Maestros y maestras, gritos de alternativa de América

Maestros y maestras, gritos de alternativa de América
Por Edinson Pedroza Doria en la Observatorio Académico Universitario


“Sin embargo, frente al saqueo,
la opresión y el abandono,
nuestra respuesta es la vida.”

Gabriel García Márquez

Las frases estaban plasmadas en un viejo cuaderno de bachillerato. Era uno de esos cuadernos donde muchas veces consignamos ideas que pensamos emplear en algún escrito para cuando llegase el esperado momento epifánico en cualquier noche calurosa del Caribe. Pero no fue así, llegó a mis manos después de haber estado buscando un libro de esas poesías de antes.  De esas que recorren los tiempos idos y nos envuelven con el velo de la Reina Mab, transportándonos a soñados mundos de placer y encantos. No hallé el libro, pero sí el cuaderno.

La primera frase es del pedagogo alemán Friedrich Adolph Wilhelm Diesterwerg, portaestandarte de la gran Pedagogía Social establecida en el siglo XIX, en la República Democrática Alemana. Aunque toda pedagogía, como reflexión epistemológica del proceso educativo escolarizado,  es social por antonomasia. La frase, en sí,  recoge el sentido y esencia de la labor sociocultural de quien se precie de ser maestro en cualquier nivel escolar: “El mal maestro enseña la verdad, mientras que el verdadero enseña cómo encontrarla”. Cavilé un poco y me dije que venía como anillo al dedo para celebrar, con una reflexión escrita, el día del maestro, puesto que reivindicaba su función sociocultural y pedagógica, no obstante la animadversión que sienten aquellos que desconocen el significado de ser maestro.

Tal vez haya alguno que otro desubicado o advenedizo que pensó enriquecerse con la práctica docente. Pero no, está en el lugar equivocado. No se puede permitir que, con sus actitudes no profesionales, el común de la gente generalice cuando de criticar al maestro se trate, puesto que el magisterio se practica por convicción y  vocación.

Entonces me interrogué: ¿Qué sucedería si no contáramos con los maestros,  formadores de la personalidad, el carácter y el pensamiento de los seres humanos a través de actos pedagógicos intencionados hacia  su autonomía y libertad como máximos fines de la educación? No sabría que responder. Quizás nos hallaríamos en una sociedad animalizada hasta los tuétanos.

La otra frase es de  Jonathan Pool, científico norteamericano del siglo XX: “La mayoría de los profesores enseñan hechos, los buenos  enseñan ideas y los grandes y excelentes enseñan a pensar”. Es un pensamiento profundo del verdadero valor sociocultural que tienen todos aquellos que escogieron el magisterio sin pensar en lucrarse. Es decir, quienes van más allá de la instrucción mecanizadora de conductas, mentes y comportamientos. Esos que llevando el peso de la responsabilidad soportan los desdenes de unos gobiernos estúpidos que solo se empecinan en alimentar el odio y la violencia fratricida en nuestros pueblos amerindios.

Hoy deseo rendirles tributo a los maestros que diferencian entre la formación, la educación, la pedagogía y la instrucción;  además, a quienes creen que conocer es más que representar mentalmente la realidad que circunda a los individuos y que aún creen en los niños y jóvenes como ejes centrales de una sociedad mejor. A los que educan y forman teniendo como propósito la búsqueda de la ascensión humana hacia la cúspide de la civilización: el equilibrio entre mente-cuerpo-espíritu.

Esculpir al ser humano a través de una intencionalidad ética y estética que no  soslaye la construcción de las subjetividades, y que no priorice el tener sobre el ser. En otras palabras como diría el maestro Bedoya Madrid  “el amor por el saber no se agota en su adquisición o en su transmisión, sino que consiste en última instancia en saber despertar la verdadera dinámica para que se desarrolle completamente en forma autónoma” el aprendiz.

De lo anterior se colige que aunque celebremos con mítines y marchas el día del maestro, es necesario realizar un cambio de actitud hacia la educación escolarizada y sus actores para alcanzar lo deseado para las personas, en particular y la sociedad, en general. Necesario es, que todos los actores sociales repiensen verdaderamente lo hecho con nuestros niños y jóvenes en las escuelas e inicien una revolución del pensamiento y el conocimiento, desde la pedagogía, con la intención de progreso y bienestar social de nuestros países.

Felicidades a todos los maestros y maestras que, a pesar de las adversidades y la descalificación de algún descriteriado, contribuyen en la formación de hombres y mujeres para un presente y un futuro mejor del que hemos vivido hasta ahora.

 

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