La resocialización de individuos, un fracaso

La resocialización de individuos, un fracaso
Por Guadalupe Lugo en la Gaceta de la UNAM Núm. 4, 565

La resocialización de los indivi­duos en prisión ha fracasado, “estamos en plena crisis porque no hemos hecho nada al respecto y volvemos a la prevención general”. Ade­más, no todos los individuos pueden ser sujetos a ese proceso, pues es una práctica económicamente cara y sus resultados son discutibles, dijo en la UNAM Esther Giménez-Salinas i Colomer, profesora de derecho penal de la Facultad de Derecho ESADE de la Universidad Ramón Llull, en Barcelona, España.

La también consejera externa inde­pendiente de la Junta General del Banco Santander, mencionó que si se busca crear políticas preventivas se debe acudir a la base del problema. “Las tasas de reinci­dencia son altas. Por ejemplo, los jóvenes que han cumplido su pena en libertad reinciden 30 por ciento, en tanto aquellos que cumplen su condena en centros de internamiento, 60 por ciento. En adultos las cifras son similares”.

Al dar la conferencia Crisis del Dere­cho Penal, organizada por la Facultad de Derecho, la jurista española resaltó que ese conjunto de principios y reglas jurídicas nació en crisis, es el derecho del conflicto. “Debemos aceptar que a veces delitos menores se castigan con penas graves y viceversa”.

Historia

En el acto, encabezado por el rector José Narro Robles, acompañado por el abogado general de esta casa de estudios, Raúl González Pérez, la integrante de la Junta la Asociación Universitaria Europea expuso que la resocialización surgió después de la Segunda Guerra Mundial, con el planteamiento de un pensamiento colectivo de cómo fue posible que una nación civilizada, como Alemania, haya cometido el Holocausto, con la idea de que no sólo hay individuos culpables, sino también sociedades así.

Giménez-Salinas señaló que “es posible la recuperación de las personas, no po-demos desterrarlas por determinados delitos. En todas las constituciones del mundo civilizado, se plasma la idea de que la pena privativa de la libertad debe tender a la resocialización”.

Por ejemplo, precisó, en España se prohíbe la cadena perpetua porque en la Constitución se establece que las penas privativas de la libertad estarán orien­tadas a la reinserción social de presos y condenados, lo que hasta ahora ha impedido la privación de la libertad de por vida.

La especialista enfatizó que las tasas de encarcelamiento en un país tienen poca relación con la delincuencia. Por ejemplo, en Europa del norte hay entre 50 y 60 presos por cada cien mil habitantes; Europa central unos cien, mientras que en México son 210 en esa misma proporción. “Si hiciéramos una radiografía por la manera en que encar­celan, podríamos explicar también cómo es su propia cultura”.

Por otra parte, detalló que hasta 1980 Estados Unidos tenía cifras de encarce­lamiento similares a las europeas; sin embargo, se incrementaron en forma ex­ponencial hasta unos 800 por cada cien mil habitantes y hoy en día tiene un promedio de 7.5 millones de individuos bajo control penal. “El encarcelamiento tiene que ver con la cultura de un país, más allá de la realidad propia de la criminalidad”.

En ese contexto, puntualizó que el país vecino del norte cuenta con cinco por ciento de la población global y 23 por ciento de la carcelaria del mundo, mientras que China, con una demografía cuatro veces superior, sólo tiene 14 por ciento de convictos.

A ese respecto, explicó que el au­mento de los encarcelados se encuentra vinculado en gran medida al alargamien­to de las condenas y no al incremento de la delincuencia.


Las cárceles, insostenibles

En el Aula Magna Jacinto Pallares, aseveró que quizá la crisis económica ayude a solucionar ese problema, “lo que ni el humanismo ni las políticas progresistas pudieron, porque en términos financieros, mantener a las personas en las cárceles será insostenible dentro de poco tiempo”.

Una teoría nacida en Estados Unidos es la justicia restaurativa, donde el delito es una violación no sólo contra la víctima, sino también contra la comunidad, gene­ra obligaciones y, sobre todo, significa un esfuerzo por restablecer la paz.

Hemos hecho investigaciones sobre la justicia restaurativa, su práctica es pequeña con respecto de la penal tradi­cional. En Europa todos los países tienen la primera, en jóvenes funciona bien, con 85 por ciento de éxito, aunque se trata de delitos pequeños.

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