Cuánto leemos los mexicanos

Cuánto leemos los mexicanos
Por Martín Vargas Magaña en la Gaceta UdeG Nº 818

“Lee y conducirás, no leas y serás conducido”
St. Teresa de Jesús

Siempre ha sido una preocupación del sector público educativo y cultural en nuestro país el fomento de la lectura. Desde las épocas de José Vasconcelos como Secretario de Educación Pública, en las postrimerías revolucionarias a principios del siglo pasado, cuando se dio gran impulso a la educación popular e importancia a la lectura, hasta la promulgación de la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro el 23 de julio de 2008, se ha reconocido que la falta de lectura en México es un problema crónico que no se resolverá por decreto. Vasconcelos estableció las escuelas rurales (Casas del Pueblo) que convocaron a las comunidades a un esfuerzo de alfabetización con el fin de unificar el país culturalmente, creó bibliotecas, celebró con gran éxito la primera Exposición del Libro en el Palacio de Minería y formó un amplio catálogo de publicaciones, entre las que destacaban una serie de clásicos de la literatura universal.

En los sexenios más recientes se instauraron diversas iniciativas que han abarcado desde la creación de paquetes didácticos de estímulo y formación de lectores, adecuados para cada nivel de la educación básica, dirigidos a educandos, docentes y padres de familia; campañas educativas e informativas a través de los establecimientos de enseñanza y los medios de comunicación social; becas, premios y estímulos a la promoción, edición y fomento de la lectura y el libro; emisiones de programas de radio y televisión dedicados a la lectura y el libro; hasta el establecimiento de talleres literarios, rincones, círculos y salas de lectura. Pero no ha sido suficiente. Mientras que en México el promedio de libros leídos al año es de 2.9, en Finlandia es de 47, en Islandia 40, en Noruega 18, en Alemania 15, en España 10.3 y en Portugal 8.5.

De acuerdo con las dos Encuestas Nacionales sobre Lectura (ENL) más recientes, realizadas en 2006 y 2012, las cosas van de mal en peor. En la ENL 2006 ante la pregunta “¿Usted lee libros?”, 56.4 por ciento de los encuestados respondió afirmativamente, mientras que 43.6 por ciento admitió que no lo hacía, y 30.4 por ciento dijo “haberlo hecho en algún momento de su vida”. En tanto que en la ENL 2012, la relación se invirtió: respondió afirmativamente 46.2 por ciento, y admitió que no lee libros 53.8 por ciento de los entrevistados, mientras que un 34.4 por ciento dijo haberlo hecho en algún momento de su vida.

Una caída de más de 10 puntos porcentuales entre ambas encuestas, que se traduce en que menos de la mitad de la población mayor de 12 años en el país dice leer libros.

De la revisión cuidadosa de los datos arrojados por la última ENL, se desprende que quienes leen menos son los jóvenes de 24 años que han concluido la universidad; ahí es cuando empieza la caída del hábito lector. Mientras estamos en los distintos grados escolares los mexicanos seguimos leyendo, pero una vez que salimos del circuito escolar dejamos de leer. Cuando se nos pregunta “por qué no leemos”, las respuestas más comunes son: “por falta de tiempo”, “porque no nos gusta leer” o “porque preferimos otras actividades recreativas”. Quienes argumentan falta de tiempo van desde los 12 hasta los 52 años de edad, son hombres o mujeres indistintamente, y lo mismo poseen educación básica que un posgrado. Quienes dicen no leer porque no les gusta son principalmente personas de más de 46 años que carecen de estudios, o curiosamente, aquellas personas que tienen estudios de posgrado.

Por otra parte, un 34 por ciento de los jóvenes entre 18 y 24 años declaran que no leen, o no leerían, porque se les hace muy difícil. Este dato resulta particularmente revelador, ya que son estos jóvenes quienes están en edad de cursar estudios de nivel superior y seguramente muchos de ellos abandonan sus estudios por la complejidad del lenguaje que tienen que leer y dominar, y ante lo cual declaran no estar preparados. Algo deberíamos estar haciendo en las universidades para intentar corregir esta situación.

Por otra parte, el promedio nacional de mexicanos que no leen “porque les da flojera” representa la tercera parte del universo de no lectores. Y un porcentaje significativo dice que no tienen el hábito de la lectura porque no saben qué leer o porque no tienen a la mano lecturas que les interesen.

¿Cómo enfrentar esta situación? Como dice el evangelio según Juan: In principium erat verbum… El asunto de la lectura reclama cambiar de hábitos de vida y un primer paso es bajar la exposición de televisión, cuyo promedio de consumo es de cuatro horas y 45 minutos diarios entre los mexicanos. Debemos dar ejemplo en casa, sobre todo ante nuestros niños y jóvenes apagando la televisión y encendiendo un libro. ¿Te animas?

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