Análisis de los efectos de la epilepsia nocturna

Análisis de los efectos de la epilepsia nocturna
Por Roberto Gutierrez en la UNAM Núm. 4, 670

Los antiguos griegos la conocían como la enfermedad sagrada porque creían que sólo los dioses eran capaces de arrojar al suelo a una persona, privarla de sus sentidos, hacer que se convulsionara y regresarla a su estado normal, aparentemente sin mayores afectaciones.

Hoy en día se sabe que la epilepsia es un trastorno originado por un desequilibrio en la actividad eléctrica de las células nerviosas o neuronas, que deja una predisposición a sufrir convulsiones recurrentes, que suelen derivar en consecuencias neurobiológicas, cognitivas y psicológicas.

“Al ocurrir una situación así, casi todo el organismo se ve involucrado y queda fuera de control, pues aquél se produce cuando millones de neuronas descargan simultáneamente, lo que da como resultado que el sujeto, pierda o no la conciencia, tenga convulsiones”, explicó Fructuoso Ayala Guerrero, académico de la Facultad de Psicología.

Un tipo de epilepsia recibe el nombre de idiopática, porque se desconoce su origen: el sujeto ya la trae de nacimiento.

Asimismo, hay una de carácter benigno, que padecen algunos niños o jóvenes y que desaparece con el tiempo.

En ocasiones, puede generarse por un golpe en la cabeza o por el efecto de algunas drogas: en la zona lesionada o afectada se forma un foco irritativo con neuronas muy sensibles, de tal manera que éstas empiezan a emitir descargas simultáneas que, a través de las redes de conexión, se desplazan sin control a otras áreas del cerebro.

“Entonces surgen en el individuo diversas manifestaciones, ya sea conductuales (pérdida de la conciencia), motoras (convulsiones) o sensitivas (alucinaciones visuales o auditivas)”, abundó.

Durante el sueño

Otra forma es la llamada nocturna, pues sólo se presenta en la noche y durante el sueño. En este caso la persona ignora que tiene el padecimiento porque sufre el ataque mientras duerme. Al otro día, al despertar, siente que no tuvo un descanso reparador. Si aquél fue violento, probablemente el afectado se mordió la lengua y sangró un poco, pero no sabe por qué.

En las fases del sueño NO REM, el cerebro emite ondas lentas de gran amplitud, que se generan al coincidir, en una sola zona, una enorme cantidad de neuronas que descargan simultáneamente. En opinión de Ayala Guerrero, ésta podría ser una de las causas de la nocturna.

“Esas fases del sueño facilitan la aparición de ese tipo de epilepsia en cerebros sensibles. Claro, este último término es subjetivo, se requiere medir con datos la sensibilidad para dilucidar qué significa.”

Muchas veces, según el académico, un electroencefalograma –cuya duración es de 30 a 40 minutos– no arroja ningún resultado concluyente que verifique que un individuo tiene la de tipo nocturna, de ahí que recomiende hacer el registro del cerebro mientras se duerme.

“Durante el sueño, el cerebro se vuelve más sensible, por lo que es posible que se dispare un ataque epiléptico. Una vez que se confirma que se está ante ello, puede saberse qué hacer”, subrayó.

Desde principios del siglo pasado se han diseñado diversos fármacos antiepilépticos: de primera y segunda generaciones y recientes. Desafortunadamente todos, además de controlarla, tienen efectos nocivos en quienes la padecen, como problemas de memoria y aprendizaje, cansancio extremo y depresión, entre otros.

¿Qué se busca con los medicamentos más nuevos? Que sean más efectivos y tengan menos efectos colaterales. “El objetivo es que intervengan en la regulación de algunos neurotransmisores, como el ácido gamma-aminobutírico, que inhibe la actividad cerebral, y el ácido glutámico, que la excita, para que no se rompa el balance entre ellos, porque si eso ocurre puede sobrevenir un ataque”, apuntó.

Por lo que se refiere a los individuos con epilepsia nocturna, Fructuoso Ayala destacó que se sabe que altera el sueño, por lo que hay que recetarles fármacos que también respeten, lo mejor posible, los patrones del dormir.

Como el ataque sobreviene al dormir, el sueño se interrumpe los minutos que dura aquél, luego viene el proceso en que se trata de conciliarlo de nuevo. De esta manera, el descanso es inadecuado, porque generalmente las fases de sueño más reparadoras (es decir, las NO REM o de ondas lentas de gran amplitud) son las que se alteran.

Además, en éstas se liberan varias hormonas, entre ellas la del crecimiento, que participa en el desarrollo de los individuos y modula el funcionamiento del organismo.

De un hemisferio a otro

Si la epilepsia nocturna no es controlada puede extenderse, pues no sólo se trata de una alteración momentánea. Con el paso del tiempo el propio bombardeo de las neuronas que ocurre en un acceso es capaz de dañar otras áreas cerebrales.

“Al originarse en uno de los dos hemisferios del cerebro, hay la posibilidad de que la epilepsia se extienda, invada el otro a través del cuerpo calloso y crezca hasta establecerse, lo que se conoce como estatus epilepticus, un ataque epiléptico que dura más de 30 minutos y puede ocasionar la muerte”, finalizó Ayala Guerrero.

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