Sobreexplotado, el camarón en México

Sobreexplotado, el camarón en México
Por Guadalupe Lugo en la Gaceta de la UNAM Núm. 4, 573

A pesar de su gran riqueza pesque­ra, la mayor parte de especies de camarón en México está so­breexplotada; sólo quedan dos en buenas condiciones: los cafés del Golfo de México y los del Pacífico mexicano. Las poblaciones silvestres están sujetas a una alta extracción, indicó Adolfo Gracia Gasca, investigador del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología.

Algunas de las que están colapsadas son el blanco y rosado del Golfo de México, cuya captura ha mermado el recurso pesquero hasta llegar a menos de 10 por ciento de la producción. En los años 80 del siglo pasado se producían entre 10 mil y 12 mil toneladas anuales del rosado (peso total con cabeza), hoy en día sólo se obtienen unas 500; mientras, del blanco, la extracción, que originalmente era de mil 600 toneladas al año, ahora es de menos de 200.

En el Pacifico la situación es similar, pues muchas de las poblaciones del crus­táceo marcan una disminución fuerte, abundó el también coordinador del Con­sejo Académico del Área de las Ciencias Biológicas, Químicas y de la Salud de esta casa de estudios.

Causas

El descenso responde, en gran medida, a que se explotan éstas en casi todas las etapas de su ciclo de vida, es decir, se re­produce en el mar, donde los huevecillos eclosionan y las larvas crecen, y de ahí se desplazan a las lagunas costeras don-de pasan entre tres y cuatro meses para su desarrollo.

Una vez que alcanzan la etapa juvenil comienzan a ser aprovechados por las pesquerías artesanales dentro de la pro­pia laguna y posteriormente en el mar, al emigrar hacia el océano, con lo que se conforma una pesquería secuencial en subadultos y adultos.

Pesquerías paralelas

Además, prosiguió, “recientemente han aparecido pesquerías paralelas que se realizan en el mar sobre los camarones blancos del Golfo de México y Pacífico, y azul del Pacífico, con lanchas y redes de monofilamento de deriva; es decir, se desplazan con la corriente y de esta forma los atrapan.

“Estas pesquerías actúan sobre las mismas poblaciones que son capturadas por los barcos camaroneros que tradicio­nalmente han operado en el ambiente marino; todo lo anterior conforma un conjunto de presión pesquera muy alta, más en las especies que están al máximo de explotación.”

El más importante

Por otra parte, refirió, si bien el café del Golfo (Farfantepenaeus aztecus) y el del Pacífico mexicano (Farfantepenaeus californiensis) también se encuentran en esa situación, aún están en buenas condiciones y sostienen, en mayor parte, la producción nacional.

Dicho crustáceo es el recurso más importante del país en la materia, pues representa hasta 40 por ciento del valor de la producción pesquera nacional sólo de especies en estado silvestre. En tanto, su cultivo (acuicultura) ha crecido a más de cien mil toneladas al año, cifra superior a la producción silvestre.

Ambas actividades (captura y cultivo) deben ser complementarias para no afectar y lograr el máximo de producción y así promover la seguridad alimentaria; “cada una tiene su nicho”, aseguró. Sin embargo, en algunas ocasiones para establecer áreas de cultivo se ven afectados los manglares, que son esenciales para el desarrollo del ciclo de vida de los camarones.

“Afortunadamente, en México se ha tomado en cuenta la importancia de los manglares como áreas de crecimiento para ésta y otras especies. No obstante, son muchos los factores que intervienen en el aprovechamiento de este recurso y que le confieren una alta complejidad a su pesquería”, reconoció.

Especie exitosa

El camarón es una especie exitosa desde el punto de vista ecológico, por su alto potencial reproductivo que le permite responder a la explotación pesquera, “por lo que no podría hablarse de extin­ción por su sobreexplotación, pero sí del colapso de la pesquería y que se pueda terminar con ésta desde el punto de vista económico”.

Por lo general, éstas alcanzan la madurez sexual a los ocho meses y en el año tienen dos periodos de reproducción masiva; además, son oportunistas para aprovechar las condiciones ambientales favorables para su crecimiento. Si se combina esto y se toman medidas adecuadas en su captura, se estaría en posibilidad de aprovechar su potencial, incluso para la recuperación de las poblaciones agotadas.

El problema radica en que cada vez su demanda es mayor, no sólo en el país, sino también en el mundo, y la presión social para emplear este recurso en muchas ocasiones no propicia el establecimiento de estrategias de manejo pertinentes para expresar su potencial y alcanzar el máximo aprovechamiento, finalizó el universitario.

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