La UNAM realiza un estudio para analizar la relación de noviazgo

La UNAM realiza un estudio para analizar la relación de noviazgo
Por Fernando Guzmán en la UNAM Núm. 4, 667

El noviazgo es una relación social acordada explícitamente entre dos personas en la que se expresan sentimientos amorosos y emocionales mediante las palabras y el contacto físico; además, es una suerte de ensayo para el matrimonio o la unión libre, expuso Areli Mancilla Hernández, alumna de posgrado de la UNAM.

En dicha etapa es normal experimentar conflictos. Desafortunadamente, muchos jóvenes eligen dinámicas destructivas (agresiones) que derivan en malestares psicológicos e, incluso, atentados contra la vida si la carga emocional y frustraciones se agravan. Si esos episodios no son manejados en forma adecuada, ocasionan daño a distintos niveles.

Ante este escenario se han desarrollado programas contra la violencia, la mayoría centrados en el género femenino.

No obstante, las iniciativas que proponen acciones preventivas son escasas, no suelen considerar el noviazgo ni evalúan la posibilidad de que el hombre y la mujer trabajen de manera conjunta para aprender sobre el tema. En esta sociedad, que promueve la capacitación y formación para el éxito profesional, material y laboral –añadió la trabajadora social– se soslaya la preparación para la convivencia.

Mejorar la dinámica de pareja

Si nos educamos para una carrera universitaria, ¿por qué no hacerlo para algo que marcará el resto de nuestra vida?, preguntó Mancilla Hernández. La dinámica de pareja puede ser mejorada en cualquier etapa, pero es mejor aprender buenos patrones de convivencia (comunicación y negociación) en el noviazgo, pues en el matrimonio o la unión libre los hábitos perjudiciales tienden a arraigarse.

Con esta inquietud desarrolló una propuesta de intervención para que los jóvenes sepan resolver sus conflictos desde el principio. De esa forma, la joven busca titularse en el programa de Especialización de Trabajo Social y consolidar un modelo útil.

El estudio fue realizado con 16 parejas de alumnos de la Escuela Nacional de Trabajo Social, todos con una relación de noviazgo mayor a tres meses. Las edades de los participantes oscilaron entre 18 y 26 años, la mayoría proveniente de una familia nuclear, con padres casados y una situación económica estable.

En esta investigación, el mayor tiempo de una relación fue de 44 meses y el menor de tres. Con este último es difícil experimentar diferencias de opinión, pues los individuos están en proceso de conocerse y prevalecerá la cordialidad y el romance.

Además, se aplicaron reactivos para saber el tipo de comunicación y negociación empleados en el noviazgo y recabar datos sobre cómo se conocieron, las características del cortejo, el lugar de residencia y su situación económica, entre otros.

Para esta labor, Mancilla se basó en un inventario desarrollado por Rolando Díaz Loving, de la Facultad de Psicología, sobre los estilos de comunicación prevalecientes, como el social afiliativo (donde el sujeto es amistoso, amable, cortés) o el social-automodificador (caracterizado por la tolerancia, sensatez y respeto ante las demandas de la pareja, pese a las discrepancias).

Resultados

La indagatoria arrojó que ante situaciones estresantes, casi todas las parejas son cordiales, pues en ocho de cada 10 la actitud tolerante respondió a una postura socialauto-modificadora (se prefirió mesurar lo dicho para evitar peleas).

En general, los hombres utilizaron más este estilo. En 14 parejas hubo una comunicación amable y sólo en dos violencia instrumental (amenazas, agresiones y ataques en la conversación), estrategia esgrimida principalmente por las mujeres.

Para Mancilla esto fue una sorpresa porque, por una situación histórica, se esperaba que ellas asumieran una comunicación social-automodificadora; quizá no ocurrió por el nivel educativo o la reestructuración del papel femenino ante el patriarcado, aunque los datos deben ser comprobados mediante investigaciones posteriores.

Cabe destacar que si los entrevistados pasaban por una situación difícil, recurrían mayormente a la madre por sentir más confianza; casi nadie se acercó al padre. ¿Qué hacer si no hay coincidencias o si hay enojo en la pareja? Mancilla recomendó abstenerse de tomar decisiones. Dijo también que no debe pasarse por alto la violencia por no querer estar solos; si es así, es preciso buscar ayuda profesional e institucional.

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