Murió el precursor de la neurociencia de la música

Murió el precursor de la neurociencia de la música
Por Pablo Espinosa en Jornada

El neurólogo, escritor, musicólogo británico Oliver Sacks falleció en Nueva York a los 82 años, seis meses después de que anunció que padecía cáncer terminal de hígado. Mediante un artículo en el New York Times se despidió así, hace poco: Después de todo he sido un ser con sentidos, un animal pensante en este maravilloso planeta y esto, en sí, ha sido un enorme privilegio y una aventura.

Debido a su prestigio de escritor, su deceso suscitó muestras de reconocimiento en el medio literario internacional, más que en el científico.

Científico ante todo, su prestigio se debe a su trabajo como escritor. Una amplia bibliografía acusa calidad literaria. Sus temas siempre fueron la mente, los sentidos, los misterios que encierra el ser humano.

La publicación de su trabajo y sus métodos médicos son considerados un avance en el tratamiento y la manera de afrontar enfermedades difíciles, pero sobre todo modificó la noción de enfermedad y de enfermo frente a la sociedad. Ayudó a los desprotegidos en cuanto hizo público el fenómeno de condena moral al que suele ser sometido quien enferma. Procuró así un trato mejor para los enfermos, losdiferentes.

De manera paralela, así como la tanatóloga y escritora suiza Elizabeth Kubler Ross (1926-2004), cambió el estado de cosas en cuanto al tratamiento de la muerte de seres queridos y el trato a los moribundos, Oliver Sacks modificó la idea y actitudes frente a la enfermedad. Revirtió el sentido negativo de la enfermedad y de la condena moral al enfermo hacia una toma de conciencia y valoración de la vida. Con sus libros, Oliver Sacks celebra el misterio de vivir.

Migraña –título de su primer libro–, síndrome de Tourette, Parkinson, demencia, encefalitis, ataques de lóbulo temporal, los términos clínicos abundan en la bibliografía de Sacks. Pero sus lectores no se limitan a aquellos que usan batas y zapatos blancos y dan consultas, aunque no vistan de blanco. Su manera de divulgar la ciencia tiene méritos literarios y el entrecruzamiento de sus altas capacidades científicas y escriturales confluye en el arte de la música.

El relato central, por ejemplo, de su libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero lo conocimos primero como una ópera que escribió Michael Nyman y se estrenó en 1987.

Su popularidad creció cuando su libro Despertares, de 1974, se hizo película en 1990 y tuvo tres nominaciones al premio Óscar.

En su libro Musicofilia: relatos de la música y el cerebro, de editorial Anagrama, el soporte teórico va a caballo sobre dos ejes: la musicofilia y su contraparte, la amusia.

La propensión a la música, o musicofilia, explicó Oliver Sacks, define, surge en nuestra infancia, es manifiesta y fundamental en todas las culturas, y probablemente se remonta a nuestros comienzos como especie.

Para explicar la red de complejidades que se extiende después de aceptar que todos los humanos somos capaces de entender la música, pero cada uno lo hace de manera diferente, se remonta a Schopenhauer en cuanto nos alienta una reacción emocional en nuestro ser más íntimo.

La inexpresable profundidad de la música, tan fácil de comprender y sin embargo tan inexplicable, se debe a que reproduce todas las emociones de nuestro ser más íntimo, pero de una manera totalmente falta de realidad y alejada de su dolor. La música expresa sólo la quintaesencia de la vida y sus acontecimientos, nunca éstos en sí mismos.

La literatura de Oliver Sacks ganó multitudes porque su manera de narrar es tan amena como su forma de explicarnos las partes técnica y científica.

Explica, por ejemplo: “Gran parte de lo que ocure durante la percepción de la música también puede ocurrir cuando ésta ‘se interpreta en la mente’. La gente, al imaginar la música, incluso personas relativamente poco musicales, suele hacerlo de manera extraordinariamente fiel no sólo a la melodía y el sentimiento de lo original, sino a su tono y tempo. En esto subyace la extraordinaria tenacidad de la memoria musical, de manera que gran parte de lo que se oye durante los primeros años puede que quede ‘grabado’ en el cerebro durante el resto de la vida”.

Oliver Sacks llevó adelante lo que hasta entonces era conocido como musicoterapia. Sentó los principios de una neurociencia de la música, que no existía antes de la década de los años 80 del siglo pasado.

Con su trabajo literario, médico y científico, el autor de Un antropólogo en Marte aseguró un futuro mejor no solamente para los enfermos, sino para todos los humanos.

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