El cerebro entre razón y emociones

El cerebro entre razón y emociones
Por Lucía López en la Gaceta UdeG Nº 859

A pesar de que se trata de “un área trascendental del cerebro humano, que se encarga de planear y tomar decisiones, aún es poca la investigación directa sobre la corteza del cerebro y sus conexiones funcionales”, señaló Miguel Ángel Guevara Pérez, investigador del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA), quien dirige uno de los grupos científicos que realiza este tipo de estudios.

Desde hace 20 años estudia la actividad eléctrica del área del cerebro donde se desarrolla el proceso de razonamiento (corteza prefrontal). Por su parte, explicó que las regiones que se encargan de recibir y procesar las percepciones sensoriales se encuentran ubicadas en otras áreas posteriores de la corteza cerebral.

Junto con colegas y alumnos investiga el funcionamiento de esta área en relación con el comportamiento humano, y para ello estudian “personas sanas, sin daños cerebrales”, a quienes se les colocan electrodos superficiales a nivel de cuero cabelludo. Cuando es necesario estudiar directamente una estructura dentro del cerebro, se apoyan en ratas de laboratorio, a las que se les implantan electrodos intracerebrales —que son indoloros.

En sus investigaciones ha mostrado, “a nivel eléctrico”, que después de la ingesta moderada de alcohol y durante la excitación sexual “ocurre una desconexión funcional entre el área racional (prefrontal) y las regiones perceptuales (corticales posteriores)”, al igual que sucede durante la etapa más profunda del sueño (sueño MOR).

En el Instituto de Neurociencias, al que se incorporó desde su fundación en 1994, ha estudiado la actividad eléctrica cerebral asociada con la conducta sexual-reproductiva, la reacción a los estímulos que usa la mercadotecnia para incentivar las compras, a madres ante una tarea de memoria de trabajo, tomas de decisiones sociales y no sociales, así como a jugadores expertos de videojuegos ante una tarea dual, entre otros.

Para tomar decisiones más acertadas, explicó el doctor Guevara, “se requiere el acoplamiento de las dos áreas del cerebro —la emocional y la racional. Si no se desarrolla adecuadamente una parte o se daña, las decisiones no son acertadas, e incluso llegan a ser ilógicas o trágicas”.

Acertado o desacertado

El área racional del cerebro, que representa el 30 por ciento de este órgano complejo, “se ha ido desarrollando con la historia de la humanidad (filogenéticamente) y en cada individuo desde que  nace  (ontogenéticamente)”,  afirmó  Guevara  Pérez,  jefe  del Laboratorio de correlación electroencefalográfica y conducta.

“Tenemos un cerebro muy desarrollado”, explica. El del chimpancé —que es el más cercano— pesa 500 gramos, menos de 40 por ciento del cerebro humano, que pesa en las mujeres alrededor de mil 250 gramos y el del hombre mil 350.

El área de la toma de decisiones (corteza prefrontal), “tarda mucho en madurar”, se alcanza entre los 20 y 25 años de edad, y puede tardar un poco más en los masculinos. Cuando nacemos, apuntó el investigador, el cerebro está “desconectado e inmaduro” y poco a poco las neuronas de las diferentes estructuras se van conectando (haciendo circuitos) y sus prolongaciones son cubiertas por células del sistema nervioso llamadas “gliales” (mielinizadas), lo que permite la eficaz transmisión de impulsos eléctricos.

En la infancia casi todo lo que se decide “es por las emociones”. En la etapa de la adolescencia se establecen las conexiones de las neuronas que “quedan permanentes para el resto de la vida”. Esa es una etapa muy crítica, “los jóvenes son fáciles de capturar para hacer actividades, incluso inadecuadas”. Por su parte, el alcohol y la droga pueden perjudicar las conexiones del cerebro “para el resto de la vida” y propiciar actitudes y hábitos inadecuados.

Hay que cuidar que las estructuras del cerebro “se conecte bien”, apuntó el especialista del CUCBA reconocido desde 1990 en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y que este año ascendió al nivel III. Conviene consumir pescado de mar —sobre todo salmón y atún, por sus omegas 3 y 6— y mantener ocupado nuestro cerebro con tareas y necesidades por resolver.

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