La cobertura y la eficiencia en la educación superior

La cobertura y la eficiencia en la educación superior
Por Arturo Jiménez Cruz (Profesor Investigador de la UABC) en la Observatorio Académico Universitario

México cuenta con una cobertura de educación superior para jóvenes de 18 a 24 años de aproximadamente 30%. El presidente Peña prometió en su campaña que al final del sexenio México tendría una cobertura en educación superior de 40%. Venezuela tiene más de 44%, de cobertura, Argentina más de 60% y Corea cerca del 90%.  Es decir, no estamos muy bien y necesitamos respuestas rápidas y eficientes.

Las necesidades de  ampliación de cobertura,  la falta de imaginación de las autoridades educativas, y la falta de asignación de mayor presupuesto por el gobierno y los legisladores (con la excepción de algunos legisladores de partidos de izquierda),  los han llevado a crear recientemente programas de estímulos a la actividad docente en la que la investigación tiene relativa poca relevancia.

Por otro lado, en un reciente informe sobre ciencia del CONACYT, Baja California ocupa en el país, el tercer  lugar en recursos para infraestructura académica e investigación, cuarto lugar en personal docente y de investigación, quinto lugar en formación de recursos humanos, tercer lugar en infraestructura empresarial y  en contraste ocupa 17 en producción científica e innovadora y 27 en componente institucional.

El Gobierno del estado y las autoridades de educación superior deben tomar nota de esta desafortunada diferencia. En qué y en quienes se está invirtiendo tanto para investigación en el estado, que no cuenta con una productividad científica y registro de patentes equivalente?  Porque las instituciones de educación superior y de investigación no son eficientes en producción científica e innovadora?  Porque otros estados mexicanos con menores recursos tienen mayor producción científica e innovación? La respuesta a esas preguntas podría permitir plantear las medidas para resolverlas.

Por lo que me parece necesario analizar algunos referentes, como son el caso del Plan Bolonia para las universidades europeas y el plan de educación superior en los Estados Unidos.

El plan Boloña se firmó en 1999 y se puso en marcha en 2010. ¨Su objetivo es reformar el sistema universitario en Europa a través del Espacio Europeo de Educación Superior, organizado por calidad, movilidad, diversidad y competitividad.  Pretende la total movilidad de estudiantes y docentes dentro del continente y la homogeneización total de los estudios superiores en Europa”.

http://www.20minutos.es/noticia/492210/0/plan/bolonia/ya/.

El proceso de Boloña tiene un nuevo sistema de créditos y plantea tres ciclos: primer ciclo (licenciatura) de 180 a 240 créditos (3 a 4 años), segundo ciclo (maestría) de 90 créditos (1 a 2 años) y tercer ciclo (doctorado),  de 3 a 4 años, que incluye un período de formación y otro de investigación.  Para contabilizar los créditos se toman en cuenta las horas de clases teóricas, las prácticas, y las horas de estudio. Cada crédito ECTS (Sistema Europeo de Transferencia de Créditos, por sus siglas en inglés) corresponde entre 25 y 30 horas semanales, incluyendo el trabajo del alumno en casa o en la biblioteca (horas de estudio). Un año académico corresponde a 60 créditos, que equivale a 1500 a 1800 horas.  En el caso de medicina la licenciatura incluye 360 créditos, es decir,  se requiere cumplir el doble de créditos que para obtener el grado de licenciatura en algunas disciplinas (180) o lo mismo que una licenciatura más un doctorado en la mayoría de disciplinas.

El plan ha presentado resistencias y críticas. Sin embargo, es un reconocimiento a la necesidad de homologar y reformar el sistema educativo vigente para actualizarlo a las necesidades de la globalización y hacerlo más eficiente. Los países europeos tienen una cobertura media de 65%.

En los EEUU, la cobertura de educación superior es aproximadamente de 70%. Ocupa el lugar número 10 en cobertura de educación superior. Los programas de licenciatura son de tres a cuatro años (dependiendo la disciplina y el número de materias avanzadas que se hayan realizado en la preparatoria). Se pueden realizar dos años en los ¨Community College¨ y otros dos en las universidades o tres a cuatro años en las universidades. El plan es tan flexible que solamente el 10% de alumnos son de tiempo completo. La mayoría comparten trabajo parcial con la licenciatura.  Algunos ¨ Community college¨   ofrecen un limitado número de licenciaturas.

En la UCLA, por ejemplo (entre la 10 y 14 del mundo), el primer nivel de licenciatura para todas las disciplinas son obligatorias asignaturas como el inglés, una segunda lengua, matemáticas, alguna asignatura de ciencias sociales y una o dos materias de arte.

Los EEUU tienen de acuerdo a la investigación, universidades de alta y de baja investigación. En los ¨Community College¨ usualmente no se hace investigación. Por lo regular un estudiante escoge una área de concentración (Major) que podría ser equivalente a lo que denominamos carrera, pero puede cambiar de concentración varias veces, incluir dos concentraciones o una concentración principal y otra de segunda importancia (Minor).

Las maestrías pueden ser de uno a dos años en la etapa formativa, y puede incluir o no una investigación y tesis que prolonga este período. En algunos programas se puede solicitar entrar  directamente a doctorados de investigación (PhD) o profesionalizantes, como es el caso de la carrera de medicina (MD), la de derecho (JD), de farmacéutico, de dentista. El PhD incluye una combinación de etapa formativa y de investigación.  Las carreras de medicina mejor ubicadas, ofrecen el MD, el MD más MSc o el MD más PhD.  Algunos estudiantes antes de entrar a la carrera de medicina hacen tres años de PREMED (que incluyen las materias requeridas para entrar a la carrera de medicina); otros lo hacen en conjunto con la licenciatura durante tres a cuatro años y otros lo hacen posterior a una licenciatura, maestría o doctorado. En la escuela de medicina de Pittsburgh, por ejemplo (novena en el país y cuarta en financiamiento del NIH),  la mayoría de aspirantes provienen de licenciaturas en  ciencias exactas, en segundo lugar de idiomas, le siguen los estudiantes de ciencias biológicas, y de economía. En esta escuela, que sigue un sistema modular, solamente tienen una semana de clases teóricas y prácticas de las ciencias naturales (bioquímica), durante el período de área básica, que realizan en un año y medio.

Típicamente la carrera de medicina dura tres años  y medio, cinco con la maestría y de seis a siete con los dos doctorados (MD y PhD).  En los EEUU, el 100% de egresados entran a la residencia.  Sin embargo, ni en la mayoría de Europa ni en los Estados Unidos (con la excepción de algunas zonas rurales o muy marginadas), el médico obtiene trabajo si no hace una residencia de cuando menos dos años.  Es decir, los créditos y el número de horas de estudio y trabajo para medicina, en la modalidad de licenciatura como en España, o en la modalidad de doctorado como en los Estados Unidos (sin incluir los años de residencia), son mayores que una licenciatura y doctorado en muchas disciplinas. A lo que se le tiene que aumentar el número de años de residencia, que puede oscilar de 2 a 9 años, los años de maestría y de doctorado.

En 2013, en un editorial del JAMA se propuso reducir el número de años de la carrera de medicina a tres o tres años y medio (en la escuela de Pittsburgh actualmente es de tres años y  medio), y reducir el tiempo de las residencias médicas, mediante una curricula más eficiente,  y  materias y contenido más congruente con el perfil del médico.

Estos antecedentes de dos de las regiones referentes en la medicina moderna (Europa y los EEUU), indican que para aumentar la cobertura y mejorar la eficiencia se están reduciendo el número de horas de materias y  se busca que el contenido sea más congruente con el perfil del egresado.

En nuestro país, la resistencia para reducir el número de materias e incorporar nuevas, ha sido enorme. Autoridades y maestros que no están dispuestos a actualizarse o adaptarse a la rapidez con la que cambia el conocimiento en todas las disciplinas. En medicina el modelo mexicano es similar al de España, pero con más horas pizarrón y créditos en la mayoría de licenciatura que en otras disciplinas y más créditos de ciencias básicas que en otros países. Sin embargo el número de rechazados para las residencias es muy alto, sin contar a quienes no hacen el examen. La utilidad de las materias básicas que se imparten para la práctica del médico y de los diferentes especialistas en México no se ha evaluado adecuadamente.   Las diferencias en el número de créditos entre medicina y otras disciplinas las he observado en los estudiantes de maestría y doctorado, pero no se aplican para las categorías de los profesores, en los ingresos, en los programa de estímulos para los académicos, ni en la participación en las evaluaciones internas ni externas de los médicos, lo que ha tenido implicaciones en la productividad científica y el aprendizaje, especialmente en Baja California.

Por lo que, para aumentar la cobertura con calidad de manera eficiente se requieren por lo  menos lo siguiente: 1) la reducción del número de horas pizarrón y los créditos en las licenciaturas, y por lo tanto en número de años de estudio  debido a que actualmente somos menos eficientes que en Europa y los EEUU) 2)  Troncos comunes más amplios, 3) clases de teoría con más de 100 alumnos (como se hace en las mejores universidades del mundo), y 4) aprendizaje basado en evidencias mediante  recursos humanos que hagan investigación de alta calidad. Estas son medidas consistentes con los cambios que requiere el país en un mundo donde el conocimiento cambia a una velocidad sin precedentes, también son consistentes con los cambios que se están haciendo en los Estados Unidos y en la Unión Europea.

Desafortunadamente, los programas de estímulo a la docencia (limitando el valor relativo de la investigación), la política de incluir materias y contenidos innecesarios  para los perfiles de los egresados en todos los niveles, la política de asignación de evaluadores (sin publicaciones en revistas con factor de impacto)  y las limitaciones de recursos para investigación, son algunos de los obstáculos.

Con las medidas actuales, aumentarán la cobertura a un mayor costo para el erario público,  bajarán los criterios de calidad internacional, y en medicina, disminuirá la calidad de la prevención y la atención médica.

El Sistema Educativo Mexicano: ¿Meritocrático o Palancocrático?

El Sistema Educativo Mexicano: ¿Meritocrático o Palancocrático?
Por Arturo Jiménez Cruz (Profesor Investigador de la UABC) en la Observatorio Académico Universitario

La “meritocracia” es una forma de gobierno basada en el mérito, el esfuerzo, y la excelencia en la educación. En las escuelas está relacionado a los exámenes de ingreso, en el trabajo a los exámenes de oposición, y en las posiciones de confianza están basadas en  las capacidades. La mayoría de los gobiernos están basados en parte en la “meritocracia”. Los gobiernos de Singapur y de Finlandia son ejemplos donde se utilizan estándares “meritocráticos” para la elección de las autoridades. En la mayoría de países con los mejores desempeños en educación, los criterios meritocráticos prevalecen sobre la raza, la posición social de los padres, el sexo, el color de piel o el lugar de nacimiento. Sin embargo, algunas investigaciones indican que los  criterios supuestamente neutros favorecen a los hijos de quienes han sido privilegiados desde el nacimiento por la educación, la riqueza o la posición de los padres, lo que dificulta la movilidad social y condena a la marginación a quienes han nacido con desventajas iniciales. Por lo que es necesario medidas compensatorias que permitan equilibrar las desigualdades iniciales.

Por otro lado, la “palancocracia” es una forma de gobierno basada en las “palancas”, el poder, la raza, el sexo, la posición social y los “valores entendidos” son fundamentales para acceder a la escuela o a un lugar de trabajo. Este tipo de gobierno ha existido en todas las épocas y en todos los países. Aunque no existe el gobierno que se base de manera absoluta en la “palancocracia”, los gobiernos que ocupan los peores desempeños en materia educativa, donde la corrupción es endémica, y donde no existe rendimiento de cuentas, se utilizan con mayor frecuencia criterios “palancocráticos” para elegir a sus autoridades. México y varios países latinoamericanos son un buen ejemplo (desde la izquierda hasta la derecha).  Se caracterizan por el despilfarro de los recursos, salarios excesivos e incentivos para los altos funcionarios, privilegios excesivos para las autoridades, nepotismo, la autocomplacencia, sindicatos corruptos y mimetizados con derechos y costumbres “palancocráticas”.  Las sociedades “palancocráticos”  son formadoras de hijos irresponsables, cínicos, deshonestos, apáticos, inútiles, indolentes, insensibles al dolor, e insolidarios. Niños que han aprendido de sus padres, los amigos de sus padres, los maestros, la televisión, y la realidad social, el beneficio de las palancas en lugar del esfuerzo, el color y el sexo en lugar del estudio, la posición social, en lugar de la solidaridad, los “valores entendidos” en lugar de la honestidad, el nepotismo en lugar de la competencia y la simulación en lugar de la compasión. Los hijos perezosos de la palancocracia los defienden y sus capaciades (si las tienen) sobreestimadas por el SENTE, la CNTE y las universidades.

Las sociedades “palancocráticas”   se caracterizan por tener a legisladores y gobernantes que son hijos, hermanos, sobrinos de políticos y empresarios. Las instituciones “académicas palancocráticas”, como los sindicatos de las instituciones públicas (herencia y venta de plazas en el magisterio),  se han mimetizado de los políticos, los partidos y los gobernantes. Una de las diferencias más relevantes entre las sociedades “meritocráticas” y las “palancocráticas”   es la frecuencia en la que se da y se tolera el nepotismo.  En la “palancocracia académica” es más importante ser líder sindical, director de unidad académica, coordinador general o rector, que investigador, creador o innovador. Lo contrario sucede en las sociedades meritocráticas.

En la “palancocracia” se excluye a quienes realizan productividad académica de excelencia, a quienes se esfuerzan y a quienes son independientes; se excluye por prejuicios relacionados con el género, la raza, el origen, la ideología o los intereses de un grupo. En la “palancocracia”  se descalifica a quienes piensan diferente, a los creativos y a los que quieren un mundo mejor; a quienes no aceptan la sumisión y a quienes defienden la dignidad. La “palancocracia” inhibe la creatividad, el espíritu innovador, el emprendedor y la solidaridad. Los países “palancocráticos” están destinados al fracaso en la educación, la empresa, la innovación, el deporte, las humanidades,  las artes, la política, y la cohesión social. Las sociedades palancocráticas son indiferentes a los problemas de la comunidad, pero están dispuestas a declarar y a simular su interés por ella. Las instituciones palancocráticas son ineficientes y despilfarradoras. Aunque existe un amplio rango de palancocracia en un país, su presencia siempre es evidente.

Todas las medidas educativas, que no incluyan mecanismos para reducir el ingreso y promoción de estudiantes, profesores y autoridades por ”palancas” o  por decisiones discrecionales de los amigos o de los amigos de los amigos, están destinadas al fracaso, a la autocomplacencia y a la medianía. Como resultado son cientos de miles de pesos que se distribuyen en los medios para compensar la falta de resultados relevantes.

La gran barrera para superar la palancocracia es el hecho de que dependemos de gobernantes, legisladores y líderes sindicales, que han sido  padres formadores de hijos ineptos, perezosos, indolentes y frìvolos; de quienes han llegado a la toma de decisiones beneficiados por un sistema insolidario “no meritocrático”, donde no se valora la excelencia, la curiosidad y la capacidad para trabajar de manera sistemática y rigurosa. Tanto padres como los hijos de los palancocráticos le tiene una aversión especial a quienes son producto del esfuerzo y la excelencia.  Son  los adversarios del progreso  de las instituciones y del país.

Para mejorar la educación, existe una ventana de esperanza: la de quienes nacidos  en cualquier entorno (con o sin privilegios), se han resistido a ser apáticos,  cínicos, irresponsables y frívolos. La de los pocos que saben valorar el  trabajo bien hecho, independientemente de la relación familiar o de amistad con quien está en el poder.