La reforma educativa del 2013, ¿nuevo baluarte de la meritocracia en México?

La reforma educativa del 2013, ¿nuevo baluarte de la meritocracia en México?
Nota publicada por Ruth Padilla Muñoz en la Gaceta de la UdeG año 11 ed. 739 (Abril 2013)

El planteamiento de la reforma educativa, que entró en vigor el pasado mes de febrero, acerca de un sistema político meritocrático, donde se accede a los puestos docentes y directivos de los planteles mediante los méritos laborales, intelectuales y escolares, abona a un discurso donde se establecen amplias pautas para orientar a la educación en México hacia la calidad. Lo anterior se ve reforzado por el eje del futuro Plan Nacional de Desarrollo: México con Educación de Calidad para Todos, cuyo Foro Nacional de Consulta se realizó el pasado 3 de abril en Boca del Río, Veracruz.

El discurso es positivo, la finalidad que persigue es loable, se abrió la posibilidad de lograr el fin a alcanzar mediante el cambio constitucional, pero todo ello no es suficiente para modificar el sistema educativo mexicano si no se realizan acciones inmediatas que concreten los transformaciones propuestas, porque no es con el manejo impecable de los medios como se modifica la realidad.

Aunque las discrepancias ante la reforma educativa no se han hecho esperar, hay que analizar en qué consiste y cuáles son los alcances para la sociedad y para el mismo sistema educativo, donde los docentes, como actores cruciales, estarán viendo modificados sus procesos de estímulos y promoción, tanto horizontal como verticalmente, afectando las estructuras piramidales tradicionales con  las nuevas condiciones, criterios y términos (cito) “ … de la evaluación obligatoria para el ingreso, promoción, reconocimiento y permanencia en el servicios profesional con pleno respeto a los derechos constitucionales de los trabajadores de la educación.” Esto de acuerdo al decreto de reforma al Artículo 3°, fracción III, que entró en vigor el 26 de febrero, reformando también el Artículo 73 para armonizarlo con el objetivo de establecer el Servicio Profesional Docente y lograr una mejora continua de la educación “en un marco de inclusión y diversidad”.

Así, al menos en el papel, se sientan las bases para la calidad educativa, “con base en el mejoramiento constante y el máximo logro académico de los educandos”1, pero vamos, hay que reconocer que no solamente de buenos docentes se nutre la educación de calidad, aun cuando se reconoce que la responsabilidad que recae en ellos es mayor, por el giro progresivo que se ha dado a su rol en los modelos educativos, que exige nuevas competencias y una actitud renovada y dispuesta al cambio.

Más aún, la creación misma de un sistema de indicadores no promoverá por sí mismo la calidad educativa.  Tenemos el ejemplo del Programa de Carrera Magisterial, que desde 1993 ha llevado en dos décadas de operación a preservar vicios e inequidad al interior del magisterio, porque más allá de consolidar un sistema de evaluación constante, fortaleció la acumulación de constancias de cursos inverosímiles, alejados de la realidad que realmente demanda el trabajo en el aula y del logro del perfil requerido para un docente, cuando no la negociación de documentos apócrifos al acreditar actividades que nunca se realizaron en la práctica.

Volviendo al decreto, también se estipula la creación del Sistema Nacional de Evaluación Educativa, coordinado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. El presidente de la república, de acuerdo a lo estipulado en la reforma,  deberá enviar al poder legislativo a más tardar el 26 de abril las ternas para elegir a los cinco integrantes de la Junta de Gobierno del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación; y teniendo en la memoria reciente cómo se ha dado la integración de otros organismos públicos autónomos, ojalá no obedezca a cuotas partidistas, sino a perfiles necesarios. Asimismo, el Congreso de la Unión deberá expedir la Ley del Instituto, así como las reformas a la Ley General de la Educación correspondientes, a más tardar en un plazo de seis meses, a partir de la publicación del decreto, por lo cual debemos estar atentos a qué propuestas presentan nuestros legisladores.

El logro de la calidad en la educación para cualquier país implica tener la capacidad para integrar armónica y diferencialmente los distintos componentes y actores involucrados en toda acción educativa. El sistema educativo mexicano, con  actores institucionales tan enraizados en prácticas corporativas como son los mismos sindicatos, así como los poderes informales en varias entidades federativas, obligan a las autoridades de los distintos niveles a la negociación e integración de propuestas certeras, para que la calidad no esté sujeta a los chantajes de los grupos de presión que demandan beneficios sin aportar propuestas y exigen prebendas, sin cumplir con la obligación adquirida al aceptar un contrato como docentes en cualquier nivel educativo: proporcionar a los educandos educación de calidad.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s