Reorientar la ciencia en México

Reorientar la ciencia en México
Por Carlos Reyes en Campus Milenio

La ciencia debe acercarse a la sociedad. Es tiempo ofrecer soluciones prácticas a los problemas quve aquejan a los ciudadanos de a pie. Que el conocimiento salga del laboratorio y se inserte en el devenir cotidiano. Abrir la investigación y hacerla asequible.

La comunidad científica puntualiza, con todas sus letras, que ahí se encuentra el verdadero reto del sistema científico del país. Un cambio cultural y en la forma de concebir y percibir la ciencia. Eso es lo que le ha estado faltando a la ciencia en los últimos años.

Si bien es cierto que la asignación de un gasto todavía insuficiente, es una limitante que no ha dejado crecer al sistema científico, y que los indicadores cualitativos y cuantitativos no son del todo satisfactorios, la vinculación de la ciencia con la sociedad es el eje en el que debe trabajarse en los próximos años.

Y es que, como lo explican los especialistas en el tema, la fortaleza y solidez que ha ganado el sector científico mediante instrumentos como el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), los apoyos para desarrollar investigación en varias áreas y las redes regionales, deben reflejarse en el día con día.

La innovación al alcance de todos y la generación del conocimiento teniendo como beneficiario principal al ciudadano. Ésa parece ser la ecuación que debe impulsar el sistema científico en los próximos años para tener un mayor impacto.
Una tarea que no es sencilla. De entrada, se deber partir de una serie de reticencias y resistencias que perciben a la ciencia en una burbuja en la que la investigación, la ciencia y la tecnología presentan desarrollos e innovaciones que muy pocos entienden, muy pocos conocen, y casi nadie tiene la atingencia de aplicar.

Por ello, dicen los entrevistados, la ciencia debe reorientarse. En sus prioridades, en sus fines, pero sobre todo en la razón de ser que le dé certeza, certidumbre y una responsabilidad social que tiene que ser asumida por las instituciones de educación superior, sector privado, las autoridades.

Pero sobre todo por una comunidad científica que moldea a diario la realidad a través del conocimiento, de los inventos y el desarrollo de la tecnología en la informática, la salud, las telecomunicaciones, el medio ambiente, la educación, y todas las ramas que requieren de esa nueva visión.

Un enfoque distinto

A pesar de las fortalezas del sistema científico mexicano, la sociedad en su conjunto debe trabajar para generar un cambio en la cultura respecto al interés, consumo y apropiación de la ciencia y tecnología.
Así lo percibe José Antonio de la Peña Mena, director general del Centro de Investigación en Matemáticas, CIMAT, y ex presidente de la Academia Mexicana de las Ciencias (AMC).

Para el investigador, en este contexto se debe reconocer  que se ha construido un sólido sistema científico en el país, con gran producción de artículos académicos y una amplia cantidad de instituciones de educación superior que generan conocimiento.

Sin embargo, existen una serie de asuntos pendientes que deben ser concretados, como es el caso de la colaboración interinstitucional, la creación de nuevos centros de investigación enfocados a nuevas vetas del conocimiento.
Y en esa lista de prioridades, añade, siempre la urgencia de aumentar el presupuesto para el desarrollo de ciencia y tecnología; y sobre todo, de ese cambio de cultura que no se ha dado.

“Al hablar de crecimiento científico, se suele dar mayor importancia a los indicadores cuantitativos, como cantidad de proyectos de investigación y número de citas en textos académicos, pero se deja de lado la otra cara del asunto”, dice.
Debido a esto, el director del CIMAT plantea que es indispensable que los científicos realicen más trabajo en equipo y dejar de lado la competencia sin una razón positiva para la sociedad.

“México debe cambiar al paradigma de la colaboración, para fortalecer cuerpos académicos, así como generar estrategias para comunicarle a la sociedad los avances científicos y tecnológicos que se han logrado”, puntualiza. Y es que, de cumplirse estas premisas, se justificaría mucho más y de mejor manera la importancia que tiene la ciencia, y sobre todo, la inversión pública y privada para el sector. Un aspecto que no ha sido del todo apreciado de esta manera.
Por su parte, la directora general del Instituto Politécnico Nacional (IPN), Yoloxóchitl Bustamante Díez, advirtió que el conocimiento debe ser el factor para la competitividad, siempre y cuando logre explotar todas sus posibilidades y atraiga talento, inversiones y negocios.

Y es que, como lo plantea, desde el punto de vista de la formación de recursos humanos, el modelo mexicano no es muy prometedor, “ya que la tasa de patentes en México es de 00.5 por ciento y la de Japón  es de 30 por ciento, por lo que hay una diferencia sustancial”.

En ese sentido, dijo que en los últimos años de cada 100 productos del SNI, 99.1 por ciento fueron publicaciones y sólo 0.01 por ciento fueron patentes.

“Pero además, si verificamos estas publicaciones, la mayoría está en el campo de las ciencias sociales y humanidades”, comenta.

Bustamante Díez sostiene que de los más de 18 mil científicos que están inscritos en el SNI hasta 2012, al menos mil superan los 70 años de edad y si tuvieran una oferta digna para jubilarse, se podría disponer de esas plazas para nuevos investigadores.

Ello, sin contar con que sólo cuatro estados concentran el mayor número de investigadores: Distrito Federal, Estado de México, Morelos y Jalisco. Por eso la importancia de plantearse con toda claridad todos y cada uno de los retos que debe tener la ciencia en el país.

Por ello, la vinculación que la ciencia debe enfocarse a una labor mucho más práctica, donde la generación del conocimiento realmente impacta la calidad de vida de la sociedad.

Al respecto, comenta que es necesario un nuevo camino para la ciencia, la innovación y la tecnología mexicanas que una integralmente a la investigación, que reconozca la complejidad de la naturaleza y la sociedad, pero sobre todo, que el gran poder de las nuevas tecnologías y la necesidad de resolver problemas no confinados a una sola.

“Que tome en cuenta el impacto y los beneficios en los aspectos sociales, económicos y ambientales”, señala.
Y en esa línea, entender y aceptar que la universidad no será el líder indiscutible en la investigación, sino uno entre aquellos posibles, en donde el conocimiento y acercarse a esos otros, es una obligación para lograr productos socialmente robustos.

Todo, explica la Directora General del IPN, dentro de un contexto de productividad para la solución de problemas específicos.

Mayor acercamiento

En tanto, Jesús Alejandro Vera Jiménez, rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEMOR), puntualiza que la ciencia y tecnología se debe asumir, estimular y fortalecer, creando espacios desde los cuales exista ese acercamiento que todavía no ha sido posible darle al cien por ciento.

Vera Jiménez plantea que la generación del conocimiento no se agota con el fortalecimiento de la competitividad de las empresas de un estado, una región o incluso del país.

Hace falta, expresa, que la aplicación de la ciencia, el desarrollo tecnológico y la innovación, se reflejen un fomento de la cultura científica entre la población. Que sea la propia sociedad la que pueda darle el valor a lo que se genera en el campo de la ciencia.

“Necesitamos decirle a la gente que se está haciendo trabajo en energías renovables, producción de alimentos, tecnologías farmacéuticas, complejidad y aprendizaje, pero sobre todo decirle en qué le beneficia toda esta generación de experiencias”, dice.

Desde esta perspectiva, se pueden construir proyectos estratégicos para propiciar el fortalecimiento de redes institucionales y centros regionales de investigación social que atiendan las necesidades actuales.
Para Susana Herrera Lima, profesora del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), en la actualidad, los problemas ambientales, sociales, económicos e incluso culturales se han vuelto tan complejos que dificultan voltear a ver a la ciencia como la piedra angular para dar solución a todos ellos.

Todo ello lleva a pensar, agrega la investigadora y académica, que la ciencia es un ente distante e incomprensible para la sociedad en general. Y es que hoy en día, apunta, es muy complicado hoy en día convencer y persuadir de alguna manera con el conocimiento científico.

“Porque ya no es visto públicamente como la panacea para la solución de todos problemas del mundo, entonces la tarea de los divulgadores se vuelve más compleja”, considera.

Herrera Lima explica que a finales del siglo XIX y principios del XX, al presentarse un auge en la investigación científica, la sociedad tenía una percepción positiva de ella porque resolvería todos sus problemas con ayuda de la tecnología.

Ahora la situación camina en otra dirección. Por eso se debe buscar una forma de integrar el desarrollo científico y la forma de comunicar la ciencia, a fin de tener un efecto positivo entre la opinión pública.

“Una competencia indispensable, que no sólo es el conocimiento científico, es la capacidad de transformar lenguajes especializados en lenguajes mediáticos, literarios o simples, no es una capacidad menor, ene eso radica gran parte del éxito de difundir el conocimiento y que se entienda verdaderamente el impacto que tiene”, subraya.

La ex coordinadora de la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura del ITESO, puntualizó que los objetivos deben ser: contribuir a la formación de una ciudadanía participativa e informada; tener una mayor comprensión de la problemática compleja de la vida cotidiana; y proporcionar elementos para poder formular más interrogantes a los científicos.

“La ciencia no sólo debe ser puesta para el conocimiento, gusto o aptitudes de la sociedad, sino para su uso, para que se la puedan apropiar y hacer algo con el conocimiento científico, para comprender su realidad cotidiana y poder incidir en ella”, finaliza.

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