La Educación y la Salud son igualadores sociales

La Educación y la Salud son igualadores sociales
Por Raúl Correa en la UNAM Núm. 4, 647

Pobreza, seguridad alimentaria, desigualdad, enfermedad, rezago educativo y analfabetismo fueron algunos de los tema s que se reflexionaron en la parte final del Séptimo Diálogo Nacional por un México Social: contra la Desigualdad, que se efectuó en el Auditorio Narciso Bassols de la Facultad de Economía.

Si bien la inseguridad alimentaria del país tiene una clara relación con la pobreza, ésta va más allá de la población en tales condiciones y constituye una desigualdad social del país, señalaron Iliana Yaschine y Sara María Ochoa, del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED), quienes presentaron algunos de los retos del Programa Nacional contra el Hambre, analizado desde la seguridad alimentaria.

En su participación en la mesa Alimentación y Desigualdad, precisaron que dada la situación, debería establecerse una estrategia más amplia que reconozca al conjunto de la población que no tiene garantizado su derecho en este sentido. La cruzada contra el hambre ha moderado, a lo largo de su evolución, el discurso que inicialmente tenía; se ha acotado más hacia una definición de una estrategia de combate a la pobreza.

Aunque la campaña tiene algunos elementos importantes que podrían vincularse con un plan de seguridad alimentaria, para lograr ese potencial tendrían que reconsiderarse los valores e instrumentos dirigidos a resolver la problemática.

Alexander Schejtman, analista del tema rural e investigador del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, aseguró que esa estrategia no es lo suficientemente comprensiva porque sólo abarca a siete millones de beneficiarios y hay todavía 20 millones más que tienen algún grado de vulnerabilidad en este aspecto que no son considerados.

El progreso alimentario tiene dos pilares íntimamente ligados: la transformación productiva y los cambios institucionales que permitan que los efectos del primero tengan una distribución racionalmente equitativa entre la población, indicó.

Por su parte, el consultor independiente Gustavo Gordillo expresó que en la nación hay programas significativos que integrados pueden constituir las bases de su desarrollo alimentario. El gran dilema es: “Generamos comités para atender un programa o programas para atender las formas organizativas en las comunidades”.

Situación regional

Al hablar en la mesa Desigualdad Regional, Francisco Javier Alejo, del PUED, se refirió a la zona noreste de la República Mexicana y la manera en que pese a su gran fuerza económica sufre de muchas carencias desde el punto de vista distributivo, en rubros como ingresos, vivienda, educación; es decir, la riqueza no ayuda a disminuir las condiciones de desigualdad.

En la sesión Heterogeneidad Estructural y Desigualdad, moderada por Manuel Perló Cohen, director del Instituto de Investigaciones Sociales, Israel Banegas, también del PUED, presentó el programa que se espera en un periodo de cinco años permita generar fuentes de referencia en América Latina, en relación con la visión de desigualdad económica.

Discriminación

José Woldenberg, académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, aseveró que la discriminación es el espacio donde convergen, con toda claridad, las desigualdades y asimetrías del poder. “Todo acto discriminatorio se alimenta de una polución: la supuesta supremacía convertida en desprecio. La prepotencia, como fórmula para guardar distancias y fijar jerarquías”.

En su participación en la mesa Poder y Desigualdad, dijo que el núcleo duro de la discriminación se encuentra no en la diversidad étnica, cultural, religiosa, ideológica o sexual, sino que se empalma con demasiada frecuencia con una marcada disparidad económica y social.

A su vez, Rolando Cordera Campos, coordinador del PUED, sostuvo que el poder al servicio de la igualdad considera una profunda reforma del Estado. Sin embargo, “el balance que se requiere implica más y no menos democracia, nuevos mecanismos de articulación social y política entre gobernantes y gobernados, que estén articulados por el compromiso general y guiados por la idea del desarrollo.

“Esto supone mucha educación y cultura como catalizadores de la movilización organizada y como disolventes de la cultura autoritaria que, como hemos constatado en estos días, sigue viva”, apuntó.

En la educación, ciencia y cultura reside el alma de la democracia y parte de la solución a los problemas circulares de la desigualdad, el abuso del poder y la exclusión; los igualadores sociales más efectivos son la educación y la salud, planteó el rector José Narro Robles, en una ponencia leída por Leonardo Lomelí, director de la Facultad de Economía.

Narro Robles afirmó que la educación es uno de los principales mecanismos para promover la movilidad y el ascenso social de los individuos; una condición absolutamente necesaria, aunque no suficiente, para luchar contra la desigualdad. “No es una panacea. No resuelve todo, pero sin ella ni la desigualdad ni ningún otro problema de la sociedad tiene solución”.

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