Plagio académico es más común de lo que se cree

Plagio académico es más común de lo que se cree
Por Nelly Toche en El Economista

Hasta ayer, el mexicano Juan Antonio Pascual Gay y el chileno Rodrigo Núñez Arancibia eran miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Conacyt. Hoy, después de haber sido acusados de plagio en sus investigaciones, esta institución determinó las sanciones máximas para ambos miembros: la pérdida de la distinción como miembro del SNI y la imposibilidad de ingresar al sistema hasta por 20 años.

Con carreras sustentadas en los trabajos de otros investigadores, el Conacyt aseguró, a través de un comunicado, que no tolerará faltas éticas que ponen en duda la integridad del Sistema Nacional de Investigadores, por lo que las Comisiones evaluadoras del SNI ratificaron la recomendación de la Junta de Honor y aplicaron las sanciones antes mencionadas por falta dolosa a la veracidad en la información suministrada.

Así, el pleno del Consejo de Aprobación se pronunció por no permitir que alguna falta de ética entre los miembros del SNI quede impune y que reciban en todos los casos la sanción que contemple el reglamento vigente.

La presión era asfixiante

Hace unos días, la revista chilena La Tercera dio a conocer el caso de plagio de Rodrigo Núñez Arancibia. Explicaba cómo logró por más de 11 años publicar numerosos artículos académicos y presentar ponencias de distintos temas que lo hicieron merecedor de un lugar en el SNI con estatus de docente deseable, pero ahora es conocido como “el plagiador serial”.

Bajo el título “Confesiones de un plagiador”, la publicación detalla que el historial de plagios de Núñez comienza en México, a donde llegó a hacer un doctorado en el 2004, hasta que en el 2009 fue aceptado en el SNI y a partir del 2010 empezó a recibir alrededor de 850 dólares del Estado mexicano como apoyo a su investigación en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

En esta entrevista, Núñez explica: “Hice investigación en un principio, pero después la presión fue un poco asfixiante. Tienes que ir cumpliendo en todos los planos para que puedas seguir siendo profesor, incluyendo una cantidad no menor de artículos de calidad y obviamente una innovación creativa que yo no estaba haciendo”.

Núñez generalmente publicaba en revistas de un país distinto al del autor original y aunque copiaba íntegramente los textos y sólo realizaba pequeños cambios de palabras, al título o al resumen, pudo plagiar a casi 20 investigadores sin ser descubierto.

No existen mecanismos de prevención

Núñez aseguró que el plagio es común debido a la presión a la que se someten los investigadores. “Yo creo que faltan mecanismos de prevención al plagio académico. Es mucho más común de lo que se cree”, dijo.

“A pesar de que existe una red tan globalizada, es demasiada la hiperespecialización en las líneas de investigación. Es imposible que los pares investigadores de otros países puedan leer todo lo que se publica y que estén 100% al día de todo lo que se está difundiendo”, aseguró.

Después de este comentario, autores plagiados, como la argentina Rosa Belvedresi o la chilena Andrea Aravena, creen que tener publicados sus trabajos sólo en medios impresos y no tenerlos disponibles en Internet también le facilitó el camino a Núñez.

Además, denuncian que el sistema privilegia más la cantidad que la calidad de publicaciones. “Los investigadores tenemos un pago, pero hay un complemento importante, casi equivalente al sueldo base, que viene del Conacyt. Estos estímulos están directamente relacionados con el número de investigaciones que uno tiene y dónde las publica”, dice Eugenia Roldán, académica del Cinvestav.

Por su parte, José Antonio Aguilar, investigador del CIDE y coeditor de un libro plagiado, explicó a la revista Nexos que este tipo de copias también fueron posibles porque hay poco contacto entre los académicos. “Es una academia fragmentada y eso lo aprovechó”.

El 16 de junio el rector de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Medardo Serna, fue informado del caso y dos días después Núñez quedó fuera de la institución donde laboraba; a las dos semanas, El Colegio de México le quitó el grado de doctor. Fue la primera vez en sus 75 años que la institución le revocaba el grado a alguien por plagio.

El investigador mexicano

En el caso de Pascual Gay, el pasado 22 de julio, el Colegio de San Luis emitió un comunicado sobre el término de la relación laboral que se tenía con el investigador, después de que el 30 de junio Guillermo Sheridan denunciara una publicación realizada en el 2000 en la revista Arrabal de Barcelona, la cual ya había sido publicada por él en mayo de 1993 en la revista Vuelta. Los días de Gay como académico estaban contados.

Hace dos semanas, el periódico El Universal informó: además de la denuncia por plagio hecha por Sheridan y otra más de un ex alumno de Gay en el 2006, en 1998 el ahora ex académico extrajo al menos una docena de párrafos del libro Itinerario de una disidencia, Jorge Cuesta (1903-1942), del escritor francés Louis Panabière, publicado en 1983 por el FCE. De estos fragmentos, Pascual Gay omitió hacer las referencias.

Pero hay más casos en su contra, desde el 2006, Philippe Roland Bonenfant, de origen belga, acusó públicamente a Pascual Gay de plagiar su tesis de maestría en Historia del Arte en el 2004 y ganar el Premio Bellas Artes Luis Cardoza y Aragón con el texto de “La revista Dyn (1942-1944) y el surrealismo”, obra original de Roland Bonenfant.

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