El Presente y Futuro del Agua

El Presente y Futuro del Agua
Por Cristóbal López en la UNAM Núm. 4, 656

El agua es indispensable en la respiración, digestión, absorción y transporte de nutrientes, enzimas y hormonas; en la formación y estabilidad de estructuras celulares; en la eliminación de toxinas y desechos, y en la regulación térmica. Además, es el mejor micronutriente, lubrica cavidades, participa en la reproducción y propicia la actividad mitocondrial, citoquímica y electrofisiológica.

Consumirla deficientemente afecta el rendimiento cognitivo, estado de ánimo y productividad, y complica enfermedades.

Debemos mantenernos hidratados para evitar estos problemas, recomendó Julio Cacho Salazar, de la Facultad de Medicina.

De no beberla en cantidades adecuadas, incrementa el riesgo de padecer desde estreñimiento e infecciones urinarias hasta cálculos renales, males inmunológicos, osteodegenerativos y dentales, cáncer de colon, recto y vejiga, entre otros, advirtió.

Al ofrecer la charla La Importancia del Agua en la Homeostasis del Ser Humano, explicó que la ingesta apropiada depende de la edad y sexo de la persona, su talla y peso, actividad física e intelectual, naturaleza de los alimentos, calorías ingeridas y estado general de la salud.

En promedio, deben consumirse entre 800 mililitros y tres litros cada 24 horas, en rangos normales, en bebidas y alimentos.

Ochenta por ciento de las enfermedades de los países subdesarrollados se relacionan con su escasez y mala calidad, refirió.

En tejidos y órganos

Ante académicos y estudiantes reunidos en el auditorio de la Unidad de Posgrado de esta casa de estudios, expuso que en una persona con un peso de 70 kilogramos, 60 por ciento de su cuerpo está compuesto por agua. Por ser un microelemento, se absorbe a los cinco minutos, subrayó.

El contenido en tejidos y órganos varía: es de 75 por ciento en el cerebro; 83 por ciento en sangre y riñones; en corazón y pulmones alcanza el 79, y en el hígado, 68. Cada día consumimos de 4.5 a 4.6 litros, con pérdidas normales por respiración, sudor, heces y orina.

La escasez de este elemento en el organismo está relacionada con quemaduras, sudoración intensa, insolación, ingesta de alcohol y ciertos medicamentos, diabetes, obesidad, diarrea, vómito, fiebre, anorexia, bulimia y el trastorno obsesivo compulsivo.

Los efectos de la deshidratación van desde fatiga, cefalea y pérdida de concentración o del sentido –como ocurre en los llamados “choques de calor”– hasta trastornos cardiovasculares, riesgo coronario, confusión, coma y muerte. En contraste, la sobrehidratación ocasiona irritabilidad, somnolencia, edema, crisis convulsivas, náusea, vómito y sobrecarga cardiaca.

Cacho Salazar enfatizó que debemos tomar agua natural, de acuerdo con nuestras necesidades, determinadas por los factores citados. Por ejemplo, desde el primer trimestre del embarazo debe incrementarse hasta 50 por ciento su ingesta, puntualizó.

En la gestación y lactancia, este proceso es fundamental. Una paciente deshidratada padecerá trombosis, infecciones, tendrá menos líquido en el saco amniótico (carencia relacionada con el sufrimiento fetal) y no producirá leche suficiente para amamantar, detalló.

Debemos evitar esta condición, pues disminuye nuestras capacidades, debilita el organismo y origina tristeza. Lo más recomendable es beber agua natural que cumpla con los parámetros establecidos por las normas, concluyó.

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