¿Quién financia la física?

¿Quién financia la física?
Por Isaac Torres Cruz en Cinvestav: Avance y Perspectiva

La mecánica cuántica se desarrolló vertiginosamente a principios del siglo xx gracias al trabajo de prominentes científicos. Pero esta, como otras áreas de la física, fue aprovechada por los conflictos bélicos que azotaron el mundo pocos años después. La aplicación del conocimiento fue más importante que su entendimiento y el resultado más atroz fue su empleo, al final de la Segunda Guerra Mundial, para construir la bomba atómica.

De acuerdo con la física Ana María Cetto —ex directora general adjunta del Organismo Internacional de Energía Atómica e investigadora del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México—, después de las dos guerras la física se desvío de la investigación para desarrollar aplicaciones, principalmente con fines bélicos.

“Se hicieron a un lado cuestiones fundamentales y solo recientemente ha habido un resurgimiento de la investigación, pero hubo un momento en que dedicarse a estos trabajos básicos de la física no estaba bien visto” —señala en entrevista—. No estaban bien vistos porque si la investigación no se enfocaba a aplicaciones tangibles, se consideraba una pérdida de tiempo.

“Unos cuantos sí teníamos la motivación por entender estos fundamentos.” Durante décadas, la científica, miembro de la Academia Mexicana de Ciencias, se ha dedicado a la investigación básica no solo sin el reconocimiento del trabajo teórico que realiza, sino incluso con algo de aversión por parte de una comunidad.

Eso significaba que había pocos especialistas en el área con los que se pudiera discutir y compartir resultados, había aislamiento en México, en Estados Unidos y en Europa. Los fundamentos de la mecánica cuántica se hacían prácticamente en solitario. Ahora, el panorama ha cambiado, pero este tipo de antecedentes históricos reflejan cómo el fin fundamental de la ciencia se puede pervertir por el tipo de financiamiento que tiene.

Después de la guerra

En el periodo de la posguerra —menciona Cetto—, la física fue una ciencia central para los gobiernos de países más desarrollados, que participaron en la Segunda Guerra Mundial y que se dieron cuenta de su potencial para la seguridad nacional, es decir, tanto para fines militares y de defensa como para el desarrollo económico.

“El país que tomó la delantera para definir el derrotero de la física fue Estados Unidos, con una política abierta del presidente Harry Truman y donde el C’, escrito por Vannevar Bush, tuvo una gran repercusión e influyó mucho en el gobierno norteamericano”.

Su propuesta era que al gobierno estadounidense le convenía mucho invertir de manera importante en física, porque le redituaría beneficios al país. A partir de entonces hubo una inversión sustancial, pero dirigida a los fines de la física aplicada y en primer lugar a la defensa militar, dice Cetto.

Los estadounidenses lo hicieron y construyeron una infraestructura de investigación en física muy importante porque contaban con muchos científicos talentosos que habían emigrado de Europa. Con ello tuvieron masa crítica para desarrollar la física y crear muchas instituciones en las que pudieran orientar la física a aplicaciones industriales. “Eso dejaba de lado el trabajo fundamental de la física, que se consideraba como una desviación de dichos propósitos porque era vista como una pérdida de tiempo. No se iba a sacar nada productivo de ahí”, agrega.

Durante la Guerra Fría, a finales de los años sesenta, aparecieron investigadores preocupados por desarrollar cada vez más aspectos teóricos fundamentales de la física. Desde entonces, gradualmente, esta inquietud se fue incorporando a la “corriente principal” de pensamiento, al grado de que hoy ya no se ve mal que un físico se dedique a la teoría fundamental, puntualiza la investigadora.

Eso puede determinarse dependiendo de dónde trabaje uno y quién lo financie, como la industria militar, ejemplifica. “Porque hoy la investigación en física depende mucho de su financiamiento, de proyectos muchas veces orientados por los gobiernos.” Si bien en México no se requiere financiar la física para fines bélicos, realizar trabajo académico evitaría esa cooptación de la investigación en muchas partes del mundo. “Esa es la gran ventaja de los científicos cuando trabajan en una universidad”, donde tienen la libertad de hacer investigación sin otro compromiso que el avance del conocimiento.

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