Debe la ciencia desplegar su potencial al máximo para impactar en la sociedad

Debe la ciencia desplegar su potencial al máximo para impactar en la sociedad
Por Carlos Reyes en Campus Milenio

El conocimiento científico y la investigación son dos rubros que no han sido explotados del todo, y no han sido sopesados en su justa dimensión por el sector empresarial y las distintas instancias gubernamentales.

El potencial que tienen todas las ramas de la ciencia, no ha sido desplegado como lo exige la sociedad del conocimiento.

La solución a muchos de los grandes problemas nacionales descansa en el saber y el quehacer científico y en las capacidades para innovar que tengan y desarrollen las instituciones de educación superior del país.

Ahora que la inversión en ciencia tuvo un crecimiento considerable para este año, la aplicación de esos recursos en la investigación en genética, biotecnología, informática, telecomunicaciones, nanotecnología, energías renovables, geociencia, agroecología, y biomedicina, por citar algunas, parece ser el otro paso a dar.

En eso se trabaja. Al menos esa es la intención que anunció el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt): determinar las áreas de la ciencia en las que se debe trabajar y en las que se debe desarrollar la investigación. En cada una de las regiones y en cada uno de los estados.

Tan solo este año, de acuerdo con las cifras oficiales más recientes, el gasto en materia de ciencia, tecnología e innovación alcanza los 881 mil 660 millones de pesos, es decir,  28.6 por ciento más en términos reales que en 2012.

Asimismo, en el primer trimestre del año, el gasto ejercido en el Conacyt supera los 8 mil 377 millones de pesos, lo que significa 50 por ciento más que en el mismo periodo de 2013.

Y es que el presupuesto del Conacyt ha tenido un incremento, en dos años, de 32.5 por ciento en términos reales, para alcanzar una cifra histórica de 31 mil millones de pesos.

De éstos, al programa Cátedras Conacyt se destinan 550 millones de pesos para financiar la contratación de jóvenes investigadores en centros de investigaciones y universidades públicas en todo el país, donde ya hay 574 nuevos investigadores financiados por el Consejo.

No obstante, el interés por la ciencia, no ha tenido eco en la inversión creciente y en la aplicación de los recursos en varios programas de impulso a la innovación. Mientras que en Japón hay 70 científicos por cada 10 mil habitantes, en México la cifra es menor a uno.

Un asunto que refleja, dicen los entrevistados, que no tiene que ver con la calidad de la ciencia que se hace en el país, sino en las pocas personas que quieren dedicarse a este sector. Y es ahí donde se tiene que trabajar.

Desplegar todo el potencial de la ciencia implica abrir espacios sólidos de trabajo y desarrollo para la comunidad científica, y una mayor difusión de los alcances que pueden tener la innovación y la tecnología en la sociedad.

Impulsar sus alcances

Para Ismael Herrera Revilla, investigador y físico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el conocimiento científico y las ciencias aplicadas abren nuevas posibilidades de desarrollo para el país.

Explicó que el aporte de las universidades en el tema de las ciencias es de vital importancia, ya que son ellas las formadoras de quienes generarán el conocimiento a futuro, razón por la que deben hacerlo con una visión científica.

“Las ciencias son fundamentales en el progreso y la resolución de problemas humanos, que realmente sirvan, es decir, que sea una ciencia aplicada, por lo que las universidades deben enseñarlas desde un punto de vista científico”, indica.

Herrera Revilla se dice convencido de que el conocimiento científico puede incidir de manera directa en la economía de un país, por eso la urgencia de darle el respaldo suficiente a estas áreas.

“Si como sociedad no nos educamos y conocemos lo que son las matemáticas o las ciencias, perdemos el derecho a obtener el conocimiento universal que es el verdadero patrimonio de la humanidad”, señala.

No por algo, abunda, hoy en día la ciencia que se expresa a través de los modelos matemáticos, ha permitido predecir una serie de fenómenos y las consecuencias que podría provocar.

Por su parte, Jaime Valls Esponda, rector de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH), comenta que las universidades deben abrir sus puertas a las nuevas generaciones de profesionistas que se forman en sus aulas, y quienes colaborarán en el desarrollo de cada uno de los estados y del país.

Dice que una prioridad nacional para la ciencia y tecnología debe ser siempre el incremento del capital humano, ya que sin este recurso no se pueden apoyar a los distintos sectores y coadyuvar a solucionar los diversos problemas nacionales.

“Se deben incrementar las plazas para profesores e investigadores en las diversas áreas del conocimiento, consolidando la capacidad científica del país, lo que permitirá un mayor impacto social y económico”, apunta.

Pero también es fundamental, añade, que una proporción importante de este capital humano trabaje sobre los temas de seguridad, abastecimiento de agua y energía para lograr beneficios tangibles para el desarrollo social.

Reorientar el gasto

En ese sentido, Luis Gabriel Torreblanca, director adjunto de Desarrollo Tecnológico e Innovación del Conacyt, explica que las áreas en donde México puede tener un mejor desempeño son las aplicaciones, el software y las industrias aeronáutica y energética.

Al mismo tiempo, se requiere reforzar las estrategias en materia científica y tecnológica, en estados como Oaxaca, Guerrero, Nayarit, Tlaxcala, Campeche o Quintana Roo.

Por eso, se trabaja en la implementación de programas diferenciales que se centren en las necesidades de cada región. Uno de ellos es el paquete de fondos mixtos a los cuales el estado accede firmando un contrato y comprometiéndose también a invertir.

“Reconociendo estas diferencias, hay lugares donde un peso que pone Conacyt viene acompañado de un peso del estado como ocurre en el Distrito Federal, Nuevo León, Jalisco o Baja California”, precisa.

Al respecto, Víctor Éric López y López, investigador del Instituto Politécnico Nacional (IPN), dice que la ciencia bien enfocada, puede hacer la diferencia en muchas áreas del conocimiento.

“Una ciencia que alcance enormes avances y múltiples aplicaciones, además de ser un área de oportunidad que genera productos con valor agregado que podría contribuir a mejorar el nivel socioeconómico de un país”, señala.

Sin embargo, reconoce López y López, se trata de un camino que para ser transitado, requiere, en principio, un marco legal mucho más sólido que integre políticas y estrategias de desarrollo en un contexto global.

Además, apunta el investigador, se requiere generar acuerdos en todos los niveles, diseñar procesos para aprovechar mejor las capacidades de la ciencia y establecer mecanismos de coordinación y vinculación para promover la investigación.

Una de esos de esos mecanismos, se encuentra en el seno de las instituciones de educación superior, como lo plantea Heriberto Grijalva Monteverde, rector de la Universidad de Sonora (Unison).

El dirigente universitario puntualiza que el país requiere de un nuevo esquema educativo basado en la equidad social, que brinde mayores oportunidades de desarrollo a los jóvenes e impulse la actividad científica y tecnológica.

De esta manera, comenta, se podrá formar capital humano de calidad que propicie la innovación y la vinculación efectiva entre el gobierno y los sectores empresarial y académico.

“Todo, con una visión que responda a las necesidades del entorno y contribuya al aprovechamiento sustentable de las potencialidades regionales», expresa Grijalva Monteverde.

Y es que, como lo señala, los países más desarrollados, donde la sociedad tiene mayores y mejores beneficios, son aquellos en los que sus universidades son reconocidas en el plano internacional por su innovación e impacto en el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

«No podremos avanzar, si no existen planes y objetivos en todas las etapas previas del proceso educativo, porque aunque la universidad es la cúspide de la pirámide educacional, es imperativo unir esfuerzos para que todo el proceso educativo mejore y avance a la par», dice el rector de la Unison.

Porque, añade, la visión como país, debe tener como ejes fundamentales a la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación. Ejes que demandan de la participación decidida de todos los sectores de la sociedad.

La puerta efectiva

Para José Franco, presidente de la Academia Mexicana de las Ciencias (AMC), losinvestigadores deben reunirse en torno a temas afines que repercuten en la vida socioeconómica actual.

Porque a final de cuentas, plantea, la ciencia, la tecnología y la innovación son palancas de desarrollo que tienen un impacto profundo en la evolución de la civilización y de las sociedades.

De lo que se trata es ver de qué manera el conocimiento científico y tecnológico puede ser un elemento sustantivo para generar un mundo sustentable y ayuda a erradicar la pobreza, las enfermedades y el hambre, así como a generar alternativas para la energía y para mejores viviendas.

«En México hay 40 mil investigadores en todas las áreas, en nuestro país hay un raquitismo en este tema porque hay poco financiamiento para ciencia y tecnología y éstas tienen poco peso político en la agenda nacional», apunta.

Lo cierto, como lo precisa Eugenio Cetina Badillo, director del Sistema Nacional de Investigadores (SIN) es que la comunidad científica del país se acerca cada vez más a esos objetivos, además de que se desarrolla cada vez más en áreas mucho más innovadoras.

“México cuenta con una comunidad científica de mucha calidad y que cada vez se inmiscuye más en programas de proceso tecnológico, procesos de innovación que le permiten a las empresas mexicanas ser más competitivas en el mundo”, dice.

Tan solo en 2013, detalla, cerca de 25 por ciento de  los 10 mil 500 aspirantes a ingresar al SIN, estaban enfocados en realizar productos tecnológicos e innovadores.

Por eso, Cetina Badillo sostiene que las metas se concretarán en la medida en que la comunidad científica convenza  al sector privado de que la innovación y la tecnología pueden contribuir a la solución de sus problemas y mejorar su productividad.

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