapso de 20 o 25 años, dice el doctor Enrique Cabrero Mendoza, Director General del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

Sin talento humano, agrega, no hay país que pueda transitar hacia la sociedad del conocimiento. ¿Cómo hacer para generar más talento humano? Brindando más oportunidades a los jóvenes investigadores y creando las condiciones para que los mexicanos que han decidido quedarse en el extranjero tengan facilidades para regresar al país a desarrollar sus propias líneas de investigación, añade.

Cabrero Mendoza, ex Director General del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), adelanta que en 2015 serán puestos en operación al menos cinco nuevos centros de investigación y que para 2018 concluirá la administración otros cinco, para tener en total un sistema conformado por 37 centros en todo el país.

“Hay que persistir en el impulso a la ciencia, la tecnología y la innovación”, dice Cabrero y reconoce que por ahora es la inversión pública la que estimula a la inversión privada.

El cambio real que ha habido en la política pública de ciencia y tecnología, apunta, gravita en una mayor disponibilidad de recursos. Anteriormente, la inversión en ciencia y tecnología oscilaba alrededor del 0.4% del PIB. El objetivo es llegar al 1% al final del sexenio “y ya vamos arriba del 0.5%”. Pareciera que los cambios son muy pequeños, pero estamos hablando de cantidades muy grandes de recursos, señala.

“Tan sólo en estos dos años de la actual administración se ha incrementado en 50% la inversión del gobierno federal en ciencia y tecnología”, asegura Cabrero, quien es administrador por la Universidad de San Luis Potosí, con maestría en administración pública por el CIDE y con un doctorado obtenido en Francia.

Hay una fuerte inversión a nivel internacional. La que hace América Latina en promedio es de 0.7% del PIB; Europa destina 2.5% de su PIB y algunos países como Corea del Sur, Japón o Israel alrededor del 4%. “Esto es una carrera en la que quien invierte más va acumulando mucho más aprendizaje y más posibilidades”, señala Cabrero Mendoza.

“Para México estar en el 1% del PIB en inversión en ciencia, tecnología e innovación, ya nos podría encaminar hacia el funcionamiento de una economía del conocimiento. Es decir, que el conocimiento científico y tecnológico que se genere empiece a tener una repercusión en el crecimiento económico, bienestar social y desarrollo del país”, dice.

Atender lo urgente… y lo necesario

¿Qué era lo urgente en 2013? Cabrero explica que con los recursos disponibles lo que había que hacer era atender las carencias y a los rezagos en infraestructura, “Había y hay muchas carencias, prácticamente todo el incremento de recursos lo inyectamos para más infraestructura, financiamiento a proyectos, más becas y apoyo a los posgrados de calidad”.

La inversión en ciencia y tecnología, dice, “se había estancado en el país”.

Tras la atención de lo urgente, viene la atención a lo necesario: lanzar nuevas ideas, nuevas convocatorias. Cabrero Mendoza precisa que hay tres nuevas convocatorias:

  1. Cátedras para jóvenes investigadores. En 2014, Conacyt contrató a 574 jóvenes investigadores, adscritos a diversos centros de investigación del país.
  2. Investigación orientada a la atención de los grandes problemas nacionales.
  3. Creación de nuevos centros de investigación.

Sobre esta última convocatoria, Cabrero afirma que este 2016 estarán activos cinco nuevos centros:

  1. Energías renovables. Este centro se está incubando en el Centro de Investigación en Materiales Avanzados (Cimav), en Chihuahua, pero se va a desarrollar de manera definitiva en Durango y va a estar particularmente enfocado en el tema de energía solar.
  2. Estudios metropolitanos. Se está incubando dentro del Instituto Mora (también del Sistema Conacyt) y va a estar ubicado en Querétaro. Integrará a especialistas en el manejo de agua, procesamiento de deshechos, conectividad para ciudades inteligentes, transporte, gobernanza y economía urbana.
  3. Zonas áridas. En el país hay varias escuelas que estudian el tema de desertificación, “pero necesitamos un grupo especializado, con vocaciones productivas para las zonas áridas.
  4. Tecnología en aeronáutica, aeroespacial e industria satelital.
  5. Políticas educativas. La investigación educativa que ahora se hace en el país, dice Cabrero, no ha sido suficientemente creativa para encontrar soluciones inteligentes al tema del rezago en el sector educativo. Este centro se va a especializar en el diseño de temas muy poco trabajados como economía de la educación y uso de tecnologías de la información. Se incuba en el CIDE y estará en la ciudad de México.


Sylvia Schmelkes: Sin equidad, no hay Reforma Educativa

Sylvia Schmelkes: Sin equidad, no hay Reforma Educativa
Por Rubén Álvarez Mendiola en Cinvestav: Avance y Perspectiva

Para que la escuela pueda estar verdaderamente en el centro de la reforma educativa, es imprescindible que combatamos la desigualdad y que los recursos adicionales para la educación sean destinados a las regiones y sectores sociales que más lo necesitan, dice Sylvia Schmelkes, presidenta consejera del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE).

Por décadas, Schmelkes ha dedicado sus esfuerzos de investigación a demostrar la importancia de atacar la desigualdad educativa, especialmente en vastas zonas indígenas y rurales del país.

Ahora, al frente del INEE, no tiene dudas: la prioridad es la escuela y, específicamente, la escuela en esas zonas de abandono. “La equidad ese es el principal problema del sistema educativo nacional. Debemos distribuir de mejor manera los recursos existentes y los recursos adicionales que destinemos a la educación que sean para las regiones y sectores sociales que tienen mayor necesidad”, dice.

Schmelkes, autora de Mejorar las Escuelas: Estrategias para la Acción en México (París, OCDE) y de Indígenas Rurales, Migrantes, Urbanos: Una Educación Equivocada, Otra Educación Posible. (Pensamiento Iberoamericano 7, 2010), entre otras publicaciones, habla de otras dos prioridades de la reforma educativa en curso:

  • Conocer lo que ocurre en las escuelas y asegurar que tengan lo necesario para operar.
  • Garantizar la excelencia en la supervisión escolar, con orientación y suficiente apoyo pedagógico.

En la conversación con Avance y Perspectiva, Schmelkes sostiene que la evaluación del sistema educativo es un pilar fundamental de la reforma. “Se puede cuestionar si la evaluación debe estar en el centro de la reforma educativa o no, pero creo que es sin duda un elemento central”, subraya.

Y agrega: “he señalado también la formación docente como algo absolutamente central en el proceso de mejoramiento de la calidad educativa. Pero cuando uno hace el análisis, descubre que la evaluación tiene un alto valor, siempre y cuando pueda influir en la toma de decisiones y tenga la capacidad de proporcionar los elementos y las evidencias necesarias para poder mejorar la calidad de la educación”.

La investigación educativa, dice Schmelkes, también es fundamental en el conjunto de pilares de la reforma. Es importante, afirma, porque nos explica la evolución de los fenómenos, al tiempo que la evaluación “te dimensiona los problemas, te dice de qué tamaño son las brechas, los focos rojos, te genera las preguntas que se hacen para el análisis de la realidad desde la investigación educativa”.

Schmelkes afirma que la reforma también pone en el centro la evaluación de docentes, donde “lo nuevo” ha sido la evaluación del ingreso a la docencia a través de un concurso de ingreso.

Para el año 2015 se van a hacer todas las evaluaciones de docentes: desempeño docente, evaluación para la promoción horizontal y evaluación para la promoción vertical, además de la evaluación de directores de escuelas y supervisores. “Todos los plazos de las evaluaciones tienen que cumplirse en el 2015. Ninguna evaluación puede pasar del próximo año”, concluye la consejera presidenta del INEE.

 

Desarrollo histórico de la escuela pública en México

Desarrollo histórico de la escuela pública en México
Por Luis Manuel Mendoza en Cinvestav: Avance y Perspectiva

La escuela, definida actualmente como el centro de estudios que reúne a docentes y alumnos, es el espacio primordial para la enseñanza y el aprendizaje, al que hoy todo ciudadano mexicano tiene el derecho y la obligación de asistir. Cada uno recuerda su escuela primaria con cariño, porque ahí vivió los principales años de su desarrollo intelectual, fue guiado por un maestro que lo acercó al conocimiento puro y es el lugar en el que desarrolló la disciplina y firmeza de un reglamento institucional.

Además, ahí aprendió todo sobre cómo ser buen ciudadano mexicano. La escuela es la primera entidad formativa de tipo institucional —haciendo a un lado a la familia— en la que nos incluimos. Sociológicamente, por primera vez formamos parte de la convención social que significa la educación nacional. La escuela contemporánea no es la misma que la del siglo pasado y mucho menos que la escuela de los aztecas o de los griegos. La actual escuela es compleja, está rodeada de múltiples elementos y cada día sufre nuevas transformaciones y desafíos.

La primera escuela mexicana

Los primeros registros de escuelas en México —o al menos de organizaciones similares a esta— se remontan a la era prehispánica, una referencia obligada era la educación del pueblo mexica.

La escuela para la nobleza era elcalmecac, a ella asistían los hijos de los sacerdotes, guerreros, jueces, senadores, maestros y gobernantes, la educación que impartían estaba orientada a la disciplina y los valores morales.

La escuela para el pueblo se llamabatelpochcalli, ahí se les enseñaba a losmacehualtina servir a la comunidad y a la nobleza, principalmente se desarrollaban las habilidades para la guerra.

Y a estas se suman las escuelas ichpochcalli, para las mujeres de la nobleza que aspiraban a convertirse en sacerdotisas. Sus características estuvieron determinadas por la enseñanza de las artes de la guerra y el sacerdocio, así como por la diferenciación de las clases sociales.

La escuela de la Colonia

Tras las conquista española, la Iglesia Católica fue la encargada de dirigir el modelo educativo, los pobladores del actual territorio mexicano debieron aprender otras costumbres con un nuevo sistema escolar.

Después de cumplir la misión evangélica, se crearon las escuelas de “primeras letras”, que son el principal antecedente de la escuela primaria en México. Su objetivo era claro, que los alumnos aprendieran a leer y a escribir, aunque también se enseñaba latín.

La escuela independentista

El año 1821 marca el inicio de la vida independiente del país; el momento resulta complejo y difícil, pues era necesario imaginar la nación y dar paso a su construcción; a pesar de las diferencias, había un punto que unía a los habitantes: la educación.

“Nada puede contribuir tanto a la prosperidad nacional como la instrucción pública y la acertada dirección que se dé a la juventud”, declaró en 1823 el Supremo Poder Ejecutivo de la joven República.

Pública y gratuita

La escuela se proclamó pública y gratuita en 1823, en el Proyecto de Reglamento General de Instrucción Pública. Así aparece por primera vez un currículo uniforme con el cual se educaría a todos los niños y niñas del país. Dicho currículo integró las asignaturas de lectura, escritura, aritmética, geometría, gramática, catecismo religioso y moral, dibujo y dos materias fundamentales para la nueva nación: constitución del Estado y catecismo político.

Las escuelas de la Revolución Mexicana

Mexicana, la educación dio un giro unificador plasmado en la Soberana Convención Revolucionaria, firmada en Jojutla, Morelos, el 18 de abril de 1916.

En el documento oficial se plasma la necesidad de educación e instrucción laica por primera vez en la historia del país.

Asimismo, con una actitud reformadora se buscó “establecer con fondos federales escuelas rudimentarias en todos los lugares de la República adonde no llegan actualmente los beneficios de la instrucción”, se lee en el texto.

Dicho documento también instruyó la fundación de escuelas normales en cada estado y con ello la profesionalización del magisterio.

La escuela y la SEP

El crecimiento educativo había llegado a todo el país para 1919, cuando había en México 9 560 maestros; unos años después, en 1921, al fundarse la Secretaría de Educación Pública (SEP), la cifra había aumentado a 25 312 maestros en el territorio.

Los once años de Torres Bodet

“Demos a la niñez de nuestro pueblo las aulas y los maestros que necesita. Será la mejor manera de dar un alma —lúcida y vigilante— al progreso de la nación”, se lee en el discurso que Jaime Torres Bodet pronunció cuando fue secretario de Educación Pública.

Este joven intelectual, pensador y político formó parte del grupo de Los Contemporáneos, junto a Gorostiza y Villaurrutia, entre otros, y ocupó la titularidad de la SEP en dos ocasiones.

En su segundo periodo (1958-1964) formuló algo que para la época era casi impensable: hacer realidad el ideal de educación para todos, pública y gratuita. Así se detalla en el Plan de Once Años de Educación Primaria y también la llegada de los Libros de Texto Gratuito.

El propósito del gobierno de Adolfo López Mateos, que instrumentó Jaime Torres Bodet, era claro: pasar de una eficiencia terminal en primaria de 16 por ciento (2% en zonas rurales), a una de 38 por ciento. Y el reto incluía construir muchas escuelas y mejorar las existentes a través del Programa Federal de Construcción de Escuelas.

La escuela sindicalizada

Con la puesta en marcha del Plan de Once Años, también floreció el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), fundado en 1943, y los mecanismos de presión y demanda: la huelga.

Desde entonces, las escuelas representaron un coto de poder para el SNTE, los liderazgos sindicales, desde Carlos Jonguitud Barrios hasta Elba Esther Gordillo, los más destacados y fuertes líderes del sindicato.

La escuela y la Reforma Educativa

Tras el regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la presidencia de la República, la escuela volvió a ser observada y, más concretamente, reformada.

La Reforma Educativa del gobierno federal, en 2013, plasmó cuatro puntos fundamentales para mejorar la educación nacional:

–       Crear un Servicio Profesional Docente que sea meritorio, es decir, que se reconozcan la formación y los logros de los docentes, dándoles la oportunidad de ascender por méritos.

–       Dotar de autonomía al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), que medirá imparcialmente el desempeño de los maestros.

–       El fortalecimiento de las Escuelas de Tiempo Completo (ETC), para que se aproveche de manera óptima el tiempo para el desarrollo académico de los niños de México.

–       Y finalmente, la realización del Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial (CEMAEBE) bajo la dirección del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) con el objetivo de actualizar el Sistema de Información y Gestión Educativa.

La escuela del siglo XXI

A pesar de la encumbrada representación sindical dentro de las escuelas, el desarrollo académico y tecnológico no se impidió. Hoy los procesos educativos a través de las nuevas tecnologías han llegado a niveles aceptables. Se ha dotado a las aulas de computadoras, pizarrones electrónicos, proyectores y, más recientemente, de tabletas electrónicas. En 2014, la SEP, a través del Programa de Inclusión y Alfabetización Digital (PIAD) entregó 709 824 tabletas electrónicas para alumnos de quinto grado de primaria de escuelas públicas, así como para supervisores, directores y docentes de los estados de México, Colima, Sonora, Tabasco, Puebla y el Distrito Federal.

En conclusión: la escuela mexicana es la base fundamental de la educación nacional y es el centro de aprendizaje por excelencia para se desarrollo; sin embargo, vale la pena preguntar si queremos una escuela con este mismo formato de organización, tan complejo, u otro modelo; sobre todo después de la crisis que ha vivido este sistema educativo y el abandono escolar de los niños y jóvenes mexicanos.

Académicos e investigadores al descubierto en México

Académicos e investigadores al descubierto en México
Por Erick Juárez en Cinvestav: Avance y Perspectiva

La reputación de científicos e investigadores puede verse deteriorada por incurrir en prácticas deshonestas vinculadas con su desempeño académico y científico. Si bien es un problema global para el desarrollo de la ciencia con ética, México no es ajeno a este tipo de acciones.

Hasta ahora no hay forma de saber o medir la incidencia de este fenómeno en el país, debido a la falta de estudios pertinentes y a la generación de información de instituciones de gobierno que proporcionen un parámetro. No obstante, algunos casos que han sido divulgados a través de los medios de comunicación y entre la comunidad académica, por lo que no han escapado al conocimiento de la sociedad mexicana.

Puros cuentos

Uno de ellos es el de Boris Berenzon, doctor en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras, quien fuera expulsado de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) en 2013, al ser encontrado culpable de diversas acusaciones de plagio.

Berenzon fue señalado por los investigadores Juan Manuel Aurrecoechea y Francisco Miñarro de haber copiado por lo menos 18 párrafos del libro Puros cuentos: la historia de la historieta en México, 1874-1934 —una obra publicada en 1988 por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), el Museo de Culturas Populares y Grijalbo, para usarla en la tesis que le daría a Berenzon el grado de doctor en historia.

La decisión tomada por el Consejo Técnico de la Facultad, y ratificada por el Consejo de Honor y Justicia de la Facultad no ha tenido precedente en la institución, donde finalmente señalaron que “no citar fuentes de manera correcta [argumento de defensa de Berenzón] no puede considerarse un error metodológico, sino que constituye una falta grave para el ejercicio disciplinario y compromete su capacidad para enseñar a estudiantes de licenciatura y posgrado”, por lo que la decisión de separarlo de toda actividad en la facultad, fue irrevocable.

UACM
El segundo caso, protagonizado por el ex rector de la Universidad Autónoma de Guerrero y coordinador de Posgrado en Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), José Enrique González Ruiz, culminó en mayo de 2014 con la expulsión del catedrático de esta casa de estudios, acusado de hostigamiento y acoso sexual y laboral en contra de dos trabajadoras de la institución.

El proceso, que duró once meses, estuvo lleno de contrastes: por un lado, integrantes de la Asamblea de Estudiantes del Posgrado en Derechos Humanos de la UACM alegaban que las acusaciones tenían tintes políticos, por lo que habían existido diversas irregularidades “con la intención de excluirlo como candidato a la rectoría de la UACM”, señalaron en un comunicado.

Sin embargo, la decisión de cesarlo de sus actividades en esta casa de estudios fue respaldada por 18 organizaciones defensoras de los derechos humanos y veinte académicos de distintas universidades del país, quienes señalaron que la acción de castigo “se fundó y motivó con respeto a los derechos humanos de los involucrados, en particular los derechos y garantías de seguridad y certeza jurídica”.

UNAM
El tercer ejemplo nos lleva al Instituto de Biotecnología de la UNAM, donde una investigación realizada por la doctora María Alejandra Bravo de la Parra y del doctor Mario Soberón Chávez, sobre la bacteria Bacillus thuringiensis y sus aplicaciones en la agricultura, fue revisado por un grupo de científicos canadienses en septiembre de 2012. Este grupo concluyó que en al menos dos de once artículos publicados en diversas revistas internacionales se utilizaron imágenes alteradas y que los modelos experimentales empleados no son reproducibles.

A pesar de que la Universidad había decidido separarlos de sus actividades académicas, el 27 de septiembre de 2013 el Instituto de Biotecnología reincorpó a los investigadores a sus actividades de manera plena y con la aprobación del Consejo Técnico del Instituto, pues consideraron que las faltas cometidas no fueron lo suficientemente graves como para expulsarlos definitivamente.

Para enfrentar acciones deshonestas en el medio académico, la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) creó el Comité de Integridad Científica (CIC), para “revisar los casos de corrupción o falsificación de investigaciones que los miembros de la Academia [a la cual pertenece Alejandra Bravo] puedan cometer”.

“La trascendencia de este Comité tiene que verse en dos sentidos. En primer lugar destacar la importancia de una comisión con sus características en una comunidad académica como la nuestra y, en segundo, reconocer la necesidad de la existencia de órganos de este tipo, porque hay que hacer explícitas las reglas del trabajo académico, pensando sobre todo en el futuro para que los investigadores más jóvenes tengan ese marco de referencia general que a veces hace tanta falta”, señaló Soledad Loaeza Tovar, primera presidenta del comité, al iniciar sus tareas en febrero del 2013.

Para el ex titular de la AMC y del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), Octavio Paredes, “existe una enorme tendencia al plagio y autoplagio, por la gran presión que tienen los investigadores para presentar constantemente publicaciones recientes sobre sus trabajos científicos”.

“Este Comité compuesto por reconocidos científicos, examinará los casos en los que miembros de la AMC incurran en faltas de ética, como puede ser la falsificación de publicaciones o investigaciones originales, así­ como cualquier falta de congruencia en el desempeño de sus funciones”.

La Transparencia es el deber de la investigación científica: Lazcano

La Transparencia es el deber de la investigación científica: Lazcano
Por Isaac Torres Cruz en Cinvestav: Avance y Perspectiva

La investigación científica ha permitido a los seres humanos comprender la realidad que los circunda y colmar su aspiración por conocer la verdad. Es, al mismo tiempo, una actividad humana falible y en ocasiones víctima de la indolencia moral que caracteriza a nuestra sociedad.

El mal proceder en la ciencia no es exclusivo de un país; se esparce por todo el mundo y se ha convertido en un tema fundamental para la sociedad del conocimiento.

Entre los problemas que más preocupan a los científicos e instituciones de educación superior e investigación se encuentran: el plagio de ideas, la falsedad de procedimientos y la baja calidad del trabajo de investigación. Temas que Antonio Lazcano Araujo —quien investiga el origen de la vida y es el mexicano con mayor número de publicaciones en Nature y Science, dos de las revistas científicas de mayor reconocimiento en el mundo— bosqueja con una visión global para Avance y Perspectiva.

Para el biólogo de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la transparencia en el proceder de la investigación es ineludible: debe haber claridad en las premisas, metodologías y resultados obtenidos en el trabajo de los científicos. Solo así habrá alguna garantía de que no se oculta nada en su investigación.

“Pero lo que la historia ha demostrado una y otra vez es que la ciencia es como la democracia: con el tiempo corrige sus errores”, dice para referirse a los casos de fraude que han sido ampliamente difundidos, como el del Instituto Riken en Japón —donde un grupo de investigadores reportó, de forma fraudulenta, un método para reprogramar células madre adultas para, potencialmente, transformarlas en cualquier tejido humano—. Hace poco, el doctor Lazcano estuvo en Japón y conoció a un estudiante de este instituto. “Uno sentía el bochorno real de este joven.”

Han existido otros casos graves, menos difundidos por los medios, pero presentes en la comunidad científica, “como el de un investigador de una universidad del Medio Oriente que tenía el mismo artículo en 12 o 15 revistas y no decía nada. Pero es un síntoma del problema que existe para evaluar los manuscritos científicos”.

En contraste, refiere, está el caso del químico Ronald Breslow, con tanto prestigio que ha sido considerado para obtener el Premio Nobel. “Hace un año le pidieron un manuscrito para Nature y alguien, que lo malquiere, fue a revisar artículos suyos anteriores y se dio cuenta de que repetía, tal cual, algunos renglones de un texto previamente publicado. Eso no me parece una falta de ética, sino algo casi comprensible: que uno se copie a sí mismo.”

Nuevas experiencias
Para Lazcano Araujo, los científicos y la sociedad pueden, en ocasiones, enfrentar situaciones inéditas, en las cuales no se sabe cómo proceder y pueden originar suspicacias o debates éticos. “Por ejemplo, tengo una colega que en algún momento estuvo interesada en trabajar con un tipo de cianobacterias para hacer ingeniería genética, pero se detuvo porque se dio cuenta de que producían unas toxinas muy fuertes. Ella sola se contuvo para evitar un problema ambiental”.

Así, con la llegada de las misiones Apolo a la Luna —ejemplifica—, la National Aeronautics and Space Administration (NASA) se preocupó mucho por no traer ningún organismo patógeno nuevo al regresar a la Tierra. “Ahora, la biología sintética, que no es más que la aplicación masiva de la ingeniería genética, plantea que debemos tener cuidado con los alcances de esta tecnología.”

Pero hay otros casos que pueden mantenerse como lastres de la falta de ética científica y que deberían preocupar más a la comunidad de investigadores, “como los grandes consorcios científicos o los grandes aparatos académicos que aplastan el trabajo de otros, así como aquellos que imponen modas que limitan las posibilidades del reconocimiento científico de gente en países con menor presencia académica”.

Cantidad o calidad
Este tipo de faltas a la verdad científica pueden tener como motivo la búsqueda de prestigio o ascensos en la carrera, pero esta cuestionable moralidad no tiene que ser necesariamente ilegal. El científico universitario resalta algunos casos comunes que permean al sistema de investigación en nuestro país y que pueden afectar el desarrollo de estudiantes de posgrado.

Un caso se refleja en las ciencias biológicas, “en las que presenciamos una transformación que me preocupa, porque en ciencias de la vida, al menos, ya entramos a un área llamada big science”. Hace algunos días fue de su conocimiento una investigación francesa sobre una secuenciación genómica que tenía más de 500 autores.

“No me imagino lo que puede aprender un científico joven o estudiante con esta división del trabajo. Me recuerda la películaTiempos modernos de Chaplin: solo que aquí el investigador se vuelve una tuerca más en una maquinaria gigantesca. A ese tipo de proyectos les veo poco interés intelectual, aunque en otros campos de la ciencia se ha desarrollado mucho. Hay que embarcarse en proyectos con el objetivo de aprender, lo anterior no puede ser formativo.”

Desafortunadamente, agrega, hay una tendencia a medir el número de publicaciones científicas y no valorar su calidad. Lazcano hace referencia al caso de Francis Crick [Premio Nobel de Medicina, quien realizó, junto con James Watson, el descubrimiento de la estructura molecular del ADN], que no publicó muchos artículos (papers) a lo largo de su vida, “pero cada uno fue una bomba espectacular con impacto en varias áreas de la ciencia; fueron deslumbrantes.”

En México esto es un problema, puesto que para mantener el estatus como investigador en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) o la titularidad académica dentro de las instituciones, es requisito tener muchas publicaciones, la mayoría de las veces en detrimento de la calidad. “Hemos copiado cada vez más el modelo estadounidense de presentación de proyectos con subvenciones que en el fondo transforman a algunas universidades en un negocio. Ahí se confunde la diferencia entre precio y valor de la ciencia”— afirma Lazcano.

La falta de ética en la ciencia —agrega—, es un tema muy heterogéneo, como la práctica misma de la investigación científica, ya que hay intereses, formaciones, premisas, metodologías y objetivos diversos, así como diferentes antecedentes intelectuales, sociales y políticos. “La heterogeneidad es brutal, pero al mismo tiempo hay un interés por resolver problemas con ópticas distintas. A mí me preocuparían más, por ejemplo, los experimentos hechos con programas económicos que afectan a millones de personas, pero que no son criticados con la misma intensidad con que se critican algunas propuestas científicas”.

¿Quién financia la física?

¿Quién financia la física?
Por Isaac Torres Cruz en Cinvestav: Avance y Perspectiva

La mecánica cuántica se desarrolló vertiginosamente a principios del siglo xx gracias al trabajo de prominentes científicos. Pero esta, como otras áreas de la física, fue aprovechada por los conflictos bélicos que azotaron el mundo pocos años después. La aplicación del conocimiento fue más importante que su entendimiento y el resultado más atroz fue su empleo, al final de la Segunda Guerra Mundial, para construir la bomba atómica.

De acuerdo con la física Ana María Cetto —ex directora general adjunta del Organismo Internacional de Energía Atómica e investigadora del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México—, después de las dos guerras la física se desvío de la investigación para desarrollar aplicaciones, principalmente con fines bélicos.

“Se hicieron a un lado cuestiones fundamentales y solo recientemente ha habido un resurgimiento de la investigación, pero hubo un momento en que dedicarse a estos trabajos básicos de la física no estaba bien visto” —señala en entrevista—. No estaban bien vistos porque si la investigación no se enfocaba a aplicaciones tangibles, se consideraba una pérdida de tiempo.

“Unos cuantos sí teníamos la motivación por entender estos fundamentos.” Durante décadas, la científica, miembro de la Academia Mexicana de Ciencias, se ha dedicado a la investigación básica no solo sin el reconocimiento del trabajo teórico que realiza, sino incluso con algo de aversión por parte de una comunidad.

Eso significaba que había pocos especialistas en el área con los que se pudiera discutir y compartir resultados, había aislamiento en México, en Estados Unidos y en Europa. Los fundamentos de la mecánica cuántica se hacían prácticamente en solitario. Ahora, el panorama ha cambiado, pero este tipo de antecedentes históricos reflejan cómo el fin fundamental de la ciencia se puede pervertir por el tipo de financiamiento que tiene.

Después de la guerra

En el periodo de la posguerra —menciona Cetto—, la física fue una ciencia central para los gobiernos de países más desarrollados, que participaron en la Segunda Guerra Mundial y que se dieron cuenta de su potencial para la seguridad nacional, es decir, tanto para fines militares y de defensa como para el desarrollo económico.

“El país que tomó la delantera para definir el derrotero de la física fue Estados Unidos, con una política abierta del presidente Harry Truman y donde el C’, escrito por Vannevar Bush, tuvo una gran repercusión e influyó mucho en el gobierno norteamericano”.

Su propuesta era que al gobierno estadounidense le convenía mucho invertir de manera importante en física, porque le redituaría beneficios al país. A partir de entonces hubo una inversión sustancial, pero dirigida a los fines de la física aplicada y en primer lugar a la defensa militar, dice Cetto.

Los estadounidenses lo hicieron y construyeron una infraestructura de investigación en física muy importante porque contaban con muchos científicos talentosos que habían emigrado de Europa. Con ello tuvieron masa crítica para desarrollar la física y crear muchas instituciones en las que pudieran orientar la física a aplicaciones industriales. “Eso dejaba de lado el trabajo fundamental de la física, que se consideraba como una desviación de dichos propósitos porque era vista como una pérdida de tiempo. No se iba a sacar nada productivo de ahí”, agrega.

Durante la Guerra Fría, a finales de los años sesenta, aparecieron investigadores preocupados por desarrollar cada vez más aspectos teóricos fundamentales de la física. Desde entonces, gradualmente, esta inquietud se fue incorporando a la “corriente principal” de pensamiento, al grado de que hoy ya no se ve mal que un físico se dedique a la teoría fundamental, puntualiza la investigadora.

Eso puede determinarse dependiendo de dónde trabaje uno y quién lo financie, como la industria militar, ejemplifica. “Porque hoy la investigación en física depende mucho de su financiamiento, de proyectos muchas veces orientados por los gobiernos.” Si bien en México no se requiere financiar la física para fines bélicos, realizar trabajo académico evitaría esa cooptación de la investigación en muchas partes del mundo. “Esa es la gran ventaja de los científicos cuando trabajan en una universidad”, donde tienen la libertad de hacer investigación sin otro compromiso que el avance del conocimiento.

Científicos del Cinvestav crean genes que inhiben desarrollo de cáncer

Científicos del Cinvestav crean genes que inhiben desarrollo de cáncer
Por Maira Fernanda Pavón Tadeo en Cinvestav: Avance y Perspectiva

Científicos del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), desarrollaron y patentaron una novedosa terapia para tratar el cáncer de mama, a partir de la inhibición de células tumorales con la introducción de genes “suicidas” en el organismo.

En conferencia de prensa, Daniel Martínez Fong y la estudiante Rosa Angélica Castillo, adscritos al Departamento de Fisiología Biofísica y Neurociencias, expusieron el proceso, antes de recibir el Premio a la Innovación en Bionanotecnología Cinvestav-Neolpharma.

En las instalaciones del Centro de Investigación, recordaron que el cáncer de mama causa 60 mil muertes al año en el país y un millón 600 mil en el mundo.

El abordaje está diseñado para ofrecer una opción en el cáncer de mama triple negativo, que representa alrededor de 40 por ciento del total de casos, y se ha probado tiene grandes probabilidades de éxito en otros tipos de cánceres, como el de próstata.

El cáncer de mama que se ataca se conoce como triple negativo, y se caracteriza por la ausencia de tres receptores: estrógenos, progesterona y erb2, que lo hacen muy agresivo y con pocas opciones terapéuticas para quien lo padece.

Martínez Fong indicó que este trabajo se desarrolló en ratas y tendrá que obviarse el paso de los primates, porque no existen monos con este tipo de mal. Además, como se ha demostrado que solo puede beneficiar al paciente y no tiene efectos secundarios, podrá usarse directamente en pacientes.

Explicó que la agencia de comercialización del conocimiento Cinvestav está en etapa de dar este salto, y abundó que el costo de este último paso puede alcanzar, cuando menos, 20 millones de dólares.

Esto es porque deben conseguirse los permisos de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, y de agencias internacionales que validan los desarrollos que se van a aplicar en humanos.

El experto se refirió al legendario Caballo de Troya para explicar cómo funciona la terapia. En primera instancia los científicos crean genes con la particularidad de contar con instrucciones celulares que le dan otros componentes biológicos (péptidos) para dirigirlos directamente a las células que se pretende afectar terapéuticamente.

Evaluación universitaria: alejada de la docencia y de los académicos

Evaluación universitaria: alejada de la docencia y de los académicos
Por Etty Estévez Nenninger en la Cinvestav: Avance y Perspectiva


Uno de los rasgos de la globalización es la tendencia que ha venido apuntando desde hace ya dos décadas hacia la predominancia en la educación superior de prácticas de evaluación que tienen muy diferentes propósitos.  El abanico de vertientes para evaluar incluye la rendición de cuentas sobre los recursos financieros recibidos y aplicados, la implantación de fórmulas para la mejora y aseguramiento de calidad, la legitimación pública sobre el cumplimiento de fines y funciones, el control gubernamental sobre el desempeño del sistema en su conjunto y las instituciones que lo componen, entre otras.  La diversidad de propósitos en las prácticas de evaluación, en tanto rasgo característico de la llamada “cultura de la evaluación” desplegada en el campo de la educación superior, “ha requerido y propiciado el desarrollo de diversos métodos e instrumentos para medir, calificar y dar seguimiento al desempeño y resultados de las funciones académicas y actividades de gestión de las instituciones” (Ordorika, Rodríguez Gómez, Lozano, Márquez, 2009: p.7).

Pese al auge que ha tenido la evaluación del desempeño de las instituciones de educación superior, según Fernando Reimers el gran reto de los rankings internacionales sobre universidades es la enseñanza, ya que hace falta crear indicadores “multidimensionales” para evaluar las tareas de enseñanza en este nivel educativo (Estévez, et al., 2012).

La evaluación en educación superior: práctica desarticulada

En México, la evaluación en la educación superior es una práctica asentada. Se le considera como protagonista de las reformas que han ocurrido en este nivel educativo durante los últimos dos decenios. El cambio de disposición hacia la evaluación misma (de una etapa de rechazo al actual periodo de aceptación) y la incursión en los diferentes dispositivos existentes para la obtención de información, han sido algunos de los efectos que han tenido las políticas que promueven esta actividad en las instituciones de educación superior (IES).

Sin embargo, en nuestro país la actividad docente sigue a la espera de iniciativas que verdaderamente incluyan una correcta evaluación de su desempeño y su mejora, limitación que en gran medida ha sido efecto de que  “la imagen objetivo de las líneas de la política de las últimas décadas, no corresponde con la del docente, se identifica más con un modelo de académico que ha privilegiado la investigación como función deseable…” (Canales, 2008, p: 14).

El inicio de la evaluación de la calidad de la educación superior como práctica institucionalizada en México, se ubica en la creación del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) en 1984; el SNI es la primera instancia evaluadora, en tanto mecanismo para asignar estímulos económicos en función de los resultados de evaluar la productividad en investigación de los académicos adscritos a instituciones de educación superior. Pocos años después, en 1989, con la creación del Fondo para la Modernización de la Educación superior (FOMES) se tuvo el primer programa del gobierno federal para desarrollar procesos de auto-evaluación institucional en las universidades. Durante la década de los años noventa se crearon la mayor parte de las instancias y mecanismos evaluativos que han existido en el país: Comisión Nacional de Evaluación de la Educación Superior (CONAEVA, 1990); Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES, 1991); los diversos programas de estímulos al desempeño docente, que en esta década se generalizan en las universidades públicas; el Centro Nacional de Evaluación de la Educación Superior (CENEVAL, 1994); el Programa de Mejoramiento del Profesorado (PROMEP, 1996); el Consejo para la Acreditación de la Educación Superior (COPAES, 2000).

En la siguiente década, el impulso a los programas institucionales de fortalecimiento institucional (PIFI) “dio lugar a la articulación de los principales procesos evaluativos de nivel institucional abriendo una nueva etapa de desarrollo, aún en proceso de consolidación” (Rodríguez Gómez, 2009).  A pesar de este último esfuerzo, el conjunto de programas de evaluación han conformado lo que  hoy es un dispositivo complejo pero desarticulado de acreditación de la calidad destinado principalmente a: fomentar una mejor gobernabilidad institucional, fundamentar una asignación de recursos en función de los desempeños, conducir a las instituciones a mejorar sus capacidades de auto-administración y garantizar una transparencia mayor a todos los interesados en la calidad de las instituciones y sus servicios (Estévez, et al., 2012).

La actividad de evaluación educativa de los últimos veinte años en México ha estado caracterizada por la presencia de diversos programas desvinculados entre sí y asociados principalmente a la obtención de financiamiento público. Según la ANUIES (2008) las evaluaciones han estimulado, en cierta medida, la simulación, corrupción y la competencia desigual entre instituciones, sin promover una cultura de la evaluación como instrumento de cambio de los procesos formativos y de reingeniería de la estructura y funcionalidad organizacional que permita la pertinencia, eficacia y eficiencia en una integración óptima. Esta es la situación que parece haber prevalecido en la educación superior vista como conjunto, es decir, más allá de los límites de cada una de las instituciones educativas que conforman el sistema que atiende este nivel educativo.

Evaluación de la docencia: simplificación de lo complejo

En este contexto, la función docente no ha sido objeto directo en la creación de instancias y mecanismos evaluativos que busquen considerarla en toda su magnitud y complejidad con propósitos de retroalimentación para el mejoramiento de la calidad. En cambio, la evaluación de la docencia como actividad institucional se ha realizado de modo marginal y tangencial asociada a muchos de estos programas de política pública, sobre todo a los que fueron creados para otorgar compensación económica como respuesta a la severa caída de los salarios del personal académico de las IES (Rueda, 2008). La evaluación de la docencia se ha realizado mediante indicadores secundarios, que forman parte de mecanismos más amplios cuyos propósitos son diversos, algunos destinados principalmente a otorgar reconocimientos y regular el otorgamiento de recursos financieros, como el PROMEP, otros como los CIEES destinados a evaluar la calidad de los programas curriculares con fines de acreditación, o como los programas de estímulos económicos al desempeño docente. Aunado a la parcialidad que ha prevalecido en la mirada evaluativa de la docencia, de acuerdo con Canales (2008), los propósitos y la estructura de incentivos del sistema educativo mexicano han funcionado “para desalentar la actividad docente y buscar el desarrollo de otras funciones que se le oponen”.

En las universidades públicas el uso de cuestionarios de opinión de origen administrativo dirigidos a los estudiantes, empezó a extenderse desde los últimos años de la década de los ochentas.  Las investigaciones realizadas por los miembros de la Red de Investigadores sobre Evaluación de la Docencia (RIED) permiten afirmar que ha predominado el empleo de la evaluación para el acceso a programas de compensación salarial y el descuido técnico en la elaboración y puesta en marcha de los instrumentos de evaluación docente para su mejoramiento; en ese sentido, se observa poca vinculación del ejercicio de la evaluación a otras actividades institucionales con las que debería estar naturalmente unido, como la formación permanente, la planeación y la revisión continua de las condiciones institucionales en las que se desarrolla la docencia (Rueda, 2004).

En publicaciones posteriores de los miembros de la RIED (Rueda y Luna, 2008; García, B. Loredo, J. Luna, E. Rueda, M. 2008), se reitera que en la gran mayoría de los casos de universidades estudiadas, la evaluación de la docencia se ha mantenido inserta en un mecanismo de des-homologación de los salarios que descansa en la productividad académica. El papel que juega la evaluación de la docencia en este mecanismo se reduce a condición para el acceso a estos programas, “como parte menor de otro tipo de evaluaciones de los académicos, y excepcionalmente, como información útil para la elaboración de iniciativas institucionales de desarrollo profesional…” Se afirma que ha sido escaso el número de iniciativas de evaluación asociadas “con acciones institucionales para emplear los resultados para ofrecer apoyos a los académicos, a fin de mejorar la función docente en las universidades” (Rueda, 2008).

Ante el panorama de cuasi exclusividad que en las dos últimas décadas ha tenido el uso de cuestionarios dirigidos a estudiantes para evaluar el desempeño docente en las universidades -principalmente en acciones de corte administrativo- se han presentado contribuciones al debate actual bajo la idea de que  “la evaluación es un proceso que requiere tomar en cuenta al mayor número de actores que permitan tener el análisis del total de las partes que conforman a la universidad, de no ser así afirma, se contaría con una visión segmentada del contexto institucional, lo que puede provocar que no se llegue a tomar las mejores decisiones para el desempeño de todas las partes” (Salazar, 2010: 122).

Se han realizado críticas severas a la evaluación de la docencia desde la visión única de los estudiantes; “…ni un solo criterio (el de los alumnos) ni un solo período académico es suficiente para evaluar la compleja labor del docente. Es necesario recolectar información sobre el desempeño del docente de al menos dos periodos académicos y hacer acopio de otro tipo de evidencias para evaluar la labor del profesor” (García Garduño, 2003: 3).

Se advierte la “necesidad de que la evaluación no se restrinja a la emisión de juicios para tomar decisiones respecto a los reconocimientos que deben o no recibir los académicos a tono personal, sino que tenga un impacto real en la comprensión y mejora de los procesos académicos de las instituciones, sobre todo en lo que corresponde a la docencia” (Díaz Barriga, 2008: 232).

Ante las dificultades que enfrenta  la evaluación de la docencia se requiere del reconocimiento de su “multidimensionalidad”, haciendo frente a la polémica de cuáles son los indicadores más adecuados del desempeño docente. Hay autores que proponen reconocer el peso de elementos “macroestructurales” (políticas nacionales e internacionales) en la configuración de los procesos de evaluación docente, así como otros componentes “más cercanos a la práctica cotidiana de los profesores que entran en juego, como el tamaño del grupo, número de grupos que evalúan, nivel y modalidad del curso, y las características del programa de estudios” Elizalde, L. y Reyes, R. (2008).

Académicos: alejados de las políticas de evaluación

Poca importancia han dado las políticas de evaluación a considerar cómo han sido entendidas y afrontadas las demandas de las evaluaciones por parte de los académicos.

Según la encuesta nacional de académicos realizada durante 2008 -2009 por el proyecto “La Reconfiguración de la Profesión Académica en México, RPAM” , en nuestro país la docencia sigue siendo la actividad predominante  con la que se identifica la mayoría de los académicos, a pesar de que las políticas públicas desde los años 90 del siglo pasado han buscado consolidar un “perfil deseable” del académico –tener el nivel educativo de posgrado y dedicarse de manera equilibrada a la docencia, la investigación, la tutoría y la gestión-  y no obstante los múltiples cambios que se han dado en las funciones o roles que desempeñan los académicos (Estévez y Martínez-Stack, 2012).

Como efecto de unas políticas que, en términos efectivos, han estimulado la actividad de investigación, es posible advertir una tendencia hacia el asentamiento de dos tipos de académicos: el que se autodefine como docente siendo la mayoría (70%) y el académico que se vive como investigador; ambos difieren en condiciones laborales, características de su trabajo de enseñanza y en intereses, motivación y concepciones sobre docencia. Los académicos que se inclinan por la docencia dedican más horas a esta actividad, son los que menos han participado en los programas de política pública y muestran mayor inclinación hacia el uso de métodos de enseñanza  potencialmente innovadores (aprendizaje basado en problemas, casos, proyectos, prácticas);  en comparación, los académicos que se inclinan por la investigación,  dedican menos horas a la docencia y más a la investigación, son los que más han participado en los programas de política pública y muestran menor inclinación hacia el uso de métodos de enseñanza potencialmente innovadores.

Aunado al reconocimiento sobre el peso que tiene la docencia en el conjunto de sus actividades, la mayor parte de los académicos coinciden en señalar la insuficiencia de recursos y condiciones adecuadas para el desarrollo  de las actividades de docencia.  De 1835 académicos que respondieron las preguntas de la encuesta nacional sobre el tema de infraestructura y condiciones de trabajo, menos de la mitad calificaron como buenos o excelentes: los salones de clases (48%), la tecnología para la enseñanza (43%), laboratorios (36%), personal de apoyo para la docencia (24%) y financiamiento para la docencia (18%).

Poco más de la mitad, alrededor del 55%,  opina estar de acuerdo o fuertemente de acuerdo con el hecho de que en su institución  “se le alienta a mejorar sus habilidades docentes en respuesta a las evaluaciones de su enseñanza” y solo la mitad de quienes respondieron el cuestionario está de acuerdo o fuertemente de acuerdo con que en “su institución hay cursos adecuados para mejorar la calidad de la enseñanza”. Estos dos últimos porcentajes reflejan un fenómeno que caracteriza a la educación superior mexicana ya documentado en muy diversas fuentes: el total descuido institucional por la formación o preparación del académico para el desempeño adecuado de sus tareas docentes.

Solo el 30% de los académicos entrevistados considera estar de acuerdo que en “su institución los profesores con grados superiores realizan una mejor docencia que los profesores que no tienen esos grados”. Es decir, existe la opinión generalizada entre los académicos (70%) de que tener el grado de doctor no implica  ser un mejor docente. Este resultado muestra la necesidad de generar programas específicos para el mejoramiento de la docencia, que complementen a los programas orientados a la obtención de posgrados en la disciplina de conocimiento del académico. De igual forma, el que solo la mitad de los académicos está de acuerdo o fuertemente de acuerdo en que “los programas educativos acreditados son de mayor calidad que los no-acreditados”, plantea serias dudas con respecto a la eficacia de los grandes esfuerzos, materiales y humanos, que las instituciones mexicanas han invertido en la acreditación de sus programas en aras de un supuesto mejoramiento de la calidad.