La reorganización del Conacyt

La reorganización del Conacyt
Por Alejandro Canales en Campus Milenio

Las principales iniciativas en el terreno de la ciencia y la tecnología todavía no se aprecian con claridad”, sostuvimos aquí la semana pasada. Alrededor de la fecha emblemática del primer año de gobierno, aparecieron algunos elementos más que ofrecen atisbos de las líneas de política sectorial. No son un programa —el Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación deberá estar listo a más tardar en abril del año próximo—, pero anticipan algunas de las novedades que podríamos encontrarnos.

En la LXIV Asamblea de Anuies de la semana pasada, el titular de Conacyt, Enrique Cabrero, adelantó algunas de las líneas de trabajo que piensa poner en marcha. Un primer aspecto que conviene resaltar es la presencia misma del director del organismo en la sesión; no es inusual pero ciertamente no ha sido frecuente.

La relación de Conacyt con el sector educativo es lógica: se encarga de incentivar y diferenciar la formación de posgrado, tanto como de establecer los lineamientos de respaldo a la investigación científica. No por nada el organismo estaba sectorizado a Educación. Sin embargo, desde su desectorización de SEP, la Secretaría de Economía ha ejercido una mayor influencia y Conacyt ha sido más proclive a establecer un vínculo más fuerte con tal secretaría.

Entonces, si ahora, el organismo encargado de establecer las políticas científicas y tecnológicas, desde su relativa independencia, diversifica sus vínculos con diferentes actores y comunidades, podría estar en mejores condiciones de establecer entornos propicios para la recepción y respaldo de sus medidas. Por la misma razón, no se entiende porque, en ocasiones, se ha mostrado tan refractario a establecer lazos.

En la sesión de Anuies, el director de Conacyt reiteró el conocido diagnóstico de la escasa inversión en la materia, el reducido número de personal de alto nivel, la falta de articulación entre universidad y empresa, entre otros aspectos.

Lo relativamente novedoso que dijo Enrique Cabrero, en correspondencia con su audiencia que estarían implicados en la futura medida, fueron algunas precisiones sobre las “Cátedras Conacyt” que se pondrán en operación el año próximo. Una medida que ya comentamos aquí, cuando se autorizaron 500 millones de pesos en el Presupuesto de Egresos de la Federación para el año próximo.

Según lo que indicó el funcionario, las cátedras serán plazas para jóvenes doctores (hombres de hasta 40 años y mujeres de hasta 43 años) en instituciones públicas de educación superior y centros de investigación. La operación de las plazas será responsabilidad del organismo, pero se espera que después de cinco o siete años las instituciones receptoras asuman tales contrataciones.

Sin duda, la posibilidad de crear plazas académicas es una medida necesaria e importante para aminorar el desencanto y la frustración de miles de jóvenes que no ven alternativas laborales próximas. Aunque el número que se está proyectando es insuficiente para el actual volumen de graduados y las tendencias del egreso del doctorado. Lo más complicado, sin embargo, será sostener el tan publicitado incremento en el nivel de inversión para ciencia y tecnología hasta llegar al uno por ciento del PIB y la partida especial para las plazas.

Quizás porque el adelanto de medidas en la sesión de ANUIES fue insuficiente para la fecha de corte del primer año de gobierno. En la víspera del primero de diciembre, Conacyt difundió un comunicado en el que se destacó otra medida relativamente novedosa: su reorganización.

En el primer semestre del año próximo, según lo especificado, Conacyt podría generar una especie de red activa entre sus centros públicos de investigación para diferentes propósitos. Ahora, con la ausencia de detalles, parece difícil de lograr el trabajo en red, a la vista de la trayectoria y coordinación que han seguido los Centros Públicos de Investigación, habría que esperar la estructura de incentivos.

Otra medida de mayor impacto es la idea de crear 10 o 15 consejerías alrededor del mundo. Una estructura de representación de la política científica y tecnológica en el exterior que dependería de las embajadas de México en algunos puntos geográficos sobresalientes. Esto es, la búsqueda de una proyección internacional.

Las medidas anunciadas siguen siendo insuficientes para valorar la política de la actual administración, apenas son una atisbo; habrá que esperar el programa especial. Lo evidente es que las capacidades e instrumentos de Conacyt, con las sucesivas reformas, poco a poco se han incrementado. Ahora falta la demostración de los hechos.

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