El valor de la ciencia

El valor de la ciencia
Por Ricardo Tapia en la INNOVACIÓN: Un mundo de infinitas posibilidades (Núm. 49, Nov-Dic 2013).

Como cada seis años, el cambio de gobierno genera expectativas en los diferentes grupos sociales y profesionales del país de que puedan ocurrir cambios positivos, y la ciencia no es la excepción. Por esta razón, por iniciativa de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se conformó un grupo de científicos, académicos y empresarios, representantes de más de 60 instituciones, incluyendo universidades públicas y privadas, academias, institutos tecnológicos, sociedades científicas y tecnológicas, organizaciones empresariales y al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT).

El grupo trabajó durante varios meses para generar un documento, firmado por todas las instituciones mencionadas, titulado “Hacia una Agenda Nacional en Ciencia Tecnología e Innovación”. Este documento propone una amplia estrategia sobre los aspectos más importantes para el desarrollo de la ciencia, la tecnología, la innovación y la educación superior, fundamentada en el innegable valor del conocimiento y la educación para el desarrollo de México y la mitigación de las desigualdades sociales y de la pobreza, con un objetivo central:

Hacer del conocimiento y la innovación una palanca fundamental para el crecimiento económico sustentable de México, que favorezca el desarrollo humano, posibilite una mayor justicia social, consolide la democracia y la paz, y fortalezca la soberanía nacional.

Ese documento fue entregado entre septiembre y octubre al presidente electo, a las cámaras de Senadores y de Diputados, a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y a la Conferencia Nacional de Gobernadores, y en cada uno de estos poderes el documento fue recibido con gran entusiasmo y compromiso de estudiarlo cuidadosamente y analizar las más de cien propuestas ahí expresadas, reconociendo la importancia de que estuviera presentado con el consenso total de tantas prestigiadas instituciones.

Después de una introducción general, el primer tema de este documento se titula “El valor de la ciencia”, que es, a mi juicio, el fundamento más importante del resto del documento, ya que define la actividad científica y explica con claridad la importancia del conocimiento en la sociedad del siglo XXI.

A continuación reproduzco el texto de esta sección del documento:

“La ciencia es una actividad humana cuyo fin es la generación de nuevo conocimiento sobre todos los aspectos de la naturaleza, incluyendo al hombre mismo, como individuo y como sociedad. Es una actividad creativa y educativa, que forma mentes independientes y que es el sustrato indispensable para el desarrollo de la tecnología y la innovación.

“El conocimiento, producto principal de la ciencia, constituye un bien público indispensable para la sociedad y el acceso al mismo debe considerarse un derecho humano fundamental. La importancia de la ciencia no puede ser subestimada: forma parte integral de la cultura, propicia la capacidad para analizar y modificar el entorno contribuyendo a generar progreso y calidad en prácticamente todas las actividades del ser humano, como la educación, la preservación de la salud, el cuidado del medio ambiente, la producción de alimentos, el desarrollo de la tecnología, la legislación, la economía, las comunicaciones y las fuentes de energía, entre otras.

“La sociedad del conocimiento impacta el desarrollo y bienestar de los individuos y de la población; también promueve estrategias pertinentes para buscar soluciones a los principales problemas que aquejan a la humanidad. El conocimiento generado por la actividad científica, incluyendo las ciencias sociales y las humanidades, se torna en el principal motor para el desarrollo humano integral y el progreso socio-económico, impulsa el avance tecnológico y proporciona los elementos para la innovación productiva. El pensamiento científico contribuye a consolidar la democracia y a defender la laicidad, por la apertura y la libertad intrínsecas en su ejercicio, y propicia la toma de decisiones informadas para la elaboración de leyes y políticas basadas en evidencias constatables y no en dogmas, creencias o intereses sesgados.

“La ciencia constituye un elemento estratégico para el fortalecimiento del país y para la consolidación de nuestra soberanía ante los procesos de integración económica global; permite la participación de México en el desarrollo y la solución de problemas a nivel mundial y la eficaz absorción del conocimiento generado en otros países. Por todo ello, la ciencia se torna en un elemento indispensable de seguridad nacional y debe ser considerada como una prioridad para el Estado mexicano, que tiene la responsabilidad de constituirse en su principal garante y promotor”.

Hasta aquí el texto del documento.

Y es que, en efecto, todos los análisis sobre la aportación de la ciencia al desarrollo de los países –sobre todo en el mundo globalizado del siglo XXI– indican que la ciencia es cada vez más esencial para nuestra prosperidad, seguridad, salud, medio ambiente y calidad de vida, por lo que no podemos permitir que México siga rezagado porque no se invierte lo suficiente en ciencia y no se difunde el conocimiento que genera. Este papel fundamental de la ciencia será cada vez más importante para el desarrollo de México, dada la etapa en que se encuentra y la poca atención que ha recibido de los gobiernos más recientes.

Lo anterior se pone de manifiesto si revisamos algunos de los objetivos, temas y problemas nacionales que están en continua discusión en amplios sectores la sociedad, entre los tomadores de decisiones y adentro de los poderes Legislativo y Judicial. Entre los temas se encuentran los siguientes: agua, agricultura, alimentación, fuentes de energía, medio ambiente, cambio climático, biodiversidad, telecomunicaciones, minería y el manejo de los problemas de salud –como las enfermedades degenerativas crónicas, las enfermedades mentales y el envejecimiento–, así como muchas cuestiones que afectan profundamente a la sociedad y que han generado numerosas y controvertidas propuestas de ley, elaboradas sobre bases dogmáticas que ignoran o tergiversan el conocimiento científico. Entre estos problemas se encuentran la eutanasia, los cuidados paliativos en enfermedades terminales, el aborto, la anticoncepción, la reproducción asistida, el manejo de las drogas y la adicción, la vacunación, las medidas preventivas del cáncer, el trasplante de órganos, las células troncales, la clonación, los alimentos transgénicos, la genética humana y la medicina genómica.

¿Pueden analizarse, estudiarse y resolverse estos temas y problemas, y legislarse sobre ellos de manera que se beneficie y proteja a la sociedad, regulando las conductas antisociales pero al mismo tiempo respetando la autonomía individual, sin tener en cuenta de manera primordial el conocimiento científico sobre cada uno de ellos? Creo que la respuesta es muy clara y que en esto consiste precisamente el valor de la ciencia, así como su responsabilidad con la sociedad. En el México del siglo XXI debemos propugnar por una sociedad del conocimiento.

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