El Sistema Educativo Mexicano: ¿Meritocrático o Palancocrático?

El Sistema Educativo Mexicano: ¿Meritocrático o Palancocrático?
Por Arturo Jiménez Cruz (Profesor Investigador de la UABC) en la Observatorio Académico Universitario

La “meritocracia” es una forma de gobierno basada en el mérito, el esfuerzo, y la excelencia en la educación. En las escuelas está relacionado a los exámenes de ingreso, en el trabajo a los exámenes de oposición, y en las posiciones de confianza están basadas en  las capacidades. La mayoría de los gobiernos están basados en parte en la “meritocracia”. Los gobiernos de Singapur y de Finlandia son ejemplos donde se utilizan estándares “meritocráticos” para la elección de las autoridades. En la mayoría de países con los mejores desempeños en educación, los criterios meritocráticos prevalecen sobre la raza, la posición social de los padres, el sexo, el color de piel o el lugar de nacimiento. Sin embargo, algunas investigaciones indican que los  criterios supuestamente neutros favorecen a los hijos de quienes han sido privilegiados desde el nacimiento por la educación, la riqueza o la posición de los padres, lo que dificulta la movilidad social y condena a la marginación a quienes han nacido con desventajas iniciales. Por lo que es necesario medidas compensatorias que permitan equilibrar las desigualdades iniciales.

Por otro lado, la “palancocracia” es una forma de gobierno basada en las “palancas”, el poder, la raza, el sexo, la posición social y los “valores entendidos” son fundamentales para acceder a la escuela o a un lugar de trabajo. Este tipo de gobierno ha existido en todas las épocas y en todos los países. Aunque no existe el gobierno que se base de manera absoluta en la “palancocracia”, los gobiernos que ocupan los peores desempeños en materia educativa, donde la corrupción es endémica, y donde no existe rendimiento de cuentas, se utilizan con mayor frecuencia criterios “palancocráticos” para elegir a sus autoridades. México y varios países latinoamericanos son un buen ejemplo (desde la izquierda hasta la derecha).  Se caracterizan por el despilfarro de los recursos, salarios excesivos e incentivos para los altos funcionarios, privilegios excesivos para las autoridades, nepotismo, la autocomplacencia, sindicatos corruptos y mimetizados con derechos y costumbres “palancocráticas”.  Las sociedades “palancocráticos”  son formadoras de hijos irresponsables, cínicos, deshonestos, apáticos, inútiles, indolentes, insensibles al dolor, e insolidarios. Niños que han aprendido de sus padres, los amigos de sus padres, los maestros, la televisión, y la realidad social, el beneficio de las palancas en lugar del esfuerzo, el color y el sexo en lugar del estudio, la posición social, en lugar de la solidaridad, los “valores entendidos” en lugar de la honestidad, el nepotismo en lugar de la competencia y la simulación en lugar de la compasión. Los hijos perezosos de la palancocracia los defienden y sus capaciades (si las tienen) sobreestimadas por el SENTE, la CNTE y las universidades.

Las sociedades “palancocráticas”   se caracterizan por tener a legisladores y gobernantes que son hijos, hermanos, sobrinos de políticos y empresarios. Las instituciones “académicas palancocráticas”, como los sindicatos de las instituciones públicas (herencia y venta de plazas en el magisterio),  se han mimetizado de los políticos, los partidos y los gobernantes. Una de las diferencias más relevantes entre las sociedades “meritocráticas” y las “palancocráticas”   es la frecuencia en la que se da y se tolera el nepotismo.  En la “palancocracia académica” es más importante ser líder sindical, director de unidad académica, coordinador general o rector, que investigador, creador o innovador. Lo contrario sucede en las sociedades meritocráticas.

En la “palancocracia” se excluye a quienes realizan productividad académica de excelencia, a quienes se esfuerzan y a quienes son independientes; se excluye por prejuicios relacionados con el género, la raza, el origen, la ideología o los intereses de un grupo. En la “palancocracia”  se descalifica a quienes piensan diferente, a los creativos y a los que quieren un mundo mejor; a quienes no aceptan la sumisión y a quienes defienden la dignidad. La “palancocracia” inhibe la creatividad, el espíritu innovador, el emprendedor y la solidaridad. Los países “palancocráticos” están destinados al fracaso en la educación, la empresa, la innovación, el deporte, las humanidades,  las artes, la política, y la cohesión social. Las sociedades palancocráticas son indiferentes a los problemas de la comunidad, pero están dispuestas a declarar y a simular su interés por ella. Las instituciones palancocráticas son ineficientes y despilfarradoras. Aunque existe un amplio rango de palancocracia en un país, su presencia siempre es evidente.

Todas las medidas educativas, que no incluyan mecanismos para reducir el ingreso y promoción de estudiantes, profesores y autoridades por ”palancas” o  por decisiones discrecionales de los amigos o de los amigos de los amigos, están destinadas al fracaso, a la autocomplacencia y a la medianía. Como resultado son cientos de miles de pesos que se distribuyen en los medios para compensar la falta de resultados relevantes.

La gran barrera para superar la palancocracia es el hecho de que dependemos de gobernantes, legisladores y líderes sindicales, que han sido  padres formadores de hijos ineptos, perezosos, indolentes y frìvolos; de quienes han llegado a la toma de decisiones beneficiados por un sistema insolidario “no meritocrático”, donde no se valora la excelencia, la curiosidad y la capacidad para trabajar de manera sistemática y rigurosa. Tanto padres como los hijos de los palancocráticos le tiene una aversión especial a quienes son producto del esfuerzo y la excelencia.  Son  los adversarios del progreso  de las instituciones y del país.

Para mejorar la educación, existe una ventana de esperanza: la de quienes nacidos  en cualquier entorno (con o sin privilegios), se han resistido a ser apáticos,  cínicos, irresponsables y frívolos. La de los pocos que saben valorar el  trabajo bien hecho, independientemente de la relación familiar o de amistad con quien está en el poder.

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