Inoculante multiespecies, un aporte del Instituto de Ciencias de la BUAP a la agricultura

Inoculante multiespecies, un aporte del Instituto de Ciencias de la BUAP a la agricultura
En la gaceta de la BUAP Núm. 175

Tras seis años de estudio y experimentación, científicos del Centro de Investigaciones en Ciencias Microbiológicas, del Instituto de Ciencias de la buap (icuap), diseñaron un nuevo producto: el “Inoculante multiespecies para potenciar el crecimiento de plantas”, cuyos resultados en campo han permitido constatar rendimientos seis veces más de lo ordinario, además de actuar como bioremediador de suelos.

Elaborado por los doctores Jesús Muñoz Rojas, Luis Ernesto Fuentes Ramírez y José Antonio Munive Hernández, así como por los estudiantes de posgrado Yolanda Elizabeth Morales García y Dalia Juárez Hernández, del Centro de Investigaciones en Ciencias Microbiológicas del icuap, el citado producto hoy está en trámite de obtener la patente, registrado con la solicitud número mx2013007978.

Además, por su contenido innovador y potencial tecnológico, fue uno de los seis proyectos que a nivel federal este año obtuvo recursos del Fondo Sectorial de Innovación (finnova), de la Secretaría de Economía. Se trata de una formulación que contiene seis cepas bacterianas diferentes: Azospirillum brasilense Sp7, Burkholderia unamae mtl 641, Pseudomonas putida kt2440, Sphingomonas sp. of 178, Gluconoacetobacter diazotrophicus

PA l 5 y Bradyrhizobium sp. ms22, con capacidad de promover el crecimiento de plantas de interés agrícola, y como bioremediador de suelos.

Dirigido por el doctor Jesús Muñoz Rojas, en el Laboratorio de Ecología Molecular Microbiana, del Centro de Investigación en Ciencias Microbiológicas del icuap, se desarrolló este inoculante multiespecies que estimula el enraizamiento y crecimiento de plantas, al propiciar mejor absorción de nutrientes. Evita, además, efectos adversos al medio ambiente que provocan los fertilizantes químicos, ya que tres de las seis bacterias actúan como bioremediadoras de suelos.

El experimento

Hacia mediados de 2006, el equipo de investigadores encabezado por el doctor Jesús Muñoz inició estudios de compatibilidad entre 120 cepas candidatas, a través de experimentos denominados de antagonismo “para observar y descubrir qué bacteria eliminaba a otra”.

De allí surgió la elección de las seis bacterias benéficas que, además de competir mejor, pudieron coexistir. De tal modo que la formulación quedó conformada por tres bacterias reportadas como promotoras del crecimiento de plantas y tres como biorremediadoras de suelos, mismas que en conjunto actúan mejor para promover el crecimiento de las plantas.

El inoculante de segunda generación permite un mayor crecimiento de la planta, si se compara con la que se produce con semillas no inoculadas. Las bacterias contribuyen a que la raíz crezca más larga y absorba mejor los nutrientes de la tierra, lo que significa que lo poco que se le ponga lo aprovechará más. De esta forma, la mazorca es más grande y con más hileras de granos, explicó el Doctor en Ciencias Biomédicas, Jesús Muñoz Rojas.

Se aplica de forma sencilla en las semillas y en dosis que se determinan en función de la cantidad de grano que se destine para la siembra. Las bacterias de esta formulación se adhieren y colonizan la planta de forma adecuada, mediante sus propias capacidades, actuando en sinergia.

 

Los resultados

De acuerdo con estudios realizados, de los fertilizantes químicos que se aplican a los cultivos entre 70 y 80 por ciento se pierde por lixiviación, por lo que su mayor impacto no está en la planta, sino en la contaminación que produce en mantos freáticos, lagunas, lagos y ríos, y como óxido nítrico que va a la atmósfera y daña la capa de ozono.

El grupo de investigadores del Centro de Investigaciones en Ciencias Microbiológicas del icuap experimentó con diversas variedades de maíz, principalmente el rojo criollo, en una primera etapa, y posteriormente con otros cultivos como papa, frijol y jitomate, con buenos resultados, lo mismo en el laboratorio que en parcelas, a través de convenios celebrados con ejidatarios de Hidalgo, Tlaxcala y Puebla.

Después de experimentar con varias metodologías, en las que se analizó la cantidad del producto y el agua requerida para embeber el maíz, se encontró la formulación adecuada: 300 mililitros de inoculante para 20 kilos de maíz, se revuelve en un contenedor y se deja por 24 horas antes de utilizarlo. La expansión que alcanza el grano es mínima y pasa muy bien a través del tractor.

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