Pasión por la ciencia para un país más solidario: Manuel Peimbert

Pasión por la ciencia para un país más solidario: Manuel Peimbert
Por Jorge Medina Viedas en Campus Milenio

Si le dijo que a la diez, a las diez va a llegar”, respondió uno de los vigilantes en la entrada del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México. Faltaban escasos minutos para esa hora, cuando escuchamos. ‘Mire, ahí viene’.

En efecto, no fue difícil reconocer al doctor Manuel Peimbert quien con paso seguro y tranquilo caminaba hacia el edificio. A sus 73 años, mantiene el aspecto de un hombre alto, jovial, mucho más delgado de cuando lo conocí en 1968;  el astrónomo vestía  traje oscuro, chaleco y corbata azul, a resguardo de una de las mañanas frías de enero en Ciudad Universitaria. De su hombro derecho colgaba un pequeño maletín y con voz afable nos invitó a pasar a su cubículo, en la segunda planta del edificio del Instituto.

Ahí, en estos recintos de la UNAM ha trabajado durante más de cuatro décadas. Desde 1968, para ser exactos, cuando regresó de la Universidad de Berkeley a la edad de 27 años, con el título de doctor, para incorporarse a la Facultad de Ciencias y al propio Instituto de Astronomía.

Hoy es una de las figuras representativas del prestigio científico de la Universidad Nacional. Ha sido citado por otros científicos e investigadores miles de veces por sus trabajos de investigación sobre la determinación de la composición química de las galaxias.

De eso  le pido una explicación para nosotros los legos: “Hemos determinado la composición química del gas y hemos encontrado que, en efecto, tiene 25 por ciento de helio y 75 por ciento de hidrógeno. Éste es uno de los tres pilares que apoyan la teoría de la gran explosión” (el Big Bang).

Y sin el menor gesto de pedantería, más bien divertido, comenta: “Y pues nos ha hecho famosos. Hay otros grupos que hacen lo mismo, estamos en competencia pero nosotros lo hicimos primero y lo hemos estado haciendo mejor”.

El doctor Peimbert mantiene, junto con otros científicos, la teoría de que hay tres familias de neutrinos que vienen del sol (casi a la velocidad de la luz, un cuarto de  millón de millas por segundo) mientras que otros sostienen que hay cuatro.

Esa es su batalla científica. Denota que la encara con sentido competitivo, sin ninguna evidencia de envidia ni de protagonismo.

Pero el académico de la UNAM y miembro del Colegio Nacional, de la Academia Mexicana de Ciencias, de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos, sostiene otras batallas: días antes había firmado, junto a otros distinguidos académicos e intelectuales, entre ellos el fallecido José Emilio Pacheco, y dos ex secretarios de Estado,  Carlos Tello Macías y David Ibarra, un documento exigiendo que se volviera a discutir la reforma energética, recién aprobada por el Congreso de la Unión.

Animado por la conversación, recuerda que recién reincorporado a la UNAM, los maestros de la Facultad de Ciencias lo eligieron para representar a la Facultad en la Coalición de Maestros de Enseñanza Media y Superior Pro Libertades Democráticas, la organización magisterial que apoyaba el movimiento de 1968.

Hoy, el  astrónomo mexicano más reconocido en su disciplina a nivel internacional, mantiene intacto su espíritu crítico; considera que una de las motivaciones de hacer ciencia es vivir en un país más solidario. “A la larga es más placentero estar rodeado de iguales, que estar rodeado de desiguales”, afirma el doctor  Peimbert Sierra.

En consideración a aquel momento, así empieza la entrevista con Campus. Una comparación entre aquel México y el actual.
El México de los problemas

En términos sociales, ¿qué diferencia encuentra entre el México de ’68 cuando regresa de Berkeley y el México de hoy?

El crecimiento poblacional ha sido muy grande y  ha habido también un crecimiento en la oferta educativa. Entonces, en 1968,  los rezagos eran grandes y hoy siguen igualmente grandes. La preocupación que tengo es que las desigualdades son igual de malas.

Aproximadamente el diez por ciento de las personas que más ganan al año, ganan 28 veces más que el diez por ciento de las personas que menos ganan. Entonces, esta gran disparidad nos produce un país muy injusto, con grandes problemas sociales.

La parte central o a lo que nos debemos de avocar es a que la desigualdad disminuya. ¿Cómo podemos lograrlo? Se ve difícil, pero lo único que entiendo un poco más es la educación, entonces creo se debe de apuntar al nivel de educación de los mexicanos.

Están llegando a las universidades aproximadamente el treinta por ciento de los jóvenes en México. En otros países del mundo el 80 por ciento. Después, si nos enfocamos a ese treinta por ciento que está llegando a las universidades, como la mitad deserta en el paso de primero a segundo año. Desertan entre otras causas por el problema económico y en parte por la preparación previa. Entonces, ¿cuántos terminan la universidad? Terminan como el doce por ciento del total. El otro 88 no termina. Y aquí de nuevo, yéndonos a otros países, termina el ochenta o el noventa por ciento de los que entran a las universidades. Necesitamos aumentar esos números  a como dé lugar.

Ahora, tenemos que aumentar también la calidad de esa educación y para ello  necesitamos más investigadores, más profesores de tiempo completo; no podemos nada más abrir universidades y poner maestros que no han tenido una educación grande, y que no se les den los recursos o las instalaciones para que puedan seguir creciendo como profesores y como intelectuales

Otro problema relacionado con lo mismo es que hemos tenido un crecimiento demográfico muy grande. En 1920, al terminar la Revolución, éramos como catorce millones. Hoy somos como 120 millones.

Ahí hay todo un problema sobre la reproducción y el número de hijos por mujer, etc. La única correlación muy fuerte que existe es que a mayor nivel de escolaridad de la mujer, menor número de hijos. No tenemos que irnos a soluciones drásticas como China o India. Simplemente necesitamos aumentar la educación del hombre y la mujer, en particular de la mujer, porque las mujeres que no llegan a la escuela tienen en promedio siete hijos. Las que terminan primaria cuatro hijos; las que terminan secundaria, preparatoria, como tres; las que terminan la universidad, dos o uno. Entonces, si aumentáramos la educación y todos llegáramos —y si no todos, el ochenta por ciento— a la educación universitaria, esto ayudaría a disminuir el crecimiento poblacional, siendo ya por decisión propia y no porque se les está obligando.

Esa es otra razón importante por la cual hay que aumentar la calidad y la oferta educativa.

¿Cómo ha evolucionado la UNAM frente a todo ese panorama?

En la UNAM ha habido una lucha permanente entre distintas corrientes que ven los problemas de manera diferente. Algunos colegas dijeron que debía de haber cuotas para que haya más dinero y podamos hacer más cosas. Yo soy de la opinión contraria, que lo que debemos hacer es tener más becas. O sea, los estudiantes, la mayoría de ellos, vienen de familias con muy pocos recursos.

Para poner un ejemplo, en la Facultad de Ciencias hay becas de 500 pesos al mes y se le da al que la pida. Sin ver expediente, sin exigirle calificaciones ni nada. En el momento en que se instalaron las becas, los mil de un total de seis mil que las obtuvieron, han subido su rendimiento de sacar seises, están sacando sietes y ochos. ¿Y qué es esa beca? 18 pesos al día, que alcanzan para el camión, para una torta, pero sienten que están apoyando con algo a su familia y sienten que el sistema se preocupa por ellos. Mientras que si les estamos pidiendo, “pues tienen que pagar dos mil pesos al año”,  eso no es ni una gota de agua para el presupuesto universitario y se sienten estresados por estar pagando por algo.

La Universidad en estos últimos años, diez, quince años, ha hecho un esfuerzo por aumentar la matrícula. Nos hemos ido de 260 mil a 320 mil estudiantes. También ha aumentado la idea de descentralizar la universidad, tenemos nuevas carreras en Michoacán, en Guanajuato y pequeños centros de investigación en 15 o 20 estados de la República.

Yo creo que eso está bien. Yo creo que las universidades de los estados también deben de crecer. Y creo que debemos buscar parar esta deserción que se da en mucho al pasar de primero de carrera a segundo de carrera. Y este asunto de las becas podría ser un factor fundamental para que las deserciones sean menores. Necesitamos apoyar más a los estudiantes en lugar de estar pensando en que les vamos a sacar dinero para que la universidad funcione. Por mucho dinero que se les saque, es cuando mucho el cinco por ciento en algunas universidades, y en la nuestra iba a ser como el medio por ciento de lo que cuesta la universidad.

Ese dinero debe venir de los impuestos, de la recaudación.
Nunca es más del cinco por ciento. Al parecer ninguna universidad pública alcanza por concepto d cuotas el cinco por ciento.

Por eso, y desde el punto de vista ideológico y práctico, no sirve para nada. Entonces, creo que eso anda mal. Eso nos lleva al asunto de la recaudación fiscal. En México, la recaudación fiscal es del orden del diez por ciento del PIB. Entre el diez y el once por ciento. Y luego, del petróleo toma un ocho por ciento y eso nos lleva al 18 por ciento del PIB, y de eso vive el gobierno.

Nos vamos a otros países como el norte de Europa, es el 40 por ciento del PIB  en impuestos. Estados Unidos el 25, el centro  de Europa es 30, 35. Si ahora la renta petrolera se nos empieza a ir de las manos, ¿cómo vamos a hacerle para subir del 12 por ciento del PIB al 30 que debería ser para resolver este tipo de problemas y poder tener proyectos de desarrollo de verdad.

Será México  siempre un estado en crisis fiscal…

Pues sí. Aquí, y tenemos además esto que da pena. Aquellas personas que logran no pagar impuestos se considera que son héroes, en lugar de pensarlo al revés. Hay una serie de maneras de evadir impuestos que generalmente los grupos más poderosos tienen abogados y tienen contadores que buscan la manera de pagar menos impuestos. Ese es un problema, hablando de la reforma tributaria que el gobierno está impulsando y qué bueno.

Inicialmente equivalía como al 1.5 por ciento del PIB y después de llegar a acuerdos con los distintos grupos, es como del .7 por ciento PIB. En la dirección correcta pero .7. Necesitamos ocho por ciento, diez por ciento. Necesitamos algo mucho más sustancial que lo que se está planteando.

Hay muchos intereses creados, muchos grupos políticos con fuerza, y es muy difícil…
Lo que necesitamos es que los pobres no sean tan pobres para salir de donde estamos, y que los ricos repartan un poco de lo mucho que tienen.

De la ciencia básica a la innovación

Usted ha argumentado que la ciencia básica es fundamental para el desarrollo de las tecnologías y la innovación. ¿Sigue sosteniendo esa tesis?

Aquí hay una desinformación entre las mayorías mexicanas que dicen: ¿ciencia para qué? ¿ciencia básica para qué? Siendo un país tan pobre, deberíamos dedicar todo a alfabetizar en lugar de estar gastando en cosas tan “esotéricas” como puede ser la investigación científica. Sin embargo, en los países desarrollados se ha demostrado que todas las ciencias básicas están relacionadas entre sí.

Si una ciencia básica se desarrolla, empuja a las otras ciencias básicas, que están íntimamente intrincadas y relacionadas con las ciencias aplicadas, y éstas con la tecnología, y el desarrollo de la tecnología  con la economía, y la economía está relacionada con el bienestar de la población.

Si mejoramos la investigación estamos echando a andar todas estas relaciones que nos llevan en última instancia a una mejoría en los bienes y servicios de un país dado. Tan es así que todos los países desarrollados y todos aquellos que tienen una mejor relación entre los que más ganan y los que menos ganan, dedican un porcentaje mayor a la ciencia básica que nosotros.

En los últimos 45 años que ha habido reportes sobre el porcentaje del PIB que se va en ciencia básica, ese porcentaje ha oscilado entre el 0.3 y 0.4 por ciento. En los países desarrollados, ese porcentaje va del 1 al 3 por ciento. Estados Unidos tiene el 2.7 por ciento. Y no lo hacen porque sean hermanas de la caridad, lo hacen porque saben que les conviene.

Estados Unidos está invirtiendo seis veces más que nosotros, y luego el PIB per cápita de ellos es como cinco veces mayor que el nuestro, multiplicamos los dos, entonces se invierte en tecnología per cápita treinta veces más que nosotros. Lo nuestro no se nota.

Tres presidentes nos prometieron pasar del 0.4 al 1 por ciento. Salinas lo prometió, Zedillo lo prometió y Fox lo prometió. Terminó el gobierno de los tres y seguía lo mismo, entre .3 y .4. Empezó este sexenio y también Peña Nieto dijo lo mismo, que íbamos a subir de .4 a 1 por ciento. Ojalá así sea. Puedo decir  en su descargo que ha habido un pequeño aumento, hemos subido como .05 por ciento. Ya andamos en el .44, .45 por ciento. La cosa es que se mantenga estos seis años y con que se llegara al .7 ya sería un muy buen avance.
Qué bueno que estas cifras ya se manejan a nivel de gobierno. La Cámara de Diputados votó  hace varios años que se subiera al 1 por ciento pero fue una postura declarativa que nunca aterrizó en el presupuesto de egresos.

La investigación científica tiene que ver con la distribución de los dineros dentro de los distintos países, pero tiene que ver también con la calidad de la educación, y tiene que ver también con la cultura nacional.

Nosotros tenemos que aumentar la calidad de la educación y tenemos que aumentar la cultura de la sociedad para tratar de revertir estos problemas de desigualdad de los que hablaba anteriormente.

Y sí, el problema de los valores influye en muchas áreas. Hay que cubrirlas todas y necesitamos un país donde lo que impere sea el deseo de que la población tenga valores éticos en lugar del deseo de que “yo me vuelva rico a costa de los demás”. Es la disyuntiva.

Ciencia para vivir en un país más solidario

¿Qué le recomendaría a los jóvenes investigadores y estudiantes de la ciencia? ¿Cómo una persona,  como usted en la Astronomía, es capaz de llegar a su nivel de formación científica?

¿Qué hacer? Ahí no es fácil. Esa pregunta nunca me la han hecho, pero… Uno necesita ser buen científico para apoyar el desarrollo de la ciencia, que no es la pregunta que me está haciendo; pero para ser buen científico se necesita dedicar tiempo completo a la investigación científica y a la enseñanza, y esto implica tener pasión para esto y dedicarle 40 horas a la semana, y un poco más también ayuda. Pero la semana tiene 168 horas, entonces queda mucho tiempo.

Claro, hay que dormir, las muchachas, los galanes, la familia, hay una serie de actividades pero creo que el tener también una motivación para hacer ciencia es importante, y esa motivación podría ser vivir en un país más solidario. Si eso lo llegamos a incluir en nuestra manera  de pensar, pues nos lleva a tratarse las dos cosas. Tratar de hacer mejor ciencia y tratar de buscar la manera de mejorar el entorno. Y de ayudar a que el país salga adelante.

Si un joven le preguntara “¿qué hago para ser como usted doctor?”

No, pues le diría que yo tengo muchos defectos y que le busque por otro lado. Pero al margen de eso, le diría que por lo pronto que con pasión tome un proyecto de educación y de vida, que le dedique esfuerzo a eso y que piense que es mucho más importante prepararse para servir que prepararse para ser rico.

Creo que a la larga es más placentero para uno estar rodeado con iguales, que estar rodeado con desiguales.

En su discurso de ingreso al Colegio Nacional explicó aspectos cuantitativos de la Astronomía, ¿cuál es su estado actual?

La Astronomía mexicana ahí va. En 1960 había como diez astrónomos en México, muchos con una preparación más bien práctica que una preparación de matemáticas y de física; más bien trabajaban en el telescopio sin una preparación muy profunda en áreas que son necesarias sobre todo para hacer Astronomía teórica.

Ahorita ya en México tenemos como 240 astrónomos con doctorado; sí ha habido un progreso grande.

Y hemos logrado una serie de cosas. La Astronomía mexicana está muy relacionada con la que se hace en otros países. Muchos de los artículos en los que firman los mexicanos, firman colegas de otros países. En México, de los 240 astrónomos, más de la mitad se doctoró en el extranjero. Y más del 20 por ciento nació en el extranjero y hemos exportado también. Hay más de 20 astrónomos mexicanos que viven fuera de México. Esto ha roto la endogamia, le entramos a todo tipo de temas que se cultivan aquí y en otros lados.

En lo que yo hago he tenido buena relación con astrónomos estadounidenses, con españoles,  italianos;  respecto a los artículos de investigación que he publicado, más de cien han sido con personas de otros países y esto también hace que al organizar algún congreso en México viene gente de todos lados del mundo y cuando hay congresos en otros lados nos invitan.

Estamos bien conectados, aunque somos pocos: dos por millón de habitante.

Doctor, lo que usted ha aportado ha servido para darle mayor verosimilitud al Big Bang…

Una de las cosas que hemos trabajado es en determinar la composición química de los objetos que no han sido contaminados por la evolución estelar. A la hora de la gran explosión la temperatura es muy alta, alcanza a un segundo de empezada la expansión, l15 mil millones de grados, a los cuatro minutos baja como a 800 millones de grados. Y en ese periodo se dan reacciones nucleares en todo el universo observable.

Y esas reacciones nucleares, lo que hacen es que se producen protones primero y luego los protones por reacciones nucleares producen helio. Y cuando ya hay un 25 por ciento de helio y un 75 por ciento de hidrógeno, ya se expandió el universo, cada vez que duplica su tamaño la distancia entre dos partes del universo la temperatura se va a la mitad. O sea, a los cuatro minutos tiene 800 millones de grados y se está enfriando y ya no hay reacciones nucleares. Entonces, el universo se quedó con un 25 por ciento de helio y un 75 por ciento de hidrógeno.  Cientos de millones de años después se forman las estrellas y las galaxias.

Las primeras galaxias se forman con un  25 por ciento de helio y un 75 por ciento de hidrógeno.

Y lo que nosotros hemos hecho a lo largo de los años es determinar la composición química de galaxias que todavía no han formado muchas estrellas, que no han contaminado el gas. Hemos determinado la composición química del gas y hemos encontrado que en efecto tiene 25 por ciento de helio y 75 por ciento de hidrógeno.

Éste es uno de los tres pilares que apoyan la teoría de la gran explosión. Y pues nos ha hecho famosos.

Hay otros grupos que hacen lo mismo, estamos en competencia, pero nosotros lo hicimos primero y lo hemos estado haciendo mejor. Ahora hay gentes que le meten grandes telescopios y le echan muchas ganas a esto para buscar el tercer dígito o el cuarto dígito, que también tiene importancia, por ejemplo, para la física de partículas el número de familias de neutrinos afecta esta producción. Sabemos que hay tres familias de neutrinos, si hubiera cuatro familias de neutrinos en lugar de un 25 por ciento de helio, habría un 26 por ciento.

Pero se necesita mucha precisión para poder decir cuántas familias de neutrinos hay. Entonces, se está trabajando en subir la precisión del resultado. Y por estos resultados nos han dado reconocimientos internacionales además de los nacionales  y esto nos tiene muy contentos.

En estos momentos estamos tratando de subirle la precisión. La competencia está encontrando 25. 6 y nosotros 24.7 por ciento de helio. Es casi un uno por ciento de diferencia y la competencia dice que a lo mejor puede haber una cuarta familia de neutrinos; y a nosotros nos está saliendo que no, que sólo son tres y eso está abierto porque realmente no se puede en el laboratorio, no se ha podido, demostrar que haya o no otra más.

Allí hay un problema: el asunto del tercer neutrino: en 1980 no se sabía que había tres familias de neutrinos, se creía que había dos; hoy se sabe que son tres; esto llevó a una problemática en los años sesenta: la cantidad de neutrinos que nos llegaba del sol era tres veces menor que la cantidad que predecían los modelos  de los mismos astrónomos del interior solar;  porque el interior solar está a quince millones, las reacciones nucleares producen neutrinos, estos  viajan casi libremente, en casi 8 minutos, casi  a la velocidad de la luz llegan a la tierra, y llegaba un tercio nada  más;  entonces, en caso de que hubiera tres familias de neutrinos; se decía que había dos familias pues estaban llegando muy poquitos, los físicos decían que los astrónomos no sabían hacer modelos de estrellas.

Los modelos estaban bien hechos, y lo que pasa es que los neutrinos tienen una pequeña masa, y antes de 1980 se creía que su masa era igual a cero. Si tienen una pequeña masa, los neutrinos oscilan y cambian, hay de los tres tipos de electrones, uno se debe al electrono, otro al mogón y otro al tagón, y entonces el neutrino del electrono oscila y se convierte  en neutrino del mogón o en neutrino del tagón. Y lo que se estaba detectando en la tierra, era nada más los neutrinos del electrón. O sea, el sol produce muchos neutrinos, pero en el camino  oscilan y cambian y los del tagón y los de mogón  no se detectaban y por eso se estaban detectando menos.

Ahorita ya se resolvió este problema, y se sabe que de los neutrinos que produce el sol, produce de los tres tipos de neutrinos,  o mejor, produce del tipo del electrón y éste oscila y cambia y se convierte en un neutrino del mogón y del tagón.

Este asunto de la física de los neutrinos todavía está abierto. Hay algunos experimentos que  han hecho los físicos, de 100 distintos, como 60 han encontrado que nada más son 3 y 40 que parece que son 4. O sea, no está cerrado. Están peleados en que sí son 3 o son 4. A nuestra competencia en la determinación de la abundancia de helio les está dando como 3.6 familias de neutrinos con un error de .3, y según ello podría ser 4; a nosotros nos da 3 con un error de .3. Si nosotros le subimos a la precisión y convencemos a todos los astrónomos que nuestra precisión es mejor que la de la competencia, entonces tendríamos un resultado nuevo muy fuerte.

Creemos que lo tenemos, pero todavía falta numéricamente derrotar a la competencia y demostrar que nosotros lo estamos haciendo mejor. Nosotros empezamos, pero cuando empezamos nos estaba dando 23 por ciento con un error  de dos por ciento. Y ese 23 por ciento que es menor a lo que nos da ahorita, se debía a que la física atómica no estaba muy bien hecha. Al mejorar  la física atómica, se mejoraron una serie de cosas y todas las mejoras han ido subiendo el valor.

Y nosotros hemos llegado a 24.7 pero la competencia, que también andaba por ahí de 23, pues ya se fueron como a 26. Y a ellos les conviene estar distintos de nosotros y a nosotros también porque se establece una polémica,  nos leen y nos citan, y gritos y sombrerazos. En eso estamos.

En las preguntas eternas de la ciencia…

Yo creo que la obligación de todo científico es resolver un problema y plantear dos,  porque si resolvemos dos y nada más planteamos uno, al rato ya no va a haber problemas y la ciencia se va a volver escolástica y ya perdimos.

El chiste es que siempre haya más problemas que atacar y que resolver y esto es la belleza de la ciencia. Es una postura totalmente no demostrada científicamente, pero según yo, el número de problemas es infinito. Y por mucho que resolvamos, siempre van a surgir otros; si el número de problemas fuera finito va a llegar un momento en que  ya acabamos, entonces todo está en libros, no hay que hacer nada, nomás hay que leer lo que ha hecho la humanidad y ya se sabe todo.

Y no creo que sea así, y aquí estoy usando la palabra creer  y lo que hay que hacer es demostrar en lugar de creer.

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