La agresión laboral es una práctica común en las universidades

La agresión laboral es una práctica común en las universidades
Por Arturo Sánchez Jiménez en La Jornada

En las universidades hay abuso de poder, concursos de oposición amañados, campañas de desprestigio, grupos enquistados que sólo ven por sus intereses, mafias que deciden a quiénes se le dan los puestos y silencian a los que piensan diferente. En las casas de estudios superiores ocurren todas estas prácticas desde siempre, pero es hasta hace muy poco que comienzan a visibilizarse y a ser estudiadas por la propia academia.

De acuerdo con los participantes en el primer Congreso Mexicano de Mobbing (o agresión laboral que se ejerce entre colaboradores), que inició sus trabajos ayer en la Rectoría General de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), esta problemática, desde luego, no es exclusiva de las instituciones educativas, pero en ellas tiene algunas particularidades.

Se agrava porque aquí es muy probable que vuelvas a encontrarte con tu agresores, indicó en entrevista Rocío Fuentes Valdivieso, investigadora de la Escuela Superior de Medicina del Instituto Politécnico Nacional y parte del comité organizador del encuentro.

La especialista explicó que los alumnos acosados por sus profesores quizá serán en el futuro sus colegas y que un catedrático puede volverse directivo de la institución en la que labora su víctima. Ello contribuye a que no se denuncien muchos casos.

Puntualizó que la agresión laboral en las universidades es un fenómeno mundial que en cada país presenta particularidades, pero el abuso de poder es una constante, pues hay grupos que incluso impiden que alumnas o alumnos destacados egresen. Por ejemplo, por conducto de los programas académicos que se arman de manera maquiavélica para que no salgan, porque hay otros intereses.

Responsabilidad de directivos

Rocío Fuentes consideró que las instituciones desempeñan un papel importante en la tarea de enfrentar estas problemáticas, pues los directivos son los que tienen que regular, investigar y dar seguimiento a los casos.

Si esto no funciona, si no hay regulación, todos (los integrantes de cada comunidad universitaria) estamos desprotegidos, advirtió.

La investigadora recalcó que el mobbing traspasa las estructuras organizacionales oficiales de las instituciones. Hay grupos de poder dentro que manejan las políticas institucionales en su favor, anteponiendo sus intereses de grupo a, por ejemplo, la educación de calidad.

Y aunque pareciera que por su nivel educativo estos comportamientos no deberían ser comunes entre catedráticos universitarios, Fuentes Valdivieso recuerda que los profesores somos humanos, producto de nuestra cultura y educación. A veces, aunque alguien tenga un posdoctorado, no deja de ser agresivo, acosador.

Durante la primera jornada del congreso, se mencionaron algunos casos: profesores a los que sus pares les impiden publicar sus investigaciones o a quienes sistemáticamente se les dan largas para realizar trámites administrativos, académicos que impiden a otros abordar los temas de investigación en los que trabajan, alumnos cuyos trabajos son rechazados porque su éxito podría representar una amenaza laboral para sus mentores.

También fueron mencionados los programas de estímulos económicos, como el Sistema Nacional de Investigadores.

No hay cifras que den cuenta de la magnitud de este fenómeno, pero, de acuerdo con Rocío Fuentes, es un problema social serio que nos compete a todos.

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