Temas para reflexionar sobre el futuro de la Universidad

Temas para reflexionar sobre el futuro de la Universidad
Por Humberto Muñoz García en Campus Milenio

Hay una buena cantidad de temas y problemas en la educación superior del país, que han sido estudiados en la academia. En casi todos los análisis, se parte de la idea de que la educación superior es un bien público, un fin, una expectativa social y una meta a ser lograda. Por ahora, se ha pensado en ampliar las oportunidades educativas. Políticamente, hay un acuerdo para elevar la cobertura, de 3 a 4 de cada diez jóvenes de 19 a 24 años, para el fin del sexenio. Sería deseable que se elevara más, pero hay una infinidad de cuestiones que se necesitan resolver para avanzar.

Una, es la propia estructura de la desigualdad. La cobertura tiene una variación muy grande entre entidades federativas, y aún cuando se ha elevado en el conjunto, las que tenían menos siguen teniendo menos. El aumento no puede ser parejo en todas las entidades. La idea es lograr un mayor equilibrio.

Un estudio de la medición de la cobertura ha mostrado (Gil, Mendoza, Rodríguez y Pérez) que la ampliación de la matricula, en cada porción del territorio, tiene que llevar en cuenta, al menos, la dinámica de la población, la estructura urbana de las entidades federativas, la marginación, las capacidades económicas de las familias para mandar a sus hijos a la universidad, las condiciones del mercado laboral y las necesidades del desarrollo local. Esto es, no se trata, solamente, de abrir más instituciones donde la cobertura es baja.

Entre las cuestiones locales cuenta, sustancialmente, las condiciones del mercado laboral. Los estudios que se han hecho a nivel nacional y estatal (p.e. Burgos y López), permiten apreciar que los profesionistas, y también los posgraduados, tienen problemas para emplearse en el sector formal de la economía. Los profesionistas, como conjunto, tienen una de las tasas de desempleo más altas.

Los posgraduados también experimentan desempleo y dificultades mayores para incorporarse a la academia. Según datos de la AMC sólo un tercio, de los 3000 doctores que egresan al año en el país, consiguen un empleo o un trabajo para hacer investigación. Sabemos que, en algunas instituciones educativas, se presentan más de 100 doctores para concursar por una plaza.

Más todavía, hay un buen porcentaje de profesionistas y posgraduados que no usan lo aprendido en la escuela para realizar su trabajo, que reciben ingresos bajos (incluidos matemáticos y literatos). Desde hace tiempo se conoce que hay carreras críticas en el mercado (derecho y contaduría, p.e.), pero la demanda por ellas continúa.

El punto es que el poco crecimiento económico y la contracción del mercado laboral, como van, podrían desajustarse más con el aumento de la cobertura y una mayor oferta de trabajo altamente calificado. Cabe recordar que la contracción y las condiciones del mercado laboral son diferentes entre regiones y entidades federativas de México. Pero, en general, lo que se necesita es que se instaure un modelo de desarrollo que estimule el mercado interno y el empleo.

Así, sería altamente recomendable la existencia de políticas de gobierno (agrícolas, industriales, energéticas, de comunicación y de redistribución) que animen al mercado interno y el aumento del empleo formal. No hacerlo significará tener desperdiciada una fuerza de trabajo de alta calificación, con un grado elevado de inconsistencia de estatus, fenómeno que, teóricamente,  da origen a la protesta social.

Por lo demás, el aumento de la matricula requerirá una infraestructura escolar, que demandará inversiones y decisiones respecto a la creación de nuevas instituciones o la expansión de algunas de las ya existentes. Instituciones que tengan prestigio para atraer a la demanda. Instituciones preparadas para recibir a quienes ya han estudiado y deseen actualizar sus conocimientos.

Hay otros retos derivados del aumento de la cobertura. Por ejemplo, es evidente que la ampliación del sector público de la educación superior va a tener que considerar políticas para acceder a una educación de calidad y pertinencia. Lo cual lleva implícito innovaciones pedagógicas, dados los avances y usos docentes de las tecnologías de la información y comunicación.

Además, será necesario contar con un profesorado, en número suficiente, que: 1) tenga capacidad de enseñanza, y para establecer modalidades didácticas, que atraigan el interés de los estudiantes;  2)  goce del tiempo necesario para atender a los estudiantes fuera de clase y; 3) que se beneficie de programas de superación académica para actualizarse. Estos tres puntos van a presionar para cambiar el pésimo sistema de evaluación académica que nos aplican.

La expansión educativa esperada va a influir para alterar las estructuras institucionales. Habrá que dar voz y atraer a los estudiantes al diálogo. Asimismo, fortalecer la relación profesor-alumno, estimular la diversidad de la oferta educativa y la flexibilidad curricular. Las burocracias tendrán que volverse más eficientes y menos privilegiadas, y los sindicatos más democráticos, con mayor rotatividad de sus dirigencias, entendiendo que su labor es de apoyo a la academia.

En suma, el mayor reto será construir un nuevo ethos académico y una nueva cultura política universitaria. El cambio es con miras de largo plazo.

Los científicos, una especie en extinción; no hay dónde trabajar

Los científicos, una especie en extinción; no hay dónde trabajar
Por Eirinet Gómez en La Jornada

El problema de la ciencia en México no es de calidad, sino de cantidad, dijo Ruy Pérez Tamayo, profesor emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), durante la presentación de su libro Diez razones para ser científico, que tuvo lugar en la Feria Internacional del Libro Universitario (Filu 2014), que organiza la Universidad Veracruzana, y que en esta edición está dedicada a la ciencia y la tecnología.

Nosotros tenemos científicos del mejor nivel internacional, la calidad no es problema nuestro; es la cantidad, es el número de gente que se dedica a la ciencia, dijo.

En México, hay un promedio de cinco científicos por cada 10 mil personas económicamente activas, mientras países como Japón tienen un promedio de 70 por cada 10 mil habitantes.

Y el problema no es sólo que haya poca difusión y poca oferta de trabajo, sino que no hay dónde trabajar. La mitad de los alumnos que he tenido laboran en el extranjero, porque se fueron a hacer estudios de posgrado, regresaron a México, y no hay dónde trabajar. No se abren nuevas plazas, no se crean nuevas instituciones.

De las 10 razones para ser científico, que plantea su libro, y luego de un recuento personal sobre las inquietudes que lo llevaron a seguir el camino de la ciencia, Pérez Tamayo hizo alusión a la razón número ocho: la necesidad de incrementar la masa crítica de científicos que hay en México.

“Los científicos somos una especie en extinción, y la solución para nosotros, para alcanzar a los países desarrollados, sería que nuestro himno nacional, en lugar de decir piensa ¡oh Patria, querida! que el cielo un soldado en cada hijo te dio, dijera piensa ¡oh Patria, querida! que el cielo un científico en cada hijo te dio. No obstante, reconoció que lo último, es poco probable.

Ruy Pérez dijo que México necesita impulsar el número de personas que se interesan en la ciencia. Y para lograrlo hay que convencer a la población de la importancia de dedicarse a ella.

Pero, ¿cómo los convencemos en un mundo donde lo que cuenta es lo que se tiene y no lo que es; en el que cuánto tienes es más importante que el cuánto sabes; en el que el cuánto te va beneficiar es más importante que el cuánto contribuyes? La única respuesta que se me ocurre a esta pregunta, que me parece legítima, es hacer luchar, con todo lo que tenemos, todo el tiempo, contra todo lo que se oponga a esto.

En la presentación de su libro, Ruy Pérez Tamayo hizo un recuento de su historia personal. Contó que en su infancia él no pensaba en ser científico ni en estudiar medicina, “yo sólo quería ser como mi hermano mayor, que me llevaba año y medio. Para mí él siempre fue un gran personaje: si él hubiera sido bombero, yo lo hubiera sido, pero decidió ser médico, y entonces yo fui detrás de él.

Éramos una familia muy pobre. En 1943 todos los libros de medicina estaban en francés, de modo que si yo estudiaba lo mismo que mi hermano, no sería necesario comprar nuevos libros, ya los teníamos. Y esa fue la razón por la que mi hermano menor estudió medicina también.

Recuerdos de universitario

De su época universitaria, Pérez Tamayo destacó su amistad con Raúl Hernández Peón –uno de los primeros neurofisiólogos de México–, a quien su papá le había construido un pequeño laboratorio de fisiología en el sótano de su casa, en la colonia Roma de la ciudad de México.

“Una de las cosas que me enseñó fue a cazar gatos, porque esos animales trabajábamos; como no los podíamos comprar, me enseñó la técnica para cazarlos en las azoteas de la casas de esa colonia, en las noches.

“Raúl tomaba un gato, lo anestesiaba, lo amarraba a la mesa de cirugía, lo operaba, le medía la presión, el pulso, la respiración, estimulaba los nervios alrededor de la arteria renal… era extraordinario, algo insospechado, muy pronto yo ya quería ser investigador como él”.

Durante la presentación del libro Diez razones para ser científico, se informó que el 23 de marzo, el Consejo Universitario General de la Universidad Veracruzana formalizó la Cátedra Ruy Pérez Tamayo, ejercicio académico que inició en 2005, a propuesta de la Dirección General de Investigaciones.

Colegiación y certificación obligatorias para algunas profesiones

Colegiación y certificación obligatorias para algunas profesiones
Por Ruth Padilla Muñoz en la Gaceta UdeG Nº 789

La reciente  Iniciativa con proyecto de decreto por el que se expide la Ley General del Ejercicio Profesional Sujeto a Colegiación y Certificación Obligatorias, fue presentada por un grupo de senadores del PRI, PAN y PRD, el pasado 10 de febrero, con el argumento de que una de las funciones del Estado es la de asegurar a la población que cuando acuda a solicitar los servicios de un profesionista, éste los reciba con certeza de calidad y conforme a los parámetros de conducta ética y profesional correspondientes a cada disciplina.

La citada iniciativa establece en su artículo 1° que “es reglamentaria del artículo 5º, párrafos tercero y cuarto, y 121 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en materia del Ejercicio Profesional sujeto a colegiación y certificación obligatorias, estableciendo sus bases y requisitos”.

En ella se afirma también que no todas las actividades profesionales están consideradas en esta regulación, sino sólo aquellas que guarden relación con la vida, la salud, la seguridad, la libertad y el patrimonio de las personas: medicina y ciencias de la salud, arquitectura e ingenierías, derecho y contaduría pública, así como las que en el futuro se determinen.

En razón de lo anterior, las reformas constitucionales producto de esta iniciativa buscarían establecer un mayor control en el ejercicio de aquellas profesiones que, por su naturaleza, adquieren relevancia para el interés público.

Dentro de la exposición de motivos se identifican cinco problemas principales, relacionados con el ejercicio de las profesiones, que justifican los cambios propuestos en la iniciativa, como son: 1) la disparidad académica de los estudios superiores; 2) la necesidad de certificación de conocimientos; 3) la necesidad de control en el desempeño ético; 4) la falta de participación activa de los profesionistas en actividades del Estado y 5) la necesidad de una mayor representatividad de las profesiones y sus miembros para promover mejores condiciones de su ejercicio.

Se justifica implementar una ley general en esta materia por la necesidad de establecer los requerimientos mínimos que deben ser observados en todo el territorio nacional, y por la urgencia de definir y distribuir las competencias entre el Estado y las entidades federativas.

En este sentido, lo que da vida a esta iniciativa de ley es la aparición de un nuevo órgano administrativo denominado “Comisión Interinstitucional de Colegiación y Certificaciones Profesionales”, al cual se le atribuye la función de crear y mantener actualizado el Catálogo General de Actividades Profesionales que serán sujetas a colegiación y certificación obligatorias.

El tema es polémico y se requiere profundizar en el análisis, pues de ser aprobadas estas iniciativas, todos los profesionistas que quieran ejercer actividades incluidas en el catálogo tendrán que contar con un título profesional válido, cédula profesional vigente y constancias de colegiación y certificación obligatorias que avalen el ejercicio competente de sus labores.

Esto significa que serán creados colegios de profesionistas, a los cuales tendrán que afilarse obligatoriamente todos aquellos interesados en seguir ejerciendo su profesión, además de que deberán certificar sus competencias y conocimientos de manera periódica (por lo menos cada 5 años), por medio de entes certificadores.

El término certificación lleva a la definición de cuáles competencias profesionales debe demostrar quien aspira a obtener la cédula profesional, como requisito para el ejercicio libre de una profesión y cuáles serán los parámetros e instrumentos idóneos para evaluarlas.

Las universidades no pueden permanecer ajenas a un tema tan delicado, por lo que deben promover foros de discusión y reflexión, aceptando que los conocimientos en una profesión requieren de actualización permanente, porque la ciencia y la tecnología avanzan a pasos agigantados, y en el caso de esta última, ha cambiado el ejercicio de todas las actividades profesionales.

También conviene afirmar que si alguien estudió hace 20 años e incluso mucho menos, seguramente lo aprendido en la universidad de poco le servirá ahora, y debe demostrar que lo que sabe mediante la experiencia, la formación y capacitación, lo mantiene vigente para brindar servicios profesionales de calidad a cualquier usuario, en bien de la sociedad a la que sirve.

Sin embargo, debemos tener presente que las buenas intenciones de estas iniciativas pueden ser distorsionadas si no se pone especial atención a la reglamentación secundaria y, sobre todo, no podemos pasar por alto la ironía de que el panorama laboral en México se caracteriza por la falta de oportunidades para tener acceso a un trabajo bien remunerado, lo que orilla a un buen porcentaje de los profesionistas a terminar ejerciendo actividades que no tienen relación con su formación académica, por lo que no estarán dispuestos a certificar conocimientos que no ponen en práctica y, además, cubrir los costos derivados de la pertenencia a un colegio de profesionistas que no los representará.

La recreación de la memoria, función primordial del museo

La recreación de la memoria, función primordial del museo
Por Lourdes Vera Manjarrez en el semanario de la UAM Vol. XX, Núm. 38

La doctora Miriam Bertran Vilá, nutrióloga  y  antropóloga  social  que se desempeña como investigadora en la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM),  ha  indagado  durante más de  una  década  por  qué  los mexicanos  comen  lo  que  comen  para explicar cómo afecta esto la salud.

La  información obtenida en estos estudios  será presentada en el Seminario  food  studies:  food,  cultures  and  health,  en  el marco  de la  quinta  edición  de  la  Asia-Euro Conference 2014, que organizaron la Taylor’s University, Subang Java, Malaysia y la Université de Toulouse Le Mirail, de Francia, y será realizada del 19 al 21 de mayo.

El  encuentro  fue  convocado con  el  objetivo  de  dar  a  conocer las  contribuciones  de  las  ciencias sociales  a  la  comprensión  de  los hábitos  alimenticios  humanos; esta  edición  propone  avanzar  en la construcción de una red internacional  para  investigar  sobre  alimentación, salud y cultura.

Especialistas  de  Francia,  México,  España,  Finlandia,  Australia  y Brasil compartirán datos y  resultados de sus indagaciones; discutirán metodologías,  paradigmas  y  marcos  teóricos utilizados; expondrán las problemáticas derivadas de los contextos nacionales, y estudiarán las condiciones para articular la red de estudios sobre alimentación.

La constitución de una red internacional sería de la mayor trascendencia,  opinó  la  experta,  porque los  estudios  que  emerjan  de  ella constituirían  lineamientos para  ser retomados  por  organismos  internacionales  de  alimentación,  salud y economía a manera de recomendaciones específicas en la búsqueda  de  soluciones  a  problemáticas determinadas.

Las recomendaciones derivadas de estudios  serios  son  siempre de la mayor relevancia al momento de diseñar políticas públicas, opinó la científica.

Desde hace mucho tiempo, una de las sugerencias desde la academia en México ha sido nunca ir en contra de la tradición o las costumbres alimentarias y sigue cometiéndose el error de no considerar tal aspecto. Por ejemplo, se  incentiva el consumo de frutas y verduras sin la producción suficiente ni el abasto equitativo de esos alimentos.

Como resultado de  la experiencia y el  rigor del  trabajo  científico realizado en la UAM en la línea de Alimentación y Cultura se han creado  lazos colaborativos con  la Universidad de Toulouse, con la que la UAM ha firmado un convenio marco para desarrollar proyectos de investigación, educación y difusión.

El doctor Salvador Vega y León, rector general de la UAM, realizará una visita a la Universidad de Toulouse para firmar un acuerdo específico  con  el  Instituto  Superior  de Turismo, Hotelería y Alimentación, que pertenece a esa institución de educación superior.

Formación de divulgadores de la ciencia

Formación de divulgadores de la ciencia
Por Rebeca Ferreiro en la Gaceta UdeG Nº 789

De no ser por la labor de los divulgadores, siglos de avances científicos, teorías que dialogan y se refutan entre sí, los fundamentos que sostienen el pensamiento moderno o experimentos que han tenido que ser demostrados con años de meticulosas investigaciones, podrían caer en el olvido o bien mantenerse herméticamente concentrados en restringidos círculos científicos.

Con el objetivo de incentivar la escritura y lectura de textos de divulgación que aproximen la ciencia a un amplio público lector, desde 1986 el Fondo de Cultura Económica (FCE), en coordinación con la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), editan “La ciencia para todos”, una colección de textos que recogen importantes hallazgos científicos, con un lenguaje accesible para los jóvenes.

Actualmente son 236 los títulos de autores latinoamericanos y españoles publicados, que analizan temas de 11 disciplinas e interdisciplinas del conocimiento, incluidas física, matemáticas, ciencias de la Tierra, ciencias aplicadas o ciencias de la salud, entre otras.

“En 1989, para acercar estos títulos a lectores jóvenes, dio inicio el concurso La ciencia desde México [hoy: Leamos la ciencia para todos], con el que conseguimos entonces la participación de dos mil chicos. Ahora esperamos que en la más reciente convocatoria –que aún está abierta– tengamos una participación de alrededor de 20 mil jóvenes”, explica Verónica Fuentes Velázquez, coordinadora general del concurso.

Éste, dirigido a jóvenes de entre 12 y 25 años, insta a los lectores, de acuerdo a su edad, a escribir un resumen, una reseña crítica o un ensayo sobre algunos de los temas científicos analizados en la colección. También considera la participación de profesores del nivel medio superior, con un ensayo sobre su experiencia docente o un manual didáctico que permita hacer de la enseñanza de la ciencia una experiencia más pedagógica.

De esta manera, un primer acercamiento a la lectura científica se convierte en el escalafón que propicia, desde la escritura, la construcción de un pensamiento crítico que abona a la proliferación de futuras generaciones, no sólo de lectores, sino de divulgadores del conocimiento.

Transgénicos, instrumento para mejorar cultivos

Transgénicos, instrumento para mejorar cultivos
Por Patricia López en la Gaceta de la UNAM Núm. 4, 602

Los organismos genéticamente modificados (OGM) o transgénicos son una herramienta útil para contender con plagas y mejorar cultivos en el campo sin utilizar insecticidas ni fertilizantes contaminantes, afirmó Francisco Bolívar Zapata, investigador emérito y fundador del Instituto de Biotecnología.

Durante tres décadas, los OGM han mostrado su eficiencia para crear medicamentos como la insulina sintética, el interferón y algunos anticoagulantes sanguíneos; además, por siglos se han usado para fabricar alimentos y bebidas como el queso y la cerveza, y más recientemente para mejorar la producción de huevo y vino, ejemplificó.

El universitario aclaró que no hay evidencias científicas de posibles daños a la salud y al medio ambiente debido a los transgénicos que, en cambio, pueden considerarse de bajo riesgo, pues la integración de un gen de un organismo a otro ocurre en la naturaleza durante la transferencia horizontal, porque todos los seres vivos compartimos dentro de nuestras células la estructura de la doble hélice del ADN, explicó en el auditorio A de la Facultad de Química.

Coordinador de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Oficina de la Presidencia de la República e integrante de El Colegio Nacional, Bolívar Zapata ofreció la conferencia Ciencia Genómica, Biotecnología y Bioseguridad, organizada entre esa entidad y la Facultad de Química, donde cursó la licenciatura en Ingeniería Química y el doctorado en Bioquímica.

Actualmente, detalló, más de 134 millones de hectáreas son ocupadas en el cultivo de plantas transgénicas en 27 naciones, y sus productos son consumidos por más de 300 millones de personas en más de 50 países.

“La polémica sobre su uso se centra, en especial, en el área agrícola, en su uso en semillas y plantas como el maíz; pero en las áreas de la salud y los alimentos han sido mucho más aceptados”, reconoció el científico galardonado con los premios Príncipe de Asturias 1991 y Nacional de Ciencias y Artes 1992.

Aunque hasta ahora no hay pruebas contundentes de daño por utilizarlos o consumirlos, existe una legislación mundial y nacional para regularlos que debe conservarse, opinó.

México es firmante del Protocolo de Cartagena, que establece el marco para el manejo transfronterizo con la idea de comercializar estos organismos y sus productos. Con base en este compromiso fue elaborada la Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados, para garantizar la protección de la salud humana, el medio ambiente, la diversidad biológica y la sanidad animal, vegetal y acuícola.

Reguladores de mensajes neuronales

Reguladores de mensajes neuronales
Por Mariana Dolores en la Academia Mexicana de Ciencias

La razón de cómo interactuamos con todo lo que nos rodea está en las células que componen nuestro sistema nervioso, las cuales por sí solas no generan pensamientos pues ellas sólo reciben y transmiten señales eléctricas; es hasta que todas las neuronas interactúan y se coordinan que se produce una acción. Así, la función del sistema nervioso consiste básicamente en la captación de señales donde un estímulo produce una respuesta.

En el camino para entender cómo se regulan estas señales eléctricas en el sistema nervioso, se ha encontrado que hay algunas señales que conducen a la excitación neuronal y otras a la inhibición. “Muchas veces consideramos que el sistema nervioso se mantiene en constante excitación, pero esto no es así, el control inhibitorio es fundamental porque las alteraciones de éste desencadenan procesos patológicos como los estados epilépticos”, explicó el doctor Ataúlfo Martínez Torres del Instituto de Neurobiología de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Ese control inhibitorio está dado en parte por una sustancia química: el ácido gama amino butírico (GABA) que es un aminoácido que se encuentra en el cerebro, y es uno de los mayores neurotransmisores inhibitorios, pues bloquea el encendido neuronal. Para que el GABA ejerza sus efectos sobre las células nerviosas necesita primero asociarse con sitios expecíficos en la cubierta o membrana celular a los que se denomina receptores. Recientemente el estudio de los receptores a esta sustancia ha adquirido importancia por su papel en el origen de la ansiedad y otras alteraciones psiquiátricas.

Estos receptores son moléculas en la membrana celular afines al GABA, que conforman toda una familia de aminoácidos a la que pertenecen también los receptores GABArho, que se encuentran en abundancia en la retina del ojo, y son importantes para regular los mensajes neuronales a lo largo de la vía visual.

“Hasta años más recientes localizamos la presencia de receptores GABArho en varias áreas del cerebro, incluyendo el hipocampo, la amígdala y el cerebelo y que se pensaba sólo existían en la retina; además, de manera interesante nos dimos cuenta que los receptores se encuentran en neuronas, pero también los localizamos en astrocitos, que forman parte del sistema glial del cerebro”, dijo el también integrante de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).

Para el estudio tanto de la estructura como de la función de los receptores GABArho el investigador y su grupo utilizan una técnica que consiste en expresar proteínas provenientes de células del sistema nervioso en óvulos de rana, lo cual se logra mediante la inyección del ARN (ácido ribonucleico) mensajero de las células del cerebro –el material que lleva la información codificada en nuestro genoma y que es requerida para la síntesis de proteínas en todas nuestras células– para que se sinteticen nuevas proteínas.

A partir de estos estudios se ha encontrado que los receptores GABArho “también están relacionados a procesos de aprendizaje y memoria. Aún nos queda mucho por comprender sobre su papel en las células gliales, que a pesar de ser consideradas básicamente células de sostén del tejido nervioso, existe una dependencia funcional muy importante entre neuronas y células gliales pues estas permiten la comunicación y la integración de las redes neurales. Además, estamos analizando a estos receptores en otras áreas del cerebro en donde hemos identificado su presencia”, dijo Martínez Torres.

Los estudios acerca de los receptores GABA y sus familias continúan para intentar descifrar qué otras funciones cumplen en nuestro cerebro.

El Conacyt no debe dirigir la divulgación de la ciencia sino apoyarla: Fernando del Río

El Conacyt no debe dirigir la divulgación de la ciencia sino apoyarla: Fernando del Río
Por Luz Olivia Badillo en la Academia Mexicana de Ciencias

Cuando Fernando del Río Haza regresó a México en 1969 después de realizar su doctorado en física en la Universidad de California en Berkeley, en paralelo a su carrera como científico, se integró como jefe de redacción y subdirector de la revista Naturaleza.

La difusión de la ciencia al público fue una actividad que se empezó a desarrollar intensivamente en nuestro país a partir de la segunda mitad del siglo pasado con la creación de la revista Físicaen 1968, que después cambió su nombre a Naturaleza(1970-1984), convirtiéndose en una de las primeras revistas de divulgación científica de México, en ese entonces bajo la dirección del doctor Luis Estrada Martínez, quien es considerado pionero en este campo.

En entrevista, Fernando del Río, profesor emérito de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa (UAM-I) y ex presidente de la Academia Mexicana de Ciencias, señaló que uno de los objetivos de la revista era romper mitos en torno a la ciencia, como por ejemplo “que los conocimientos científicos o los dictados de la ciencia son inamovibles”, ese pensamiento es tan nocivo como descalificarla en automático, dijo y agregó que en temas de ciencia “es sano mantenerse escéptico, al mismo tiempo uno tiene que combinarlo con un sano respeto por las cosas que dentro de la ciencia y dentro de ese escepticismo están bien hechas”.

Sobre los motivos que tuvo para iniciarse en la divulgación de la ciencia y continuar en esa labor, dijo: “A mí lo que más me mueve al hacer divulgación, es que la ciencia es una fabulosa creación humana que llevó mucho tiempo a la humanidad realizarla. Entre esas complicaciones está que si la gente no tiene un mínimo entrenamiento científico no la puede disfrutar, ni percatarse de su belleza y su valor, independientemente de sus aplicaciones, de su valor per se”.

La nueva legislación

A raíz de la adición de un segundo párrafo a la fracción XI del artículo 2 de la Ley Orgánica del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) en materia de divulgación de la ciencia y la tecnología, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 19 de marzo, el doctor Fernando del Río consideró que “el Conacyt no debe dirigir la divulgación de la ciencia, sino apoyarla”.

El segundo párrafo adicionado establece: “Apoyar la generación, difusión y aplicación de conocimientos científicos y tecnológicos. Para ello, el Conacyt deberá emprender acciones que fomenten y fortalezcan las actividades de divulgación científica entre los investigadores del país y las organizaciones de la sociedad civil. De igual forma, deberá incentivar la vinculación entre estos actores y las instituciones del sistema educativo nacional a fin de fortalecer la capacitación de los educadores en materia de cultura científica y tecnológica”.

El investigador adscrito al Departamento de Física de la UAM-I añadió al respecto que no cree que el Conacyt deba dirigir la ciencia ni su divulgación, sino que “la debe encausar y establecer cuál es la política del gobierno en el tema. Además, debe quedar claro saber cuál es la ciencia y la divulgación científica que le interesa al gobierno y, para establecer dichos criterios, es prioritario que tome en cuenta a la comunidad de científicos y a otros sectores de la sociedad”.

Es la primera vez que queda establecido un lineamiento oficial relacionado con la divulgación de la ciencia en México.

La ciencia, una fabulosa creación humana

Si una persona puede apreciar una obra de arte también puede apreciar a la ciencia sea un científico o no. El especialista en mecánica estadística y termodinámica, consideró como un efecto positivo que observa a más de 40 años de distancia, que la actividad de divulgación abarque prácticamente todos los medios: radio, televisión, periódicos, revistas, exposiciones, etcétera, y que se ha profesionalizado y formalizado; sin embargo, en su opinión se ha dejado de lado a la ciencia.

“Hay muy buenos soldados pero faltan generales de la divulgación de la ciencia y a estas alturas ya deberíamos tener varios. Me gustaría que surgieran algunos campeones de la divulgación científica con trabajos muy relevantes. Yo no me preocuparía porque creciera más la comunidad de divulgadores sino por la calidad de lo que hacen”, comentó.

El doctor Fernando del Río Haza es autor del libro En pocas palabras, el cual aborda los errores de redacción más comunes al momento de elaborar textos científicos y técnicos. Este libro fue el resultado de su experiencia enNaturaleza; asimismo, es coautor del libro Cosas de la ciencia de la colección “La Ciencia para Todos”, que edita el Fondo de Cultura Económica.

El devenir como unidad de opuestos

El devenir como unidad de opuestos
Por Juan Carrillo Armenta en la Gaceta UdeG Nº 783

La lógica tiene tres gran des reglas: el  principio de identidad (que asegura que una cosa es idéntica así misma); el principio de contra dicción (que afirma que una cosa no puede ser al mismo tiempo ella y su contrario), y el principio de tercero excluso (que indica que entre dos posibilidades contradictorias no hay lugar para una tercera).

Esta lógica ayuda a “pensar bien”. Es un instrumento que con base en sus tres principios clasifica cada cosa de una manera bien determinada; que obliga, por tanto, a ver las cosas como idénticas a ellas mismas, que enseguida nos pone en la obligación de elegir, de decir sí o no, y en conclusión que excluye, entre dos casos la vida y la muerte, por ejemplo una tercera posibilidad.

El silogismo parte de este mismo modo de razonamiento.

La dialéctica opera de una manera por completo distinta, ya que rompe los dualismos a los que la lógica aristotélica (y el pensamiento mismo) está acostumbrada. Hegel retoma las teorías de Heráclito, sobre todo su concepto de “unidad de los contrarios” y la idea de que nada es estático, que la realidad (la verdad) está en un devenir continuo, y que Heráclito sintetiza con su famosa frase “Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río”.

Escribe Hegel en su Ciencia de la lógica: “El puro Ser y la pura Nada es por tanto lo mismo. Lo que es Verdad es, no el Ser o la Nada, sino que el Ser a la Nada y la Nada al Ser —no pasa, sino que ha pasado. Pero asimismo es la Verdad no su no ser/estar distinguidos, sino que ellos no son lo mismo, que ellos son absolutamente diferentes, pero de este modo inesperado e inseparables y sin mediación, de modo inmediato, cada uno de ellos desaparece en su contrario. Su verdad es por tanto ese Movimiento de Desaparecer inmediato del uno en el otro: el Fieri, un Movimiento en el que ambos son diferentes, pero mediante una Distinción que asimismo se ha disuelto sin mediación”.

Hegel también rompe con los dualismos a los que la filosofía de Kant había llevado en su Crítica de la razón pura. Kant señala que a la razón le es inherente la  contradicción, por eso para Kant  es imposible la metafísica como  ciencia. Pero, para Hegel, esa contradicción de la razón a la que había concluido Kant y que impedía entender la metafísica (Dios, alma y mundo) es lo que precisamente posibilita entender el devenir.

Para Hegel la verdad está en el devenir, pero si se le piensa con las categorías trascendentales kantianas nadie podrá entenderlo, porque va a tender a estatizar la realidad, que es siempre cambiante. Es entonces que es necesario un pensamiento distinto —la dialéctica— para pensar el devenir como unidad de opuestos. Hegel cambia así la noción de conocimiento a la que había llegado Kant.

Fuera de la filosofía occidental (europea) los especialistas piensan que aunque otros pueblos tienen un pensamiento hermoso y profundo, con preguntas existenciales, que pueden rayar hasta en una metafísica, sus planteamientos no pueden considerase filosóficos en sentido estricto, porque no están planteadas sus cuestionamientos de modo estrictamente racional y que mezclan con un pensamiento místico, mágico o religioso.

Miguel León Portilla comete un “sacrilegio” intelectual en ese sentido. Considera que los antiguos pueblos de Mesoamérica sí plantearon los mismos problemas que los filósofos europeos, claro, con otras categorías de pensamiento, como da cuenta en sus libros El pensamiento prehispánico y en La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes. Señala que la concepción de un tiempo cíclico de los antiguos mesoamericanos y la Leyenda de los Soles  coincide con las antiguas convenciones de Heráclito en la que la realidad está sujeta a la destrucción, es decir, que todo se destruye, es contingente y efímero.

A decir de Portilla, esta reflexión empuja a pensar en la búsqueda de lo permanente que, en medio del cambio, de lo contingente y de lo efímero, algo tiene que permanecer. Esta preocupación hace que Quetzalcóatl plantee una serie de reflexiones que van a tener como motivo central una concepción muy particular acerca de un “dios” principal: Ometéotl.“El principio supremo es Ometéotl, dios de la dualidad. Metafóricamente es concebido con un rostro masculino,  Ometecuhtli, Señor de la dualidad, y con una fisonomía al mismo tiempo femenina,  Omecihuatl, Señora de la dualidad.

Él es también  Tloque Nahuaque,  que quiere decir el ‘Dueño de la cercanía y la proximidad’, el que en todas partes ejerce su acción, que es también Moyocoyatzin, el que se está inventando a sí mismo”, señala Portilla en El pensamiento prehispánico.

¿Qué expresa esa noción? Que Ometéotl es en sí mismo principio femenino y masculino, sujeto y objeto, agente y paciente. ¿Qué es lo que está detrás? Un pensamiento que apela al ciclo, al devenir. Ometéotl es causa de sí mismo: se crea y en ese acto de creación recrea la realidad constantemente. Más allá de Ometéotl no hay nada, porque él es causa en sí mismo. 7

Afecto y administración

Afecto y administración
Por Luis Porter en U2000

Todo regreso de un sabático, no importa su extensión, nos confronta con el hecho humano, pero no por ello menos cruel, de la poca falta que uno hizo en la institución, alimentando la creciente sospecha de que podría dar lo mismo estar que no estar. Parece ser que las cosas siguen funcionando igual con o sin uno. Reconozcamos que es lo normal. Sin embargo, preferimos pensar que esta situación no es del todo verdad, que las cosas cambian día con día, ya que, después de todo, nada es estático, nos encontremos presentes o no.

Pensamos, no sin admitir cierto margen de error, que veinte, treinta o casi cuarenta años de compartir una institución han debido crear entre los que asistimos día con día, algunas amistades perdurables, vínculos, proyectos en común. Pensamos, no sin ver la posibilidad de estar equivocados, que la convivencia en el tiempo acerca y hermana a los que participan en ella.

Se ha comprobado que esta afirmación es totalmente cierta en aquellas comunidades hilvanadas por intereses mutuos, cuando las redes y los intercambios obligan a una especie de seguridad social mutua, (como bien lo explicó hace muchísimos años, Larissa Lomnitz en su libro Como sobreviven los marginados). Sin embargo, eso no es lo que ocurre en la universidad de los tiempos completos y las plazas definitivas. Allí, cada individuo es una parcela adherida a un contrato perenne que en lugar de unir, desune y los aleja de todos los demás. Una comunidad que se conforma de individuos que prescinden del otro, ignoran a sus jefes y trabajan en función de una productividad medida en puntos. Las reglas del juego no promueven el trabajo común, en equipo, ni mucho menos la necesidad de ponerse de acuerdo y cooperar.

Pocos, porque sí los hay, han llevado a cabo su ser universitario como quien es capaz de meter el universo en una cajita de cerillos. No forma parte de la cultura nuestra ser punzantes o irónicos, prevalece una formalidad convencional, que esconde bajo ciertas maneras al crítico demoledor que pudiera oponerse y hasta neutralizar los dardos que le lanzan desde los pasillos universitarios. Tampoco está en nuestra cultura universitaria ejercer el sentido del humor. Reír constituye una conducta que provoca sospechas en la Academia.

Los colegas prefieren deambular, guardando las formas y, en todo caso, con un ceño de rigor, que los reviste de esa propiedad que se autoimponen en la falsa idea de que así se ven más en su papel. De tal manera que al regresar de una ausencia, uno llega esperando brazos abiertos, y termina escabulléndose por esos sitios perdidos, que por suerte existen, y desde los cuales uno puede tramar su docencia, sus proyectos, su nuevo plan anual, que deberán ser aprobados por comités conformados por esos otros preocupados por mantener su cuño y garra en lo único que los hace sentir contentos, su mínima parcela de poder.

Sin embargo, y afortunadamente, la universidad es mucho más que esos recintos cerrados donde individuos relajados por años de paraburocracia ejercen su indiferencia. Existe entre las jacarandas de los estacionamientos, entre las pocas flores del jardín, y las múltiples equivocaciones de los arquitectos, un escondido entramado de espejos y laberintos, representado por el personal que nunca falla y siempre está, que no son ni profesores ni los alumnos, y está conformado por las secretarias y los miembros del aparato administrativo, que cumplen con sus funciones en los horarios previstos, siempre en su sitio, dispuestos al saludo, ejerciendo su labor de ayuda para que todo funcione, aunque los conductores no tengan claro hacia dónde.

Es curioso, que la universidad presente en sus puestos de trabajo rutinario, no siempre bien remunerados, no exentos de presiones y divisiones internas, de territorios inexpugnables y de colores contrastantes, un mundo menos hostil o duro que, al contrario, llega a ser entrañable. La universidad semideshabitada por los que debieran estar allí, profesores y estudiantes, seminarios y eventos, lo está siempre y cada día en esos rincones, o laberintos de escritorios poblados por el personal que siempre tiene tiempo para una breve charla, un café, e incluso un tramo de sentido del humor, amistad y reciprocidad de sentimientos.

Llama la atención que décadas de convivencia no hayan generado un mayor afecto entre nosotros los profesores. Pareciera que la carga afectiva se deja para los homenajes y los soliloquios, cuando ya es demasiado tarde y entonces sí, es tiempo de reconocimientos. Es insólito, en un país con escasa capacidad de ofrecer trabajo firme fijo y remunerado, que los privilegiados no lo vivan con cierto sentimiento de agradecimiento que los lleve a ser amables con los demás. ¿Qué ocurriría si se convocara a estrechar la relación afectiva entre la planta docente, tan fracturada hoy por inquinas, desprecios, indiferencias, intereses, y otras mezquindades? ¿Quién acudiría, como ocurre en los homenajes póstumos, a estrecharse la mano y ofrecer un cálido abrazo a los familiares de ese que les resultó en vida tan arbitrariamente antipático?

Mientras la universidad no crece, si crecen sus muros y se cierran las puertas. Para encontrar una sonrisa, nos acercamos al escritorio de la secretaria, y entre una galletita, un terrón de azúcar, y un café, hablamos un rato de profundas trivialidades. Nos apartamos momentáneamente del sueño atroz en que se ha convertido la convivencia con los colegas. ¿De qué habrá servido su constante adición de eventos al currículum vitae, y su vaga erudición? le pregunto a la secretaria buscando el alivio que produce oír su voz, diciendo su opinión. El amor en la Academia asume formas extrañas, mitologías con sus pequeños, pero necesarios actos mágicos, para sobrevivir con la poco certera creencia de que nos encontramos entre humanos.

He sido profesor durante cuarenta años y siempre he procurado que todos mis alumnos pasen al siguiente curso. No creo en el sacrificio y menos aún en que la letra con sangre entra. No he aplicado el terrorismo, como hacen tantos de mis colegas, y he buscado siempre una universidad humana. Debo decir que no la he encontrado. No creo que hayamos convertido a nuestras universidades públicas en recintos de convivencia afectuosa. Habrá muchas razones para ello, pero por cierto, no existe ninguna justificación.