Cuando las universidades se conviertan en parques

Cuando las universidades se conviertan en parques
Por Luis Porter en U2000

Un paseo interesante para el académico turista que visita Toronto, es dar una vuelta por el llamado Trinity Bellwoods Park, situado al oeste de la ciudad, no muy lejos del centro. Es un paseo atractivo porque en ese vasto y amplio solar arbolado y atravesado por deliciosos senderos, existió alguna vez una universidad anglicana llamada Trinity.

No hay datos sobre cuantas universidades hayan sido demolidas. Ésta es una de ellas. No está de más ir llevando la cuenta de las demoliciones a la que están destinadas muchas de nuestras universidades. Sabemos que ya son obsoletas, semivacías o superpobladas a deshoras, antipedagógicas en su disposición, cada vez menos útiles frente a las nuevas tecnologías de la comunicación.

Dejaron de constituir la infraestructura que pueda albergar la inmensidad de alumnos que esperan obtener la educación que merecen y que no es posible brindar en aulas cuadradas con bancas en hileras y un pizarrón al frente.

Trinity fue una universidad creada por el obispo anglicano John Strachan, nombre que hoy lleva la calle que desemboca en la puerta de la universidad que aún se conserva. Existen fotos y planos, que permiten al visitante curioso, saber dónde estaban situados los edificios que hoy son césped y vegetación.

La demolición de una universidad, para convertirse en parque (no en un centro comercial o en fraccionamiento) no deja de ser una decisión sorprendente. Pensamos en el obispo nacido en Aberdeen, llegando a Canadá con el mandato de construir una universidad en la ciudad de York (así se llamaba Toronto). Esto ocurría en 1799, cuando el Imperio Británico vivía una reforma, tanto financiera como religiosa.

La creación de escuelas, iglesias y universidades, formaba parte de la política colonizadora implantada en el nuevo mundo. York era pequeña, y Strachan tuvo que esperar 44 años, para inaugurar en 1843, el King College, del que fue rector. Pero, para su disgusto, 5 años después esta institución dejó de estar en manos de la iglesia anglicana y pasó a ser una institución no-religiosa llamada Universidad de Toronto. Esto obligó a Strachan a renunciar y como reacción fundó una nueva universidad religiosa. Para ello, encontró un lugar ideal en las barrancas Garrison, una zona de profusa vegetación por donde pasaba un río que en ese entonces era el límite natural de la ciudad de York. En 1850 adquirió ese gran terreno y dos años después fundó Trinity. Los estudiantes eran todos hombres y provenían de otra institución anglicana, llamada Cobourg.

En 1884, Trinity admitió a la primera estudiante mujer y en 1888 se creó el Colegio Santa Hilda, exclusivo para mujeres. Este edificio, junto a las puertas de acceso, todavía existe. Santa Hilda es hoy una residencia de ancianos.

Trinity, como la gran parte de las universidades, se centraba en la Teología y las Humanidades. Para esas mismas épocas Harvard, bajo la influencia del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) y de su nuevo rector Eliot, comenzaba a incorporar a su currículum, las ciencias y la medicina. Trinity, fiel a la tradición de las universidades inglesas, tenía dormitorios y sus aulas se ordenaban en un cuadrángulo imponente. Sin embargo, cuatro décadas más tarde, por problemas económicos Trinity tuvo que cerrar y más tarde fue reconstruida en un terreno de la vecina Universidad de Toronto, donde hoy podemos visitarla en un hermoso edificio de estilo inglés.

Este cambio ocurrió en 1925, después de la primera guerra mundial, cuando Strachan ya había fallecido. La vieja Trinity fue vendida a la ciudad de Toronto, y en 1950 fue demolida.

El visitante que pasea por este parque, si se preocupa por ver los planos de aquella universidad, puede reconocer el eje principal, a partir de su puerta principal, perfectamente conservada, y rehacer en su mente las coordenadas para ubicarse y atravesar los edificios (hoy virtuales) cuyo espíritu permanece entre árboles y nidos de pájaros. Hoy, en lo que fueron aulas y solemnes recintos, los visitantes se sientan para leer, revisar su teléfono, y continuar estudiando en la forma que en aquel entonces no era posible ni se imaginaba.

Hoy es común en el parque ver grupos de niños rodeando a una maestra, reuniones de comunidades étnicas discutiendo, o practicando sus rituales, artes marciales, etc., nos encontramos con malabaristas o gimnastas, perros siendo entrenados por sus dueños, conciertos, festivales, mercados populares ofreciendo productos de las huertas cercanas. Todo ello y más está disperso por el que fue un enorme campus, hoy presidido por la Residencia Santa Hilda, donde hombres y mujeres de la tercera edad conversan, leen o meditan, en un sitio que no ha perdido el aura de la educación. No importa la estación ni la temporada, siempre encontramos ciclistas, jóvenes parejas conversando, ávidos lectores de periódicos sumergidos en sus lecturas, amantes de la naturaleza, observadores de pájaros, transeúntes hablando en sus diversos lenguajes.

Podríamos aventurarnos a afirmar que este parque representa a la universidad del futuro. Han sido demolidos los edificios onerosos y obsoletos, y sin embargo, no ha dejado de ser una universidad. Pero una universidad con las múltiples ventajas que otorga la libertad en una atmósfera hecha de muchos aires, hablada en múltiples lenguajes, abierta a todo y a todos. Una universidad sin rector, sin aparatos adustos y pesados que desvían, complican o confunden, sin ventanillas cerradas o puertas traseras sospechosas.

Pasa el tiempo, y en el mundo de la educación las transformaciones radicales no cesan. Sin saberlo, vamos demoliendo edificios del pasado, y en cada nueva construcción utilizamos los materiales de demolición allí dejados.

La nueva Universidad es un inmenso parque público, con acceso a todos los que quieran ingresar y pasear por ella, sin más examen de ingreso, que un boleto de tranvía, el que para en la calle Strachan, aquél obispo anglicano, que quizás desde alguna parte, entiende que la universidad que tanto quería, aquella con Dios adentro, no ha cesado de difundir conocimiento y guiar a sus visitantes a encontrarse a sí mismos.

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